Mientras el conflicto en Medio Oriente azota a las economías emergentes, otro fenómeno se asoma en este 2026. Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EEUU (NOAA), existe un 81% de probabilidades de que se produzca un fenómeno de El Niño muy intenso entre octubre y diciembre, que se convertirá en uno de los más potentes registrados desde 1950. Catalogado como Super El Niño, este fenómeno ocurre cada dos a siete años, y desestabilizará las cosechas y los suministros de alimentos en Asia, África y Sudamérica.
En ese contexto, los bancos centrales se ven obligados a suspender los recortes de tasas de interés programados para la segunda mitad del año. Gillian Edgeworth, gestora de carteras de renta fija en Wellington Management, explicó: «Empezamos este año con muchos bancos centrales que pensaban que tenían margen para recortar las tasas. Y ahora vemos que los bancos centrales dejan de recortarlas, y algunos de ellos incluso las están subiendo. No veo espacio para recortes rápidos en la segunda mitad del año».
En Sudamérica, los países más vulnerables son Colombia y Perú. En el primero la inflación se refleja en la alta dependencia del país de la energía hidroeléctrica, ya que cuando los embalses se reducen, el sistema recurre a la generación térmica, más cara, por lo que encarece la energía y presiona los precios. Por su parte, el banco central peruano desvió sus proyecciones inflacionarias ya que el fenómeno puede impactar directo en la pesca y agricultura.
Mientras tanto, la India, principal exportadora de arroz del planeta y segunda productora de azúcar, es uno de los más expuestos. Su Departamento Meteorológico India alertó sobre precipitaciones que podrían ser las más escasas en más de una década, y si bien suele recomponerse a los efectos de El Niño, la inflación por encima del objetivo del 4% del banco central puede provocar un endurecimiento de la política monetaria.
También en Asia, los bancos centrales de Filipinas, Indonesia, Corea del Sur, Pakistán y Sri Lanka ya aplicaron al menos una suba de tasas en lo que va del año, y se puede profundizar con un episodio del fenómeno climático. El impacto en África variará según la región. Kenia y Sudáfrica son especialmente vulnerables a las disrupciones agrícolas relacionadas con el clima, y ya alertaron por un riesgo de inflación. En Europa Central y Oriental, el impacto es mucho menor, y se pueden ver perjudicadas Polonia, Hungría y Rumania para lo que resta del año.
¿Qué pasa con Argentina?
A diferencia de todos estos ejemplos, Argentina podría ser uno de los pocos países beneficiados por El Niño. Las precipitaciones más abundantes ayudarían a la zona pampeana a recargar las reservas de agua en los suelos, favoreciendo así la producción de cereales y oleaginosas.
De esa manera, los saldos exportables del sector agropecuario mejorarían e incrementarían la recaudación por derechos de exportación, un escenario positivo para las reservas del Banco Central por la ágil liquidación de divisas.
Sin embargo, el impacto del fenómeno en Argentina no sería exclusivamente positivo, ya que aumentarán las chances de lluvias por encima de los valores normales, tormentas severas y episodios de granizo de mayor intensidad durante la primavera y el verano.
Las regiones con mayor nivel de exposición serían el Litoral, el este de Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y el norte de la provincia de Buenos Aires, donde históricamente los eventos intensos de El Niño generan excesos hídricos. Los especialistas aclaran que esto no implica precipitaciones constantes, sino una mayor probabilidad de fenómenos meteorológicos extremos, con importantes acumulados de agua en cortos períodos de tiempo, capaces de provocar inundaciones y complicaciones para la infraestructura, la producción y el transporte.
Frente a este escenario, el Gobierno nacional puso en marcha un plan de coordinación para reforzar la respuesta ante posibles emergencias. A través del Plan de Coordinación Federal ENOS 2026/2027, el Ministerio de Seguridad Nacional dispuso un esquema de trabajo conjunto entre la Nación y las provincias para prevenir y actuar frente a inundaciones, crecidas y otros eventos hidrometeorológicos asociados al fenómeno, con la participación de organismos como la Agencia Federal de Emergencias, el Servicio Meteorológico Nacional y el Instituto Nacional del Agua.
El operativo abarcará inicialmente Buenos Aires, Ciudad de Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes, Chaco, Formosa y Misiones, aunque podrá ampliarse si las condiciones meteorológicas lo requieren. El plan contempla el monitoreo permanente del fenómeno, la emisión de alertas tempranas y el despliegue de recursos federales cuando la magnitud de los eventos supere la capacidad de respuesta de las jurisdicciones afectadas.
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