Gianinna deberá esperar. Como Lucas Farías, el primer policía en entrar en la habitación en la que yacía Diego Maradona; y Juan Carlos Pinto, el médico que llegó en la ambulancia y que firmó el certificado de defunción. Es que Leopoldo Luque, neurocirujano especializado en columna, amigo del futbolista y, en los papeles, «médico tratante», pidió declarar. Hablará por primera vez ante el Tribunal y no responderá preguntas. Los testigos citados para hoy fueron suspendidos.
Luque entró en la sala de audiencias con una pila de libros. Son de medicina. La Pluma pudo saber que durante el verano estudió la causa y, a diferencia del juicio que se anuló, esta vez estará presente en todas las audiencias. Quiere hablar.
Está imputado, al igual que otros siete trabajadores de la salud, por homicidio simple con dolo eventual, un delito que prevé un pena de entre 8 a 25 años de cárcel. Según los fiscales Patricio Ferrari y Cosme Iribarren, fue la cabeza de un «plan criminal para terminar con la vida de Maradona». Según su defensa, Luque había rechazado la internación domiciliaria propuesta luego de la operación por el hematoma subdural. Aseguran que él aconsejó internar al futbolista en una clínica de rehabilitación en adicciones.
La firma de Luque aparece en el acta de externación confeccionada en la Clínica Olivos, junto a la de la psiquiatra Agustina Cosachov. Eso los ubica en un lugar comprometido en la causa. Además de los audios y los chats, Luque es señalado por las hijas de Maradona como el que decidía sobre el dispositivo de cuidados que se armó alrededor del futbolista para atender su estado de salud. Maradona murió en 25 de noviembre de 2020 en una quinta del barrio cerrado San Andrés. Tenía 60 años.
VDM






