En los últimos meses se hicieron públicos casos de violencia hacia niños y niñas dentro de su ámbito familiar y pusieron el foco en una situación que sucede puertas adentro y que es más común de lo que parece. La Pluma lanza el cuarto episodio de “Armacabezas”, el programa de streaming conducido por Sofía Caram, directora periodística del diario. En el capítulo “Avanza la violencia infantil. Los cuerpos de las infancias, un territorio vulnerado” participaron la exdefensora de Niños, Niñas y Adolescentes de la Nación e integrante del área de violencia familiar de la Corte Suprema de la Provincia de Buenos Aires, Marisa Graham; la psicóloga, especializada en orientación a padres y profesora de la Universidad de San Isidro, Maritchu Seitún; y la psicóloga y socióloga, presidenta de la Sociedad Argentina de Terapia Familiar y directora de Escuela para Madres y Padres, Claudia Messing.
Uno de los disparadores de la charla fue la potestad sobre el cuerpo de los niños y las niñas que los adultos creen tener y el impacto que eso tiene. “Yo hago el ejercicio de trasladarlo a lo que pasó con el Ni Una Menos y cómo las mujeres logramos que la sociedad toda empiece a tomar conciencia que nuestros cuerpos son nuestros. ¿No tenemos esa misma conciencia con el cuerpo de las niñas y los niños?”, preguntó Caram.
Para Messing, el maltrato que uno aplica en un niño es replicado. “Lo va a replicar con sus compañeritos en la escuela o con los propios padres cuando crezca. Además de que es inaceptable porque no se puede violentar el cuerpo de un niño por la dignidad humana, las consecuencias del maltrato físico son terribles. Desde dejarlo tonto hasta que el chico se convierta en un violento”.
En ese sentido, Graham agregó otra consecuencia: que se deje violentar. “Es igual de grave. Que esté ofrecido, así como se ofreció al padre o a la madre a ser objeto de su violencia, se ofrezca también después a otros en el futuro”.
Seitún agregó que hay que tomar conciencia de que los chicos “son rehenes en nuestras manos porque no pueden defenderse”. “El adulto tiene que hacerse cargo de que ‘vos sos chiquito y yo tengo que defender tus derechos’. Yo me tengo que hacer cargo de cuidar y de poner límites, pero al mismo tiempo, sin abusar, sin burlarme y tomando mucha conciencia. Para eso hay que recordar mucho la historia, qué pasó en mi infancia para no repetir. Repetimos porque recordar es muy doloroso. Es mucho más fácil repetir que recordar”, agregó.

Según una encuesta de UNICEF del año 2020, 6 de cada 10 chicas y chicos son criados con prácticas violentas, como gritos, humillaciones y castigos físicos. El informe sostiene que si bien el 97% de las madres o cuidadoras manifiestan que los menores no deben ser castigados físicamente en la crianza y educación, el 59% de los hogares utiliza métodos de crianza violenta como agresiones verbales y castigo físico (el 52% agresión psicológica, el 35% física y el 7% agresión física severa). Entre las infancias y adolescencias con discapacidad, la utilización de estos métodos de crianza violentos asciende al 72%.
Graham puso algunos ejemplos para interpretar estas cifras. En las provincias cordilleranas, por ejemplo, se habla de los permitidos al cuerpo de los niños. “Está el mechoneo, la servilleta, pegar con palitos en las piernas, el zamarreo, que es típico. Les digo a mis alumnos que hagan el ejercicio de ir a un shopping y ver a las 3 horas a una nena o un nene que ya está cansado, se quiere ir a su casa, y la mamá y el papá siguen y empiezan. zamarreando a los chicos.
Cuanto más chiquitos son es más avasallado el físico. Te pego, te tiro del pelo, te pellizco. Pero cuando van creciendo es la humillación a través del insulto”, explicó.
Para Messing, una solución es habilitar a los niños a usar el lenguaje emocional y conmoverlos. “Si los padres pueden aprender a conmover a sus hijos, esta batalla va a tener otro final y no el final del zamarreo. ¿Por qué hacen eso los padres? Por impotencia, por no saber qué hacer, por no poder llegar. Estos chicos son diferentes, confían en su criterio, por eso no quieren aceptar lo que los padres dicen, salvo que se sientan conmovidos. Todavía nos manejamos con el imaginario del chico que tenía autoridad en la cabeza y no nacen con principio de autoridad, nacen con principio de paridad psíquica”, explicó.
CDB/VDM






