El ministro de Economía, Luis Caputo, publicó un mensaje en su cuenta de X defendiendo el programa económico implementado por el Gobierno, al mismo tiempo que cuestionó lo que definió como “operaciones” de periodistas y empresarios. En su posteo, el ministro sostuvo que la mejor forma de enfrentar esas críticas no es negociar con el poder económico o mediático, sino “seguir ordenando la economía para que los datos expongan su narrativa”. Como prueba, enumeró cuatro indicadores que, según afirmó, marcan récords históricos: consumo privado, exportaciones, PBI e inversión. “Estos datos no solo no convalidan las ‘percepciones mediáticas’, sino que las contradicen. Para eso existen los datos. Para que la gente sepa la verdad”, destacó el ministro.
El planteo del ministro no es solamente económico, sino político y comunicacional. Caputo plantea una dicotomía clara: por un lado, las “percepciones mediáticas”; por el otro, los datos oficiales, que mostrarían la verdadera situación económica. Es decir, la discusión ya no sería sobre si la economía está bien o mal, sino sobre quién tiene la autoridad para definir la realidad: los datos oficiales o la percepción social.
Excelente tuit. La semana pasada me lo reconoció un periodista muy importante: “es una operación Toto, sí, pero ustedes se la ganaron porque tienen a todo el periodismo y a algunos empresarios importantes en contra, ya sea por plata o por maltrato personal. Tienen que ser más… https://t.co/qhllGayfVB
— totocaputo (@LuisCaputoAR) March 22, 2026
Sin embargo, el problema de este argumento es que los datos macroeconómicos no necesariamente reflejan la situación económica de la población. Que el PBI o las exportaciones alcancen niveles récord no implica automáticamente que mejoren los salarios, el empleo o el poder adquisitivo. La economía puede crecer en términos agregados y, al mismo tiempo, deteriorarse en términos sociales.
Uno de los puntos más sensibles es el mercado laboral. Allí aparece una de las principales tensiones del modelo económico actual: la posibilidad de que haya crecimiento económico sin mejora del empleo formal o de los salarios reales. Es decir, una economía que crece, pero que no necesariamente mejora las condiciones de vida de la mayoría de la población. Este fenómeno no es nuevo y en economía suele describirse como crecimiento sin derrame o crecimiento con deterioro distributivo.
En su posteo, Caputo, por ejemplo, no mencionó que la desocupación se disparó del 6,4% al 7,5% en el cuarto trimestre de 2025, de acuerdo con los datos del Indec. De hecho, el índice es el nivel más alto para un cierre de año desde 2020, cuando la economía fue golpeada por la pandemia. Si se toma el gobierno de Javier Milei de punta a punta, el desempleo arrancó en el 5,7%, por lo que saltó 1,8 puntos porcentuales.
En esa línea, un informe de Invecq analizó la composición sectorial de los cambios en el empleo. El comercio sumó 210.000 puestos informales, mientras que los registrados privados en ese rubro apenas aumentaron en 4.000. La industria manufacturera incorporó 87.000 trabajadores no registrados y perdió 63.000 puestos formales. En estos casos, parte de los trabajadores que antes operaban dentro del sistema formal pasaron a la informalidad o solo encontraron empleo bajo esa condición.
En el caso de la construcción, la situación resultó aún más crítica. El sector perdió simultáneamente 47.000 puestos formales y 96.000 informales. Asimismo, sufrió una caída del 27% en 2024 y en 2025 apenas logró una recuperación parcial del 5,9%. El empleo registrado del sector público cayó en 80.000 puestos.
En este contexto, el debate económico se transforma también en un debate político sobre cómo se mide el éxito económico. El Gobierno parece medirlo principalmente en variables macroeconómicas: superávit fiscal, inflación, inversión, exportaciones o crecimiento del PBI. La sociedad, en cambio, suele medir la economía en función de variables más inmediatas: salario, empleo, consumo, tarifas, alquileres o endeudamiento.
Por eso, la discusión no es solamente si los datos que muestra el ministro son correctos, sino si esos datos alcanzan para describir la realidad económica completa. En economía, los datos no hablan por sí solos: siempre hay una selección de qué indicadores mostrar, cuáles comparar y cómo interpretarlos. En ese sentido, la economía también es una disputa por el relato.
RM





