La confianza no es un atributo que abunde en la gestión libertaria. Más bien, todo lo contrario. Desde el primer día de gobierno los Milei miraron con distancia a propios y ajenos. El recelo cabe tanto para periodistas como para funcionarios recién designados e incluso para amigos del Presidente, clave en la construcción del triunfo libertario de 2023. Eso en parte explica la enorme puerta giratoria de ministros, secretarios y subsecretarios que entran a la gestión y salen en cuestión de semanas o meses.
En los 832 días que lleva en el Gobierno, Manuel Adorni supo construir en base a lealtades, gestos y método un lazo de confianza con la figura más poderosa de esta administración: Karina Milei. Un lazo que se cortó esta semana. El escándalo del vuelo a Nueva York con su esposa y el viaje familiar en yet privado a Punta del Este no hicieron mella en ese vínculo. El más karinista del gabinete se volvió impropio para la hermana del Presidente luego de que le aparecieran propiedades y bienes sin declarar. A El Jefe, que siempre sospecha, no le gusta que le oculten cosas. Y las omisiones en las declaraciones juradas escapaban de su conocimiento. Fin.
Desde su entorno cuentan que está intratable. Que pasó de organizar el operativo respaldo (el gabinete en pleno lo apoyó en redes sociales) a dejarlo cada vez más solo. Desde este miércoles en la noche el rumor de renuncia adquiere momentos de alta verosimilitud. Fue una semana de zozobra en la intimidad presidencial y en ese clima todos son señalados.
El juego de Bullrich
Patricia Bullrich, una apuntada, ya tiene lista la estrategia para recuperar la confianza que súbitamente perdió de la dueña de la guillotina. Una aproximación se vio en la última sesión del Senado, cuando ejerció de vocera encargada de defender al Presidente de la metralla de críticas por las nuevas revelaciones del caso Libra y el escándalo del Jefe de Gabinete. “Cometió un error”, se limitó a decir respecto al ministro en la cuerda floja. Contrastó con la férrea defensa a Javier Milei.
Bullrich había caído en desgracia interna tras la sanción de la reforma laboral. Con la centralidad que adquirió tras esa victoria política creyó que se consagraría en la cúpula presidencial, pero su independencia la convirtió en un elemento de desconfianza. Desde entonces, entienden en la presidencia del bloque del Senado, fue víctima de varias operaciones internas. “Patricia, con vos está todo bien”, se dijo después del encuentro cara a cara de la mesa política este martes. La desconfianza también está en las palabras.
“En algunos círculos de Casa Rosada quieren hacernos llegar que están enojados. Si el dato es cierto o no, no lo sabemos”, deslizan. En el desconcierto, la respuesta de la ex ministra será deshacerse en gestos de lealtad para con la dupla ejecutiva sin dejar de mirar hacia sus enemigos internos: el mismísimo Adorni y los Menem, sobre todo el ladero karinista Lule. “Si a nosotros Karina nos dice que está todo bien, las operaciones de algún lado salen. Y esos lados son dos”, resumen en el Senado como quien despeja una x en la ecuación matemática de la interna gubernamental.
Desde febrero las intenciones electorales de Pato vienen en franco descenso. De soñar con la jefatura de gobierno porteño -en competencia con Adorni– pasó a la vicepresidencia para saltar ahora a la continuidad de su banca en el Senado. Soldada de Milei donde le digan que esté, hacer lo que se tenga que hacer y hacerlo bien. Ese será el mensaje que ya ejecuta en su praxis política para intentar reconstruir la confianza perdida.
AL/SC






