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Cuando extrañás tu casa estando en tu casa

Maia piensa en los desafíos y bondades de un lugar compartido entre dos, mientras esquía el Polo Norte leyendo a uno de los fundadores de Reynolds. (Y no se pierde).

Maia Debowicz Por Maia Debowicz
31 de mayo de 2026 - 12:01 am
en Tema Libre
Cuando extrañás tu casa estando en tu casa
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¿Cuál es el nivel de esfuerzo necesario para sostener una convivencia de pareja? 

Hay miradas preconcebidas sobre compartir una casa. Se instalan hasta volverse una verdad indiscutible. Una de ellas es que lo peor de convivir se resume en una frase: “¿Qué cenamos hoy?”. Esa pregunta demonizada es una de las escenas más dulces del hogar. Pensar de a dos un menú posible, a veces incluso imposible. La comida es parte del placer cotidiano. Hay noches donde solo se necesita pan lactal, mayonesa y unas fetas de jamón y queso para sonreír. 

La convivencia es difícil cuando se aleja de la simpleza. 

***

El músico Alan Courtis es el co-fundador de Reynolds, la banda de rock experimental argentina liderada por el baterista con síndrome de Down Miguel Tomasín. En 2009 terminó su gira en un destino impensado, un festival en el archipiélago habitado más cercano al Polo Norte. El lugar se llama Svalbard, pertenece a Noruega. “En los mapas aparece dentro del Círculo Polar Ártico”, escribe Courtis en Polar Noise. Diario de una gira ártica, su bitácora. La capital de Svalbard es Longyerbyen. Temperaturas bajo cero, pocas horas de luz.

Ese paisaje tan lejano se trastoca con algunos riesgos de la convivencia. Courtis dice “Longyerbyen tiene alrededor de 2000 habitantes, pero por la ventana no se ve ni uno solo”. ¿Cómo hacer para que una relación amorosa no se transforme en Longyerbyen? La convivencia destruye una pareja cuando no queda nadie afuera de la casa. Una ciudad de solo dos habitantes. La otra persona y yo. Una sociedad con ventanas vacías de gente. Un pueblo fantasma. 

La convivencia destruye una pareja cuando no queda nadie afuera de la casa. Una ciudad de solo dos habitantes. La otra persona y yo.

‘’El frío se mete en los huesos atravesando cualquier capa de ropa. Así y todo, el cuerpo, de a poco, se va acostumbrando a ese calvario de hielo en el que cada minuto parece durar meses’’, sigue Courtis en Polar Noise. 

Por más práctico que sea, los roles en una casa no deberían ser fijos. La convivencia no tiene por qué ser fácil. Pero ese esfuerzo debe tener sentido. La rutina no es mala palabra cuando la repetición involucra el goce. Ver todas las mañanas el mismo rostro, decirle “buenos días” de lunes a lunes, es refugio. Aunque a veces ese refugio se transforma en un lugar sin tierra a la vista, como el Polo Norte: solo agua congelada bajo los pies. 

“Miro adelante y todo se ve monocromático: blanco sobre blanco”, escribe Courtis el 2 de marzo de 2009 a las 2.30 pm mientras maneja un scooter. Cuando en una convivencia solo hay un color es demasiado tarde. ¿Cómo detectar el conflicto para salvar la posibilidad de compartir una casa?

Uno de los conflictos de la convivencia es la desincronización. Solo en casos excepcionales se crece a la par. La virtualidad y las aplicaciones de citas agudizaron la creencia de que una pareja se arma a partir de coincidencias. Pero la gracia del amor es que la otra persona te revele un territorio desconocido, y viceversa. Ser almas gemelas es el verdadero peligro. 

La convivencia es difícil cuando mirás el rostro del otro y ves todo blanco. Blanco sobre blanco.  

***

Sobrevuela la idea burguesa de que la estrategia para extender una convivencia en el tiempo es tener dos baños. No existe una convivencia si predomina el pudor. Es necesario traspasar esa barrera, derribar la pared de la educación del asco. La intimidad no se relaciona con el miedo a hacer caca y dejar olor en el baño. De esa situación puede nacer el chiste más impredecible. El humor lejos de apagar el fuego posibilita rutas de escape a las convenciones del sexo. La convivencia es cuerpo y todo lo que de él se desprende. Las personas se aferran al asco por miedo a sentirse fuera de la sociedad. Rechazar los lugares comunes te pueden dejar solo. 

¿Cuántas personas conviven por temor a quedarse solas? 

Para construir una casa sólida de a dos es necesario poder estar a solas con uno mismo. Hablar dos lenguas y aprender a entenderse. Inventar términos propios de la pareja, códigos. No abusar del uso de ellos. Se dice que lo que mata a una pareja que convive es la falta de diálogo. Creo lo contrario: la comunicación más clara es la física. Una relación se extingue cuando los cuerpos se repelen. Va mucho más alla del sexo. Ninguna palabra tiene mayor claridad que un abrazo. Largo, sostenido, dos corazones latiendo. 

