Un mes y medio después del cierre de la fábrica de neumáticos FATE, los trabajadores siguen con la permanencia pacífica en el predio de San Fernando para intentar recuperar los casi 1000 puestos de trabajo que se perdieron. Allí también están sus esposas, que crearon una comisión de mujeres para acompañar la pelea. Son las que se encargan de juntar dinero y hacer colectas para sostener el fondo de lucha y ayudar a las familias que están más complicadas. Combinan sus trabajos con la crianza de los hijos y, ahora, las medidas para sostener el reclamo. “La situación fue y es muy angustiante”, cuentan.
Entre ellas se organizan los horarios, tienen en cuenta quiénes trabajan por la mañana, quiénes por la tarde o a quién le salió una changa. Algunas hacen part-time y ahora se convirtieron en jefas de hogar. Otras, que toda su vida se dedicaron a las tareas de cuidado, ahora buscan alternativas porque se quedaron sin el único ingreso de la familia. Mientras todo eso sucede puertas adentro, en el barrio FATE sigue la permanencia y ellas también están ahí, en el espacio que el Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino (SUTNA) tiene frente a la planta en la calle Blanco Encalada.
“Estamos mucho tiempo juntas, sobre todo los fines de semana. Al estar organizadas y reunirnos con nuestros compañeros es más fácil porque hacemos catarsis. Pero como ellos no vienen a la casa, la rutina se desbordó un poco. Nosotras sostenemos la casa y, a la vez, a nuestro compañero para que no caiga”, cuenta Maqui Beitía Rocha, integrante de la Comisión de Mujeres del SUTNA, que es la esposa del secretario General del sindicato y despedido de FATE, Alejandro Crespo.
«Nosotras sostenemos la casa y, a la vez, a nuestro compañero para que no caiga”, dice Maqui Beitía Rocha, integrante de la Comisión de Mujeres del SUTNA.
La comisión se creó en el año 2019 cuando la empresa presentó el Procedimiento Preventivo de Crisis y desde ese momento sigue. Ahora, la tarea es mucho más pesada. Es acompañar el día a día, los humores, las medidas de fuerza, las marchas, la vida que cambia cuando ya no hay un sueldo que la organice.
“La mayoría de nosotras tenemos hijos en edad escolar. Algunas somos docentes y tenemos unas poquitas horas y el sueldo fuerte era el de FATE. De las 900 familias, la mayoría de las mujeres son amas de casa. Muy tradicional y el hombre es el que trabaja porque durante mucho tiempo eran turnos rotativos ( noche, tarde, mañana) y eso hacía que la mujer tuviera que hacer alguna changuita o algún laburito tranquilo porque tenía que cuidar a los chicos. Recién cuando el chico crece se puede hacer alguna carrerita terciaria”, explica Maqui a La Pluma.

Los días pasan entre el acampe, los festivales y recitales a beneficio –como el de La Delio Valdez–, las murgas en los feriados de carnaval y las cenas a la canasta los fines de semana. Pero también en las facultades y en movilizaciones como la del 24 de marzo donde las mujeres hicieron colectas y vendieron remeras para juntar dinero, y comprar carne y verduras para las familias que están con mayores urgencias económicas. Tienen también una cuenta bancaria (con el alias: fatenosecierra ) en la que recaudan para armar los bolsones de comida para las 170 familias que están inscriptas.
“La lucha está pesando mucho”, dice Miriam, que está casada con Pedro, otro de los despedidos. “Estoy todo el día trabajando porque ahora que soy sostén de la familia se complica más”, explica. Tiene un almacén que antes atendía de 8 a 21 y que ahora tiene abierto hasta las 23 para juntar más plata. “Tengo una hija con discapacidad que tiene un tumor en la cabeza y no tiene obra social. Siempre todo lo que era para su cuidado y los remedios salía del sueldo de mi marido. Ahora hay que replantearse un montón de cosas porque, por suerte, mi hija está estable, pero si tuviera que pasar de nuevo por lo que pasé hace un tiempo estaría en problemas”, agrega.
“Estoy todo el día trabajando porque ahora que soy sostén de la familia se complica más”, dice Miriam, esposa de Pedro, uno de los despedidos.
Miriam va más allá, piensa también en las personas que no dependían directamente de la empresa que dirige la familia Madanes Quintanilla, a la que la revista Forbes calificó como uno de las más ricas de Argentina. En el barrio, que debe su nombre a la presencia de la fábrica, se paró la cadena comercial. “Toda la Zona Norte necesita que se reactive FATE, muchos vecinos dependen de eso: el kiosco de la vuelta, el almacén de la esquina, el negocio de muebles que le daba créditos a los chicos para que se compren la cocina o la heladera. Todo eso está parado. En San Fernando, el que no trabajaba tenía un sobrino, el papá o alguien ahí”.
Por el camino de la intervención
Representantes de SUTNA estuvieron el viernes en la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires para impulsar una ley que disponga la intervención temporal por un año del Estado provincial. Una idea que acompañan los bloques peronista y de izquierda, además del apoyo del secretario adjunto de Camioneros, Pablo Moyano.
El proyecta declara la “utilidad pública provincial” de la empresa, resalta el “carácter estratégico” y dispone que el Poder Ejecutivo provincial puede tomar “las medidas necesarias para asegurar la continuidad de la actividad productiva, como la reincorporación de todos los trabajadores, pudiendo tomar más trabajadores de ser necesarios”.
“Vamos tachando los días, se va complicando. Son muchos días de pelea y se está haciendo difícil, pero hay que seguir acompañando a nuestros maridos. Tengo la suerte de tener un negocio, pero hay muchos compañeros cuyo único sustento era FATE y la están pasando muy mal. Vamos a resistir”, cierra Miriam.
CDB/VDM





