Vanesa Morla tuvo un trabajo difícil de explicar: asistente, nexo familiar (aunque no con toda la familia), encargada de compras (alimentos, artículos de limpieza y un lluvero de esos que funcionan como ducha y como bidet); organizadora de mudanzas, acordadora y pagadora de sueldos, gestionadora de atención médica VIP en «la Suizo», agente de viajes, atendedora de teléfono full time, recepcionista de comentarios, transmisora de esos comentarios. Vanesa Morla fue un satélite que orbitaba alrededor de Diego Maradona.
Es la hermana de Matías Morla, quien fuera apoderado del exfutbolista desde 2014 hasta el 25 de noviembre de 2020, cuando murió. Y es, también, esposa de Maximiliano Pomargo, secretario de Maradona, quien estuvo con él en la casa del Tigre durante la internación domiciliaria. «Nuestra vida era hablar 24 horas de Diego Maradona», dijo -entre otras cosas- Vanesa Morla, que declaró en el juicio por el fallecimiento de Diego.
Interrogada por el fiscal Patricio Ferrari sobre cómo llegó Maradona a esa vivienda del barrio San Andrés, Vanesa arrancó así: «Se decide que Diego no vuelva a Brandsen. Él aceptó y se empiezan a buscar opciones». Supimos en este debate que Gianinna prefería estar cerca de su padre por eso la búsqueda fue en la zona norte de Buenos Aires. Era pandemia, no había tanta oferta de casas para ocupar de inmediato, según Vanesa: «Había cuatro disponibles».
De esas cuatro, siguió la testigo, envió links a Maradona, que todavía estaba en la Clínica Olivos y se quería ir. «De esas cuatro opciones, Diego elige una, la del Tigre. Se le mandan fotos y videos, y fotos extra. Y se hizo una videollamada con la gente de la inmobiliaria. Luego le envié el link de la publicación a Jana para que vaya a ver la casa. A Verónica Ojeda también se lo envié, pero no me respondió. Estaba enojada porque no quería que Diego se fuera de Brandsen«, relató.
Lo que siguió fue rápido: de acuerdo a Vanesa, Jana fue a ver la casa del Tigre y al día siguiente firmó el contrato de alquiler. Aquí dos cuestiones: Jana dice que no fue a chequear la casa sino que se acercó directamente a firmar el contrato, como si ya estuviera dado el okey; y Gianinna dice que ella también colaboró con la búsqueda de casas, pero que sus propuestas fueron descartadas por Pomargo. «El que decidía las cosas era Diego Maradona», aseguró Vanesa Morla y colgó la pelota.
Una forma de trasladar la responsabilidad a quien ya no puede responder: la víctima. En este juicio el lugar donde iba alojarse Maradona para el post operatorio por el hematoma subdural y la rehabilitación por el consumo de alcohol no es menor. La casa del barrio San Andrés no era apta para ningún tratamiento o cuidado. Diego no podía subir solo las escaleras hasta el primer piso, donde estaba la ducha. El playroom que habían acondicionado para que durmiera no tenía privacidad.
Sobre ese dormitorio, Vanesa explicó: «Siempre tenía un espacio en la planta baja para dormir la siesta, le gustaba dormir la siesta cerca del living«. No supo explicar por qué Diego terminó ocupando sólo ese lugar. Sobre las ventanas tapiadas con durlock: «Es que Jana había visto un vidrio roto y temía que su padre se lastimara». Pero también se dijo aquí, en el juicio, que bloquearon las ventanas porque «a Diego le molestaba la luz». Son versiones. La versión de Vanesa necesita a otro, otro dijo, otro hizo, otro aceptó. Maradona no está aquí para responder.
Ella no formaba parte de ningún grupo de WhatsApp referido a los cuidados, pero «se enteraba». Vemos chats, escuchamos audios. La psiquiatra Agustina Cosachov le cuenta en un audio cómo será la internación domiciliaria: «El equipo vamos a ser (Leopoldo) Luque, Charly (N. de la R.: por Carlos Díaz, psicólogo) y yo, la psiquiatra. Y después nos van a mandar enfermeros por turnos, calculo que de ocho horas, y acompañante terapéutico. No hay mucho qué preparar. Que la casa esté más o menos coherente, la heladera llena… No es que va a caer un equipo de gente ahí, con máquinas«.
