La baja de la inflación, el lema bajo el cual se embanderó la gestión libertaria, sufrió otro revés luego de que el Indec publicara que los precios en febrero aumentaron 2,9%. Luego de revelarse el informe, volvió el debate sobre la postergación del nuevo índice de medición, que provocó la renuncia del en ese entonces director de la entidad, Marco Lavagna.
“No es metodológicamente serio implementar un nuevo sistema en medio de un proceso en curso”, fue el argumento de la Casa Rosada a comienzos de febrero, cuando se conoció la sorpresiva salida del funcionario. El motivo fue que el Gobierno decidió postergar la canasta, actualizada en 2017/18, que iba a comenzar a regir desde enero para mantener la actual, que responde a consumos del año 2004.
La nueva canasta tiene algunas diferencias con la vigente ahora. En primer lugar, pasa de relevar 320.000 precios mensuales a 500.000, y de 16.700 informantes en todo el país a 24.000. Además, al estar actualizada, refleja hábitos de consumo modernos, que involucra más rubros de servicios y tecnología.
Según la consultora Vectorial, el IPC (Índice de Precios al Consumidor) del segundo mes del año hubiese marcado 3,1%. «O sea, todo el ‘affaire INDEC’ por solo 0,2 puntos porcentuales. Inentendible», dijo en X Haroldo Montagu, economista jefe de Vectorial.
La consultora resaltó como causas del dato de febrero -noveno mes consecutivo sin desaceleración- que «la función del dólar como ancla se vio dañada a partir de la decisión del Gobierno de indexar la banda superior». Asimismo, señaló un «mal timing« por parte de la gestión de Javier Milei: «Aparece un error no forzado. El año pasado el Gobierno pospuso los incrementos de tarifas durante la campaña electoral, acumulando desequilibrios que ahora deben corregirse. Esta corrección no puede llegar en un peor momento: coinciden con el ajuste estacional de la carne (aumentó un 24% desde octubre) con los aumentos de nafta y educación que sobrevendrán en marzo y abril».
De esta forma, dijo Vectorial que «los regulados suben en el mes 4,3% y la inflación núcleo un 3,1% (mayor valor desde abril de 2025)». Además, cuestionaron con ironía la caída del 0,4% en el rubro de transporte ya que, si bien el boleto de colectivo y subte subieron 0,2%, «los pasajes de avión -a pesar de la poca incidencia en el agregado- registraron una considerable caída del 32,5% y “empujaron” el agregado del capítulo hacia abajo. No voy en tren, voy en avión».
«El ministro de Economía expresó, a modo de justificativo de la no desaceleración inflacionaria, que “Argentina aún se encuentra en un proceso de corrección de precios relativos”. Sin embargo, hacia fines del año 2025 las grandes distorsiones entre los bienes y servicios que componen la canasta del IPC se habían subsanado completamente en relación a fines del 2019″, reveló también Montagu.
En la misma línea, la consultora Qualy estimó que el IPC del segundo mes del año hubiese dado 3% si se usaba la nueva medición. De esa forma, se profundiza la fragilidad discursiva del Gobierno, que sigue perdiendo en el intento por desacelerar definitivamente la inflación y teme porque la misma alcance el 3%, un nivel psicológico insostenible para su discurso.
«Está difícil bajar la inflación, ya no es lo que decía el Gobierno de un fenómeno monetario», comentó para La Pluma Diario Anastasia Daicich, directora ejecutiva de Qualy. Según ella, es fundamental prestar atención a la inflación núcleo -excluye componentes volátiles o estacionales-, la cual muestra «una tensión al alza».
«El Gobierno no logra que baje, está estancado en un número alto. En mayo de 2025 analizamos que el 1,5% era un piso porque esa inflación era insustentable en términos de dinámica cambiaria», explicó Martín Kalos, economista y director de EPyCA Consultores para este medio.
Según Kalos, la gestión volvió a pecar de generar, tal como lo hicieron en años anteriores, expectativas optimistas sobre una baja en la inflación. «Lo cierto es que el Gobierno tiene poco margen para usar como anclas a los salarios o los tipos de cambio, de hecho sería inconsistente. Debería tener más paciencia e intentar que la estabilización y la desinflación sean más lentas pero sustentables».
«Casi 3% de inflación es un mal dato, para cualquier economía, sobre todo para Argentina. Es imposible y no hay ninguna razón para que la inflación vaya a comenzar con cero«, sentenció.
¿Qué hay de cara al futuro?
«Ya venís de nueve meses de no tener tendencia a la baja. Si en tanto los salarios no van acompañando, el poder adquisitivo se va a resentir», advirtió Daicich. En el corto y mediano plazo, dijo que «la mora y el alto endeudamiento en familias serán un problema». Asimismo, resaltó el ajuste tarifario mensual: «Hace que vos tengas de acá a los siguientes meses una mirada de aumento en precios regulados. Esto se suma a que estás sacando subsidios y sinceramiento tarifario».
Según Montagu, durante 2024 y 2025 la sociedad aceptaba el costo del ajuste a cambio de la estabilización de la economía y la reducción sostenida de la inflación. «Sin embargo, en los últimos meses la inflación retomó una trayectoria ascendente —como comentamos más arriba—, lo que erosiona la legitimidad de ese sacrificio. Si el costo social del ajuste persiste pero la contraprestación prometida no se materializa, el humor social puede deteriorarse con rapidez», explicó.
Por otra parte, la directora de Qualy mencionó que, «en tanto la guerra en Medio Oriente se prolongue, se generará mayor volatilidad. Esto se ve en el aumento de la nafta, aunque también puede haber una presión al alza por el uso de petróleo para traslado en mercadería». En ese sentido, sentenció: «Es una tendencia no muy auspiciosa con respecto a la inflación. A priori en el corto plazo, no la veo».
Desde Vectorial analizaron: «El conflicto de Medio Oriente obliga a una corrección del precio de la nafta en el surtidor entre 20% y 30%, que por supuesto tendrá impacto en el conjunto de la economía». Según la consultora de Montagu, las perspectivas no son de lo más alentadoras.
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