Hoy Argentina e Inglaterra vuelven a verse las caras en un Mundial: es la sexta vez que se enfrentan en el máximo certamen del fútbol. Los cruces estuvieron marcados por la competencia entre Europa y América, y la guerra de Malvinas. Pero hubo un partido que cambió el deporte para siempre.
El 23 de julio de 1966, en los cuartos de final del Mundial de Inglaterra, la Selección argentina enfrentó al conjunto local en el estadio de Wembley. El encuentro era tenso y muy físico hasta que, a los 35 minutos del primer tiempo, ocurrió una escena que marcó un antes y un después.
El capitán argentino, Antonio Rattín, fue expulsado por el árbitro alemán Rudolf Kreitlein. El problema fue que el juez no hablaba español y Rattín no entendía alemán. Nunca quedó claro qué le había dicho el árbitro: Kreitlein aseguró que el mediocampista había mostrado una actitud irrespetuosa, aunque nunca existió una agresión física ni verbal comprobada.

En una época en la que no existían las tarjetas, el árbitro simplemente le indicó con gestos que debía abandonar el campo. Rattín se negó. Convencido de que estaba siendo víctima de una injusticia y de un arbitraje claramente favorable al anfitrión, permaneció durante varios minutos protestando sobre el césped, mientras dirigentes, policías y traductores intentaban convencerlo de salir.
Aquella demora paralizó el partido durante casi diez minutos y dejó una imagen imborrable.

El escándalo que cambió el arbitraje
La confusión vivida en Wembley dejó una enseñanza para la FIFA. Uno de los dirigentes presentes era el inglés Ken Aston, responsable del comité de árbitros. Aston comprendió que el principal problema había sido la falta de un lenguaje universal para comunicar las sanciones dentro del campo.
Tiempo después, mientras esperaba en un semáforo de Londres, observó el cambio de luces: amarillo para advertir y rojo para detenerse. Allí surgió la idea que revolucionaría el arbitraje. Propuso incorporar tarjetas amarillas para las amonestaciones y rojas para las expulsiones, un sistema visual que pudiera ser comprendido por jugadores, entrenadores, periodistas y espectadores, sin importar el idioma.
La FIFA adoptó oficialmente el nuevo mecanismo para el Mundial de México 1970.

El banderín inglés y la alfombra de la reina
Cuando finalmente abandonó el campo, Rattín protagonizó otro gesto que alimentó la polémica. Al pasar junto a uno de los córners, tomó el banderín con la bandera del Reino Unido y lo sacudió con evidente fastidio. El público inglés lo interpretó como una provocación y respondió con una lluvia de silbidos.
Unos metros más adelante, decidió sentarse sobre una alfombra roja ubicada al borde del campo. No era una alfombra cualquiera: había sido colocada especialmente para el recorrido de la reina Isabel II durante la ceremonia inaugural del Mundial.

La imagen de Rattín sentado, desafiante, mientras todo Wembley lo abucheaba, recorrió el mundo y terminó convirtiéndose en uno de los grandes símbolos de aquella Copa del Mundo. Murió el sábado.
Argentina terminaría perdiendo 1-0 con un gol de Geoff Hurst. Tras el encuentro, el entrenador inglés Alf Ramsey incluso prohibió que sus jugadores intercambiaran camisetas con los argentinos, a quienes calificó de «animales», una frase que profundizó la rivalidad entre ambos países mucho antes de la Guerra de Malvinas.
RM/VDM