En otro audio, el neurocirujano Leopoldo Luque la pone al tanto de una situación médica. Y en otro le pide la historia clínica y la epicrisis porque él no tenía acceso. Le avisa, además, que va a armar una «historia clínica bien». Hablan de sueros y Vanesa le dice que habrá que hacer «un reajuste en la medicación porque Diego está durmiendo mucho». Hay información que circula por vías laterales, reportes, comentarios: ¿por qué a ella, si aseguró a los jueces que no tenía injerencia alguna en cuestiones médicas?
Responderá Vanesa: «Eran consejos humanos. La vida cotidiana. Luque me ponía al tanto de las cosas. Había conflictos familiares y después, las consecuencias cuando Diego se enteraba. Yo esa información se la transmitía a los familiares«. Su alcance eran las hermanas de Maradona, Verónica Ojeda -con la que hablaba todos los días, varias veces por día- y Jana, con distancia. «Con las únicas con las que no hablaba es con Dalma y Gianinna, nunca tuve sus teléfonos», aclaró.
Más adelante en su declaración, sobrevino el tema de los sueldos a los médicos. La psiquiatra Cosachov le envió un audio con dos opciones de honorarios semanales. Vanesa eligió el del monto menor, que incluía viáticos.
Con Luque fue distinto. En principio porque el neurocirujano se había acercado a Maradona en 2016. Cuando se instaló en la Argentina -después de Dubai, después de México-, Diego le pedía que le sacara turnos: turno en el dermatólogo, en el dentista, en el oculista.
«Vos conmigo te salvaste con lo que te pago», contó Vanesa que le dijo un día Maradona a Luque. «Si vos no me pagás», le respondió el neurocirujano. «Y ahí se acordaron los honorarios a través de un contrato», recordó Vanesa ante el tribunal. El pago se hacia en «la oficina», como llaman los Morla a la administración, ubicada en Puerto Madero.
A su turno, Mario Baudry, representante de Dieguito Fernando y Verónica Ojeda, le hace notar a Vanesa que en la pantalla está el comprobante de una transferencia bancaria hecha por Luque a Vanesa. Se supone que es al revés. Baudry quiso saber por qué Luque le pagaba a ella: «Es que empecé a realizar algunas tareas para él y él me había pagado», respondió Vanesa, la voz atenuada. No alcanza, ¿qué tareas? (esa intervención la hizo el juez Alberto Ortolani; no Baudry) Y ella contestó: «Gestiones de marketing, contactos con gente, armar reuniones…»
Sobrevuela la sospecha: ¿»la oficina» cobraba retornos? Sigue sin quedar claro. ¿Vanesa Morla mordía del sueldo que le pagaba a Luque por estar a disposición de Maradona? Quiso despejar Vanesa: «No, no, es que yo había realizado tareas para él, y él no me pagaba«. ¿Qué tiene que ver esto con la muerte de Maradona? Esta cronista no ve la conexión pero le interesa.
A su turno, Nicolás D’Albora, defensa de Nancy Forlini -coordinadora de cuidados domiciliarios de Swiss Medical e imputada en esta causa-, avisó que iba a exhibir un chat que había sido extraído con el programa Celebrity. Vemos en pantalla un ida y vuelta entre Vanesa Morla y Luque. Enero de 2020, Luque avisa que pasará a cobrar. Ella le pide que pase al día siguiente. El intercambio termina así: «Después te mando a alguien por mi pedazo», escribió Vanesa. Hay murmullos en la sala, la palabra «pedazo» siempre da gracia. «Yo aprovechaba para cobrarle lo que me debía», musitó la testigo.
¿Qué probaría esto? La relación laboral entre Luque y el entorno inmediato de Maradona por un tiempo que al menos arranca desde la firma del contrato, tráfico de información, un manejo sutil de la casa.
La defensa de Luque jugó su carta: el neurocirujano emitió su última factura por octubre y nunca más reclamó un pago; un chat del 3 de noviembre -Maradona estaba internado en Ipensa, por operarse- en el que le dice «en 15 días salgo de ésta, Vane, por favor». Se infiere que Luque da por terminada esa relación antes de la internación domiciliaria, que arrancó el 11 de noviembre.
Diego murió catorce días después, el 25 de noviembre. La psiquiatra Agustina Cosachov anticipaba que iba a haber problemas con la herencia y, vía audio, le pidió a Vanesa que «la oficina» se pusiera al día. Sólo había cobrado una semana del mes y se iba la cuarta. Lo escuchamos en un audio. ¿Y el psicólogo Carlos Díaz? Nunca llegó a acordar sus honorarios. Fue el último en entrar en la vida de Maradona. Y no, no quiso reclamar el mes de trabajo que le correspondía. Está imputado, como otros siete en este juicio, por homicidio.
VDM






