Los constantes aumentos en la factura hicieron del consumo eléctrico un dolor de cabeza. Entender qué aparatos gastan más y cómo optimizar su uso se volvió casi una obligación. La buena noticia es que, con ajustes simples en hábitos y configuraciones, es posible reducir hasta un 30% el consumo sin resignar confort.
Lo primero que hay que saber para ahorrar es identificar dónde se concentra el gasto. En una vivienda promedio, el consumo suele distribuirse en tres grandes grupos:
- Heladera: funciona las 24 horas y puede representar hasta un tercio del consumo total.
- Aire acondicionado y calefacción eléctrica: elevan el gasto en épocas de temperaturas extremas.
- Lavarropas y lavaplatos: el uso de agua caliente incrementa notablemente el consumo.
A estos se suman otros equipos como hornos eléctricos, termotanques y televisores que, por potencia o tiempo de uso, también tienen un impacto relevante.
Cómo usar mejor cada electrodoméstico
La heladera es el único electrodoméstico de la casa que nunca se apaga, por lo que su eficiencia es clave. Para garantizar su uso eficiente, es importante tener en cuenta algunos aspectos:
- Evitar abrirla innecesariamente
- Verificar que los burletes cierren bien
- Ubicarla lejos de fuentes de calor
Un mal cierre o una apertura frecuente obligan al motor a trabajar más, aumentando el consumo de forma silenciosa pero constante.
Otro aparato muy utilizado es el lavarropas. Hay que tener en cuenta que el principal responsable del gasto es el calentamiento del agua. Por ese motivo, es importante priorizar programas con agua fría y en modo “eco”. Pasar de agua caliente a fría puede reducir hasta un 40% el consumo en ese uso.
Uno de los dispositivos que más incide en el consumo de electricidad de un hogar es la televisión. Al igual que con la heladera, es uno de los aparatos que siguen consumiendo energía incluso apagados. Actualmente, representa más del 11% del consumo.
Es clave apagar la televisión cuando no se usa. Peor hay que tener en cuenta que muchos dispositivos siguen consumiendo energía incluso apagados. Este “consumo fantasma” puede representar hasta el 10% del total del hogar.
Qué tan eficiente es la freidora de aire
La freidora de aire, o air fryer, es uno de los electrodomésticos más populares en los hogares hoy en día, ya que promete alimentos más saludables. No obstante, las personas suelen preocuparse por el gasto de energía que podría generar este electrodoméstico.
Las freidoras usan entre 1400 y 1700 vatios por hora. Por ende, si se emplea durante 30 minutos, el consumo estaría entre 0,7 y 0,85 kilovatios hora (kWh). Este dispositivo cocina con un sistema de circulación rápida de aire caliente, lo que permite que los alimentos estén listos en menos tiempo y de manera uniforme sin el uso de aceite.
No hace falta precalentar durante largos minutos ni calentar grandes volúmenes de aire, como sí ocurre con los hornos convencionales. Además, su tamaño compacto ayuda a que consuma menos energía, ya que la cámara de cocción es más chica y necesita menos electricidad para alcanzar la temperatura ideal.
Como con cualquier electrodoméstico, su uso implica un consumo de energía que puede repercutir en la factura de luz al final del mes.
Para maximizar la eficiencia de la freidora de aire y minimizar el impacto en el gasto energético, lo ideal es cocinar varias porciones a la vez, no abrirla durante la cocción, precalentar solo si es necesario, apagarla un poco antes y mantenerla siempre limpia.
Hábitos simples que generan ahorro real
Más allá de cada aparato, existen prácticas cotidianas que, acumuladas, tienen un impacto directo:
- Desenchufar cargadores cuando no se usan
- Aprovechar la luz natural durante el día
- Reducir horas de uso innecesarias en pantallas
- Agrupar tareas (lavado, planchado) para optimizar la energía
Con estos pequeños cambios sostenidos en el tiempo se pueden bajar considerablemente los gastos en la factura. Por lo tanto, el ahorro no depende de grandes inversiones, sino de decisiones diarias.
Otro factor clave es la elección de los electrodomésticos. Los modelos más nuevos, con mejor clasificación energética, consumen considerablemente menos que los antiguos. En algunos casos, la diferencia puede superar el 50%.
Si bien el recambio implica una inversión inicial, el ahorro a mediano plazo suele compensarlo.
Reducir el consumo eléctrico no implica resignar comodidad, sino adoptar un uso más inteligente de la energía. En tiempos donde cada kilovatio cuenta, la información y los hábitos se convierten en las herramientas más efectivas para aliviar el impacto en el bolsillo.
RM/EO






