En un contexto de apertura económica impulsado por el gobierno de Javier Milei, las importaciones no solo no crecieron, sino que registraron una caída significativa. Los datos más recientes informe Intercambio Comercial Argentino (ICA), publicado por el Indec, confirman esta tendencia en medio de una baja de la capacidad de compra y en la actividad.
En febrero de 2026, las importaciones argentinas totalizaron US$ 5.174 millones, lo que implicó una caída interanual de 11,8%. Este descenso no fue marginal, sino que se dio como consecuencia de una contracción en las cantidades importadas, que retrocedieron 14,9%, pese a un aumento de precios del 3,7%. Es decir, el país compró menos bienes del exterior en términos físicos, lo que refleja una demanda debilitada por el menor poder adquisitivo.
El fenómeno cobra mayor importancia si se tiene en cuenta que se produce en un contexto de desregulación y eliminación de trabas al comercio. La lógica oficial sostenía que la liberalización incentivaría el ingreso de bienes importados, pero los datos sugieren que otros factores -especialmente la recesión interna- están pesando más que la política comercial en sí.
De hecho, la caída de las importaciones fue generalizada en casi todos los usos económicos. Se destacaron las bajas en bienes de capital (-17,6%) y en piezas y accesorios para bienes de capital (-24,9%), rubros estrechamente vinculados a la inversión productiva. De este modo, se espera que el freno a la actividad económica continúe, ya que las empresas reducen la incorporación de maquinaria e insumos importados. Asimismo, también retrocedieron las compras de bienes intermedios (-4,1%) y de consumo (-3,0%), lo que refuerza la idea de una demanda interna deprimida. Incluso sectores tradicionalmente dinámicos, como el automotriz, mostraron caídas en la importación de vehículos y autopartes, reflejando la contracción del mercado.
En tanto, el superávit comercial se amplió hasta US$ 788 millones, explicado en gran medida por la caída más pronunciada de las importaciones. Este resultado, si bien positivo en términos de balance externo, no necesariamente indica una mejora estructural, sino más bien un ajuste por retracción de la economía.
Otro elemento clave a tener en cuenta es que la baja de importaciones se explica fundamentalmente por cantidades y no por precios. Esto implica que no se trata de un fenómeno externo -como un shock de precios internacionales- sino de un proceso interno de menor absorción económica. En otras palabras, la economía argentina está importando menos porque produce y consume menos.
Los salarios definidos en convenios colectivos de trabajo aumentaron sólo 0,6% en febrero, de acuerdo al Centro de Estudios sobre el Trabajo y el Desarrollo, de la Universidad de San Martín. En ese mes, la inflación fue del 2,9%, lo que hizo que los trabajadores pierdan 2,3 puntos porcentuales.
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