Tras una jornada de masivas protestas contra el encarecimiento del costo de vida que derivó en saqueos, incendios y enfrentamientos, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, se dirigió este domingo al país en un mensaje televisado de menos de diez minutos. . “Nada justifica la violencia”, lanzó el mandatario, quien responsabilizó a “radicales de la extrema izquierda” por parte de los disturbios y reclamó que los responsables respondan por los daños ocasionados.
Durante su discurso, Macron no dio respuestas a los reclamos de los estudiantes y se limitó a pedir distinguir a quienes protagonizaron los hechos violentos de los cientos de miles de ciudadanos que participaron pacíficamente de las movilizaciones del sábado. “Quienes destruyeron deben pagar, quienes saquearon deben indemnizar”, sostuvo, al tiempo que prometió que “se garantizará total transparencia” sobre lo ocurrido. Asimismo, manifestó su preocupación por las consecuencias de los incidentes y aseguró que el Gobierno brindará “ayudas rápidas” a los comerciantes y artesanos afectados.
“Todos sentimos esta noche rabia y vergüenza (…) Ver las calles de nuestras ciudades devastadas de este modo es insoportable”, expresó el presidente, quien también dirigió un mensaje a los representantes políticos y les pidió “condenar sin vueltas” los episodios de violencia. En ese sentido, advirtió que “cada uno debe asumir sus responsabilidades” y remarcó que Francia “necesita orden, calma y no una escalada”, en un contexto de creciente tensión política de cara a las próximas elecciones presidenciales.
Estallido social en Francia
Por su parte, las autoridades francesas informaron que las manifestaciones reunieron a unas 550.000 personas en todo el país, mientras que los organizadores elevaron la cifra a aproximadamente 800.000. Las movilizaciones fueron impulsadas por sindicatos, organizaciones estudiantiles y activistas que buscan reactivar el movimiento de los “chalecos amarillos”, surgido en 2018 para denunciar la injusticia social.

Entre los episodios más graves se registró el incendio del ayuntamiento de Limoges, en el centro del país, cuyo techo se derrumbó y dejó el edificio prácticamente destruido. Además, en Marsella, un grupo de manifestantes ingresó brevemente al vestíbulo del ayuntamiento y varias personas dañaron una comisaría, mientras que en Lyon se produjo un incendio en una oficina de turismo. En París, en tanto, los alrededores de la Place de la République quedaron cubiertos de vidrios rotos, adoquines arrancados y escaparates destrozados.
En cuanto al accionar policial, los reportes oficiales señalaron que las detenciones se acercaron a las 2.400 en todo el territorio francés y agentes resultaron heridos. En la región de París, la Policía informó de 855 personas detenidas, de las cuales 557 quedaron bajo custodia. Asimismo, las autoridades confirmaron que una persona murió tras sufrir un ataque cardíaco en la capital, aunque no brindaron mayores detalles, mientras que la fiscalía abrió una investigación para esclarecer las circunstancias del caso.
En el plano político, la líder de ultraderecha Marine Le Pen responsabilizó al dirigente de izquierda Jean-Luc Mélenchon por el clima de violencia y afirmó que los alborotadores “han vuelto a arruinar las protestas del 17 de octubre”. Mélenchon, por su parte, rechazó esas acusaciones y sostuvo que “quienes comparten nuestra lucha no tienen nada que ver con el saqueo o la destrucción”. De este modo, los disturbios profundizaron el enfrentamiento entre los distintos sectores políticos, que buscaron capitalizar las consecuencias de los incidentes.
A su vez, el alcalde de París, Emmanuel Grégoire, advirtió sobre la magnitud de los daños y afirmó que era “considerable y sin precedentes”. No obstante, defendió el derecho a la protesta al señalar que “París es una ciudad de libertades, debate y manifestaciones. Debe seguir siéndolo”, aunque insistió en la necesidad de garantizar condiciones de seguridad para los trabajadores y comerciantes. En la misma línea, los alcaldes de París, Marsella y Lyon solicitaron una reunión con el primer ministro para abordar las consecuencias de los disturbios.
GLF









