La designación del nuevo Ministro de Justicia generó el terremoto conocido en la interna de la Casa Rosada pero con réplicas que impactan en la Corte Suprema, Comodoro Py y el círculo rojo. La reconfiguración del poder está en marcha y los actores muestran sus reposicionamientos. Esta semana terminó de cristalizarse uno de ellos.
La llegada de Juan Bautista Mahiques cambió el sentido de la interna en la Corte Suprema luego de que la estrategia original que Ricardo Lorenzetti le llevara al gobierno cuando inició la gestión en 2023 fracasara en el Senado. Lorenzetti intentaba así recuperar el poder perdido dentro de la Corte pero los pliegos de Manuel García Mansilla y Ariel Lijo para completar al máximo tribunal fueron rechazados. Desde entonces, el enlace entre el Poder Judicial y el Ejecutivo fue virando desde el sector de Santiago Caputo al de Karina Milei, quien finalmente en la primera semana de marzo avanza sobre el ministerio.

Mahiques llega en alianza con el presidente del máximo tribunal Horacio Rosatti quien hasta ahora venía actuando en tándem con el cortesano Carlos Rosenkrantz para aislar a Lorenzetti. Pero esto cambió. La semana pasada y en un hecho inédito, estos últimos presentan una acordada para modificar el examen de selección de jueces que aplica el Consejo de la Magistratura también presidido por Rosatti.
Desde la vocalía del cortesano indicaban que no había firmado la inédita acordada por su doble condición, pero esta semana los hechos marcaron otra cosa. El miércoles el CdM tuvo su reunión de labor para determinar los temas de su plenaria del 15 de abril. Era la oportunidad para introducir el nuevo examen a discusión. Rosatti decidió congelar la iniciativa impulsada por sus colegas. La medida cristaliza este cambio del poder interno en la Corte y profundiza las diferencias dentro del máximo tribunal en un contexto de reconfiguración del poder judicial.
El proyecto en cuestión propone cambios en el sistema de selección de jueces, con el objetivo de reforzar criterios técnicos y reducir así la supuesta mala influencia de la política en los concursos.
En el encuentro reservado Rosatti argumentó que el texto requiere un análisis «más profundo» y descartó la necesidad de resolverlo de manera inmediata. La decisión implicó que el expediente sea girado a comisiones, dilatando así su tratamiento.

Dentro del Consejo, la jugada fue interpretada unánimemente como un freno deliberado. Algunos consejeros señalaron que el titular del cuerpo “pateó la discusión hacia adelante”, evitando que el tema llegue al plenario con posibilidades concretas de avance. Desde sectores que apoyan la reforma insistieron en que Rosatti se escudó en un procedimiento cuando podría emitir un dictamen conjunto y someterlo a votación en la próxima sesión.
Inmediatamente después de ese freno, varias y poderosas cámaras del círculo rojo salieron al respaldo de la iniciativa. Desde Amcham hasta el gravitante Grupo de los 6 emitieron comunicados a favor del nuevo examen. «Son los autores intelectuales», razonaban en los pasillos de Tribunales.
El trasfondo del conflicto expone tensiones más amplias. Primero, la acordada en sí misma es un avance sobre el Consejo de la Magistratura y su método de selección de jueces que ya lleva cinco años bajo la conducción de Rosatti. Por otro, se evidencia un cambio en la dinámica interna de la Corte, donde alianzas previas parecen haberse reconfigurado. Quien se movió fue Rosenkrantz.
El episodio refleja no solo una disputa por un proyecto puntual, sino también una puja de poder más profunda en el vértice del sistema judicial. «Rosatti tiene formalmente cargo hasta 2027 pero está a tiro de una acordada para ser reemplazado. La tortilla se dió vuelta», advirtió un consejero.
El Gobierno confirmó la alianza con el presidente de la Corte y en la primera tanda de vacantes a completar en la justicia federal decidió enviar al Senado la promoción de Emilio Rosatti cómo juez federal.
AL/CM






