El nivel de vértigo e inestabilidad que caracteriza al gobierno de Javier Milei se muestra de cuerpo presente desde hace ya casi dos semanas, con la pérdida de uno de los principales activos de la gestión libertaria: la iniciativa política. Después de las elecciones de octubre del año pasado -rescate de EE.UU. mediante- y tras el alineamiento inmediato de casi todo el sistema político, parecía que Milei se comía el mundo.
El Presidente avanzó a paso firme en las sesiones extraordinarias del Congreso y logró, nada menos, que el sueño húmedo del poder económico, la reforma laboral. El Ejecutivo lo sabía. Había que apretar el acelerador, porque los aliados del verano podrían convertirse en opositores en marzo. Si bien este cambio de vientos todavía no se materializó, dos hechos nacidos en terreno propio pusieron al Gobierno a la defensiva. El Adornigate y las nuevas revelaciones del caso $Libra le arrebataron casi por completo el manejo de la agenda a LLA.
No alcanzó con volver a un escenario a gritar zurdos de mierda, no alcanzó con otro premio falopa en España, no alcanzó con viajar por tercera vez en diez días y lanzar más bravuconadas desde Hungría. No alcanzó. Tampoco alcanzó con llevar a Cristina a Tribunales a declarar. Algo se quebró. Porque, además de la crisis política autoinflingida, la economía da cada vez más indicios de no marchar de acorde al plan y crece el contraste entre los discursos y la realidad.
Toto Caputo se contradijo en dos reportajes en la misma semana intentado disimular que no puede domar la inflación, aunque era muy sencillo hacerlo y era, en todo momento y en todo lugar, un fenómeno monetario. Primero dijo “vamos a seguir bajando la inflación” y después ensayó su propio “veníamos bien y pasaron cosas”, porque hace nueve meses que el índice de precios no solo no baja, sino que sube o, en el mejor de los casos, se estanca cerca de los tres puntos.
La guerra que sacude al mundo entero puso al precio del petróleo por las nubes y la Argentina quedó desnuda, gracias al artículo de la Ley Bases que ata los precios locales al internacional y la decisión deliberada de no intervención para cuidar el bolsillo de la ciudadanía. Sin contar con el riesgo de quedarnos sin gas por la paralización de obras clave para el desarrollo energético local.
La desprotección es total. Y no solo en términos económicos. La respuesta de Irán a Milei fue contundente: nuestro país “cruzó una línea roja”, al calificar a Irán de enemigo y anunciar que “estamos en guerra” contra el Régimen junto a Israel y EE.UU. ¿Qué puede salir mal?
Mientras tanto, la realidad aflora a borbotones. Y te la mostramos en La Pluma esta semana:
La desocupación creció al 7.5%. Más de un millón de personas no tiene laburo. Datos del Indec, que consideran que quien trabajó una hora en una changa no es un desocupado. Estimaciones privadas hablan de un desempleo de más del 13%.
Más del 25% de las familias están endeudadas con billeteras virtuales. Los niveles de mora de los hogares con los bancos son los más altos de los últimos 20 años. Cierran treinta Pymes por día. El (no) consumo de carne también mete récord: es el más bajo de las últimas dos décadas. Una familia tiene que ganar más de 3 millones de pesos para ser de clase media. ¿Quién gana más de 3 millones de pesos hoy en la Argentina? Y los jubilados de la mínima comen una vez al día.
En febrero cayeron de nuevo las importaciones, porque cae el consumo y por más apertura comercial que apliques, si no hay plata, no hay consumo ni de adentro ni de afuera. Es tan sencillo como eso.
Para colmo de males, este mes volvieron a aumentar todos los servicios. Luz, gas, agua, telefonía, transporte, medicina prepaga, colegios privados. La venta en los supermercados y shoppings volvió a desplomarse y no hay perspectiva de reversión. Cuatro de cada cinco supermercadistas no esperan una mejora, según el Indec.
La única buena noticia que Milei y Toto pudieron celebrar en sus redes sociales esta semana fue el crecimiento económico de 2025 del 4.4%. Sin embargo, acá es donde se ve con claridad el modelo libertario. El crecimiento estuvo empujado, por ejemplo, por la intermediación financiera y la minería. Industria, comercio, hoteles y restaurantes arrojaron cifras negativas. Precisamente los sectores donde se desangran los puestos de trabajo que no pueden ser absorbidos por los rubros que sí se expanden. Esa es la Argentina de Milei.
La tormenta perfecta para el gobierno. La economía real que se desploma y una crisis política que los Milei no logran controlar. Cada día que sostienen a Adorni, pagan un precio más caro y suman desgaste. Y cada revelación del celular de Mauricio Novelli en la causa $Libra pone más contra las cuerdas a los hermanos presidenciales.
En definitiva, no les queda nada para mostrar. No hay tierra prometida. No hay mejora del poder adquisitivo. No hay más laburo. No baja la inflación. No hay mejor calidad de vida para las mayorías.
Por ahora, sólo les quedan las provocaciones, los insultos redoblados y la batalla cultural.
Sofi Caram – Directora de La Pluma