La convivencia es difícil cuando tenés frío y no hay otro cuerpo que abrigue.

Se dice que lo que mata a una pareja que convive es la falta de diálogo. Creo lo contrario: la comunicación más clara es la física.

***

¿Es posible hacerle lugar a la soledad dentro de una convivencia? 

Llorar sin buscar consuelo. Llorar y no preguntarse la razón. Llorar hasta sentir sueño. Quedarse dormida. Despertarte sin entender dónde estás. En cualquier lugar, menos en el Ártico. 

Nuestra casa. Nuestra. El plural. 

¿Cómo vivir con otro y no sentirse desalojado de tu casa? 

Sentirla tuya.

Tu mesa

Tu sillón

Tu cama

Evitar que los perfumes se mezclen.

¿De qué manera convivir sin desaparecer en el otro? 

Transformarse en una casa. Una única arquitectura. 

No perder tu olor para que los tuyos, los que están afuera de la pareja, te sigan reconociendo.

El 2 de marzo de 2009, a las 8.30 am, Courtis escribe en el diario:

“Me pongo la campera. Pero para salir nos dan unos trajes especiales que van arriba de toda la ropa. Parecen trajes de astronauta, solo que son bien negros para distinguirlos en la nieve. Tienen varios cierres, bandas reflectivas en las piernas, brazos, hombros y también en la espalda. Arriba traen una capucha con piel bastante abundante. Dos pares de guantes, botas de goma grandes y un casco —también negro— completan el traje. El casco entra en la capucha sin problema. Con todo eso encima uno siente que tiene un segundo cuerpo que resulta tan protector como incómodo”. 

La convivencia puede tornarse claustrofóbica, un nudo en la espalda que se ramifica hasta la nuca, tensa la mandíbula. El cuerpo del otro encima tuyo, como ese traje especial que parece de astronauta y ahoga. La protección se vuelve incómoda. 

¿Cuánto dejarse transformar sin perder la identidad? No distinguir los dos cuerpos en la nieve, los trajes son blancos en vez de negros. 

Mi terror no es un día despertarme y desconocer al otro. Mi terror es desconocerme a mí misma. Desdibujarme hasta ser niebla, ese vapor que sale de la boca del otro cuando las temperaturas son bajas. 

La convivencia es difícil cuando extrañás tu casa estando en tu casa.

Mi terror no es un día despertarme y desconocer al otro. Mi terror es desconocerme a mí misma.

***

El 4 de marzo de 2009, a las 10 am, Courtis escribe en el diario:

“Por toda la ciudad hay restos de un pasado que parece haber sido secuestrado por una tormenta de nieve. Habitaciones descascaradas, libros eslavos de otro tiempo, relojes con agujas que ya no se mueven, un tablero con llaves de casas deshabitadas, mesas caídas a las que les falta una pata, diarios viejos, lámparas rotas, carteles en cirílico que ya casi ni se leen, restos de carpetas de contaduría, armarios metálicos que únicamente guardan polvo, colchones llenos de escarcha, sillas vacías que, en silencio, esperan vaya uno a saber qué” 

Las paredes de una casa revelan el estado de una pareja. Las mías tenían manchas de humedad, grietas, colgaban telarañas. El techo de la cocina se fue craquelando, desprendía su piel en capas, caían al piso como hojas en otoño. Secas. Un árbol que va perdiendo su verde. El final del verano. 

La convivencia es difícil cuando la única estación es invierno.

***

La única certeza que tengo sobre cómo sostener una convivencia de pareja es que lo más importante es registrar al otro. Recordar qué le gusta y, sobre todo, qué lo puede dañar. Un ingrediente que le provoca alergia, una fecha que le da tristeza, una conducta específica que le remueve un pasado doloroso. Tolerar que la otra persona cambie todo eso que estudiaste de ella. Actualizar la información. Volver a hacerlo mil veces más. Vivir con muchas personas a la vez, dentro y fuera de vos.

MD/VDM

Temas: ConvivenciaMaia DebowiczTema Libre
Maia Debowicz

Maia Debowicz

Maia Debowicz nació en 1985 en Buenos Aires. Es escritora, periodista y dibujante. Colaboró en medios como Letras Libres (México), Inrockuptibles, Anfibia, Infobae y El Amante. Escribe e ilustra regularmente en los suplementos “SOY” y “Las 12”, de Página/12, y en "La Agenda Revista". Es autora de los libros “Por más escondida que esté” (La Crujía, 2024); “Los ruidos vienen de la cocina” (La Crujía, 2024), “ALF. Costumbres de otro planeta”; (Muchas nueces, 2024); “¿Y si no es suficiente?” (Vinilo, 2022); y “Cine en pijamas” (Paidós, 2017). Es columnista en Todo pasa (Urbana Play). Vive con muchos conejos.

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