En las semanas previas a las elecciones legislativas de octubre de 2025, el dólar llegó a venderse a 1.450 pesos por unidad y el riesgo país tocó un máximo de 1.456 puntos básicos. Desde el Gobierno, y algunos empresarios cercanos a él, adjudicaban esa volatilidad al “riesgo kuka” y la posibilidad de que el peronismo ganara el Congreso. La victoria obtenida en el Congreso parecía haber despejado cualquier tipo de duda sobre el plan económico del gobierno libertario.
Sin embargo, pasó casi medio año y las encuestas vuelven a mostrar ahora a un Milei con una nueva caída -en algunos casos, bastante abrupta-en aprobación e imagen: no es un pronóstico, están reflejando la opinión pública argentina a fines de marzo de 2026.
En ese sentido, el último informe de la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública de la Universidad de San Andrés muestra que el principal problema de la Argentina ya no es solamente la inflación, sino el deterioro del empleo y los salarios. Según el relevamiento, los bajos salarios (37%) y la falta de trabajo (36%) encabezan las preocupaciones sociales, por encima de la corrupción (33%) y la inflación (20%). Esto marca un cambio en el clima económico: la estabilidad de precios dejó de ser la única preocupación y fue reemplazada por la pérdida de ingresos y el empleo.
El dato es particularmente relevante porque el gobierno construyó su legitimidad política alrededor del ordenamiento macroeconómico. Sin embargo, la encuesta muestra que la economía real -salarios, empleo y consumo- se convirtió en el principal foco de malestar social. Incluso entre distintos sectores sociales y votantes de diferentes partidos, salarios y trabajo aparecen como preocupaciones transversales, lo que sugiere que el impacto económico negativo no está concentrado en un solo grupo social sino que atraviesa a toda la sociedad.
En este contexto, la evaluación de la política económica tampoco muestra niveles altos de satisfacción. Solo el 31% de los encuestados se declara satisfecho con la política económica del gobierno, mientras que la insatisfacción es mayoritaria.
El deterioro económico también impacta en la percepción general del país. Al ser consultados sobre su satisfacción sobre como marchan las cosas, solo el 33% se mostró satisfecho. Además, el 46% cree que el país va a empeorar en el próximo año, contra solo un 30% que espera una mejora. Es decir, predomina una expectativa económica negativa, algo que suele ser determinante en la evaluación de los gobiernos.
La combinación de salarios bajos, falta de empleo y expectativas negativas explica también la caída en la aprobación del gobierno. El presidente tiene un 38% de aprobación y un 59% de desaprobación, con un aumento de la desaprobación respecto de la medición anterior.
La encuesta concluye que el “crédito social” inicial del gobierno comienza a agotarse a medida que los problemas económicos cotidianos persisten.
RM/EO






