Este miércoles por la noche Javier Milei vivió una pequeña victoria en medio de una semana corta pero amarga por el desgaste que le provoca el escándalo de su amigo y jefe de Gabinete, Manuel Adorni. La alegría vino de su archienemiga, la vicepresidenta Victoria Villarruel. Apenas el presidente supo que ella se bajaba del acto por la conmemoración de la Guerra de Malvinas confirmó que le está ganando la profunda disputa que mantiene por la capitalización política del tema.
Hace más de dos años, cuando la relación ya era tensa, el reclamo de soberanía por el archipiélago austral era una coincidencia que los unía, junto a otro elemento cohesionante: ambos creen que sin el respaldo de Estados Unidos es imposible avanzar en alguna negociación con Londres para reabrir las negociaciones por las las Islas y cumplir con las resoluciones del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas.
Tanto Villarruel como Milei son acérrimos defensores sobre la decisión de la última dictadura para planificar la operación e intentar la recuperación de las islas. Ambos reivindican el rol de las fuerzas armadas en el teatro de operaciones. Tanto, que Milei siempre se encandiló por el origen de Villarruel, hija del teniente coronel Eduardo Marcelo Villarruel, comando de élite que combatió en Malvinas.
Presidente y vice creen que sin el respaldo de Estados Unidos es imposible avanzar en alguna negociación con Londres para reabrir las negociaciones por las las Islas y cumplir con las resoluciones del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas.
La cuestión malvinera, desde la perspectiva de estos dos ex-aliados, es una materia de disputa política hacia el electorado que compartieron en 2023. Esa tensión se profundizó desde que Milei juró la presidencia y Villarruel hizo lo propio para conducir el Senado. La pelea ha dejado de ser tan secreta, pero encierra algunos detalles poco conocidos que van más allá de las resistencias nacionalistas de la vicepresidenta.

En 2023, durante la campaña, cuando buscaron definir áreas de trabajo en el caso de llegar a la presidencia, Milei se enfocó en lo económico y Villarruel en lo estratégico, al menos en las aspiraciones. Todo se hizo trizas a partir del 10 de diciembre de ese año, pero las diferencias se trasladaron a una disputa de poder con implicancias directas en la gestión de la política exterior.
Milei está convencido de que puede conseguir resultados positivos en un hipotético diálogo con Londres, siempre y cuando haya concesiones para los intereses de ambos países. Eso implica abrir una instancia de reconocimiento para los isleños, que reivindican su pertenencia al Reino Unido, pero también abrir negociaciones para profundizar la explotación petrolífera y pesquera en el Mar Argentino.
Una parte sucede de hecho, pero la idea del presidente es «abrir una agenda de negocios que se puedan compartir», confió una fuente libertaria que interviene en el tema desde hace años. A eso se suma el interés del mandatario por ayudar a Washington para que finalmente decida tener una base militar en Argentina en Ushuaia. Un foco está puesto en la puerta de entrada a la Antártida desde el Estrecho de Magallanes, pero el otro es Malvinas y alejar la posibilidad de una nueva amenaza bélica para Londres.
Para Villarruel una gran parte de esas concesiones son inaceptables. Fueron parte de durísimas diferencias con Milei, muchas de ellas en privado. En público la distancia pasó por la sorda competencia entre ambos por marcar presencia en cada aniversario y ofrendar gestos de cercanía y homenaje a los caídos. Pero puertas adentro el malestar de Villarruel por la agenda de concesiones podría empujarla, en algún momento, a romper el silencio.
Según pudo reconstruir La Pluma, eso es cuestión de tiempo. Milei quiere avanzar en las negociaciones con Londres. El paso inmediato es la demorada reunión entre los cancilleres de los dos países. Estuvo a un paso de concretarse en la última Cumbre de Seguridad de Munich, Alemania, pero naufragó.

El jefe del Palacio San Martín, Pablo Quirno, exploró la posibilidad de reunirse con su par Yvette Cooper, la jefa del Foreign Office, designada por el laborista Keir Starmer. Los dos gobiernos venían negociando desde que Diana Mondino ocupaba la cancillería argentina y su par era el ex-primer ministro conservador David Cameron. La reunión no se concretó pero sigue en el radar de la Casa Rosada. Uno de los objetivos es conseguir que Londres levante la prohibición internacional para impedir que Argentina compre armamento después de la Guerra de Malvinas de 1982.
El ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán y el comienzo de una nueva guerra en Oriente Medio le suma sombras a los intentos. El presidente norteamericano Donald Trump está profundizando su enfrentamiento con su par británico, como con la mayoría de Europa, porque no se sumaron a la aventura bélica contra la nación persa. Un empeoramiento de ese escenario debilitará la efectividad de un eventual apoyo estadounidense a la negociación.
El Puerto de Ushuaia, cercano a Malvinas y entrada a la Antártida, en la mira de EEUU y los ingleses
«En realidad, cada uno tiene una posición bastante diferente. No niegan la importancia de Estados Unidos, pero Milei se cansó de proponerle alternativas. Se cansó de hacerle preguntas para que siempre diga que no y finalmente no hablaron más», contó una alta fuente del oficialismo que conoce a los dos protagonistas y la profundidad de las diferencias. Cerca de la vicepresidenta se muestran con cautela pero no niegan su particular nacionalismo pro estadounidense. Igualmente para ella, el tema Malvinas «es sagrado».
En privado han escuchado decir a Milei que esa inflexibilidad fue determinante. «No se puede ser parte de un Ejecutivo cuando a todo dice que no», confió el testigo de la bronca presidencial. Mientras tanto la vicepresidenta calla y concede, hasta resignar su presencia en un lugar que considera litúrgico para sus convicciones políticas. Pero no olvidará que su palabra y lo que sabe pueden tener un impacto dramático en la política que Milei cocina sobre Malvinas.
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