Hablar de economía en Argentina siempre es un debate complejo. Desde el Gobierno sostienen que la “economía está tremendamente ordenada”. De hecho, el propio ministro de Economía, Luis Caputo, que en el 21° Simposio de Mercado de Capitales del IAEF dejaba esa frase, unos días más tarde resaltaba en un posteo en su cuenta de X cuatro variables: consumo privado, exportaciones, Producto Bruto Interno (PBI) y nivel de inversión. Según su exposición, los datos oficiales más recientes muestran que el consumo privado, las exportaciones y el Producto Bruto Interno (PBI) marcaron un “récord histórico” y la inversión “creció al 16,4%”.
Sin embargo, cuando uno analiza el consumo en el país, la realidad ser vuelve más compleja. Para empezar, no se puede hablar del consumo como un bloque homogéneo. En este contexto, la consultora Moiguer presentó su estudio «Social Mood» correspondiente al primer trimestre de 2026 con el «índice pizza». Esta métrica calcula cuántas pizzas básicas se pueden comprar con un salario mínimo, vital y móvil en distintos países de la región y en diferentes etapas históricas.
Los datos de Argentina son contundentes y reflejan un desplome histórico. En 2015, el sueldo mínimo alcanzaba para comprar 33 pizzas. Hoy, 11 años más tarde, ese mismo ingreso apenas alcanza para comprar 12 pizzas.
Este dato ejemplifica de forma contundente la caída en el poder adquisitivo de los argentinos. Caída que queda aun más evidenciada cuando el 50% de los hogares declara tener ingresos totales por debajo de los 1.000 dólares mensuales. El ingreso medio mensual individual de un trabajador ocupado se ubica en 680 dólares, lo que lleva a que un 52% de las familias sienta que sus ingresos corren por detrás de la inflación.
Otros indicadores
Entre los ganadores del nuevo modelo se puede destacar el sector automotor. Si bien empiezan a aparecer algunas señales de enfriamiento, lo hacen sobre niveles de recuperación muy altos. En los dos primeros meses de 2026 se patentaron 108.480 unidades 0 km, un 4,9% menos que en el mismo período de 2025; sin embargo, frente a igual lapso de 2023, el mercado muestra un crecimiento del casi el 35 por ciento. Otros como la pesca, hoteles y restaurantes y agro también dan muestras de expansión, pero su peso en la masa salarial total es menor, por lo que limita su capacidad de traccionar el ingreso agregado.
Por el contrario, el consumo masivo se mantiene en terreno negativo. Las ventas en supermercados acumulan caídas reales significativas -según el último dato de Scentia, el año comenzó con una caída del 1,1% en las ventas de los alimentos y bebidas-, reflejo de una masa salarial que no logra recomponerse y un mercado laboral débil. La construcción registró la caída más pronunciada (−12.7%), pero la industria (−2.6%) y el transporte (−4.8%) también muestran números en rojo que afectan de forma significativa el ingreso en segmentos intensivos en empleo.
Ante esta realidad, el estudio de Moiguer destaca que el consumidor recorta gastos básicos para poder sostener sus pequeños gustos. Mientras el 61% de la población redujo gastos del presupuesto de su hogar en los últimos 30 días, un 68% admite haber realizado algún gasto «suntuario» en ese mismo lapso, como compra de ropa, electrónica, salidas o viajes.
El desafío hacia adelante no será solo sostener las variables macroeconómicas en orden, sino lograr que esa estabilidad se traduzca en una mejora concreta del ingreso y del consumo cotidiano. La verdadera medida de la recuperación económica no está únicamente en los indicadores macro, sino en lo que los argentinos pueden comprar con su salario todos los meses.
RM/EO






