Abelardo de la Espriella irrumpió en la política colombiana como un outsider de discurso confrontativo, admirador declarado de Donald Trump y Javier Milei, y con una campaña basada en la seguridad, la reducción del Estado y el rechazo total al gobierno de Gustavo Petro. A sus 47 años, el abogado penalista nacido en Montería logró convertirse en una de las figuras más disruptivas de la política colombiana y quedarse con el desenlace de la carrera presidencial de 2026.
Fundador del movimiento Defensores de la Patria, De la Espriella construyó durante décadas una imagen pública asociada al éxito profesional, la exposición mediática y el estilo de vida lujoso. Viajes en avión privado, residencias entre Estados Unidos e Italia y vehículos de alta gama forman parte de una estética que él mismo exhibe como símbolo de prosperidad.

Sin embargo, detrás de esa imagen aparecen numerosas controversias. Su carrera jurídica creció durante los años de la desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), proceso en el que representó a dirigentes políticos vinculados a escándalos de parapolítica. Diversos periodistas de investigación, entre ellos Daniel Coronell, han señalado que el espectacular crecimiento económico de su estudio jurídico coincidió con la defensa de políticos acusados de mantener relaciones con grupos paramilitares.
Entre sus clientes más polémicos figuran la excongresista Eleonora Pineda, condenada por parapolítica; el empresario David Murcia Guzmán, responsable de una de las mayores estafas piramidales de Colombia; y Alex Saab, acusado por Estados Unidos de lavado de dinero y posteriormente incorporado al gobierno venezolano.

Su figura también ha estado rodeada de acusaciones provenientes de antiguos clientes y exjefes paramilitares, quienes lo señalaron por presuntas irregularidades en negociaciones judiciales. Aunque De la Espriella rechazó sistemáticamente esas denuncias y nunca fue condenado por ellas, las sospechas han acompañado buena parte de su trayectoria pública.

En el plano ideológico, el candidato se presenta como el principal referente de la nueva derecha colombiana. Propone reducir el tamaño del Estado en un 40%, construir megacárceles para combatir la inseguridad, endurecer la política frente a grupos armados y reactivar sectores productivos mediante desregulación económica. Su discurso combina elementos del modelo de seguridad impulsado por Nayib Bukele con las políticas de ajuste promovidas por Javier Milei.
Pese a definirse como un outsider, De la Espriella proviene de sectores tradicionales del poder económico y jurídico colombiano. Sus detractores lo consideran un representante de las élites conservadoras que busca capitalizar el descontento social; sus seguidores, en cambio, lo ven como el dirigente necesario para poner fin al ciclo político iniciado por Petro.
AL/CM






