La de 2023 será recordada como la última batalla electoral en la que Mario Secco se anotó como candidato a intendente de Ensenada. Al impedimento legal se suma ahora una decisión personal: no volver a competir. La apuesta, sin embargo, es que su apellido siga ocupando el sillón municipal de la mano de su hijo Nicolás.
Antes de aquel turno, la conversación sobre posibles sucesores era evadida por el equipo del intendente, que llegó al municipio en 2003. “Hoy no es un tema prioritario para el frente político que conduce el intendente; por lo tanto, no se están delineando estrategias para definir sucesiones”, señalaban en 2021 desde la administración seckista. En el universo político ya se barajaba que muchos intendentes impedidos de competir por un nuevo mandato pudieran hacerlo si se modificaba la ley que puso tope a las reelecciones. Secco nunca comulgó con esa norma. Siempre consideró que debía ser el electorado quien definiera quién lo conduce.
“¿De qué democracia hablamos si no dejamos elegir y condicionamos el voto? ¿Quién soy yo para prohibir que a alguien lo voten? ¿Hablamos de democracia pura y limitamos?”, se quejó hace un tiempo. En sus filas, si bien ahora evitan hablar de nombres, advierten que aun si esa ley se modificara, tampoco sería candidato en 2027.

“No tiene interés en reelegir, quiere que haya renovación”, indicaron a La Pluma Diario. En mayo pasado, durante la inauguración de un nuevo edificio municipal, comenzó a despedirse: “Construimos una nueva Municipalidad para los próximos 100 años. Nosotros estamos de vuelta y nos estamos marchando”.
Mario Secco conduce los destinos de Ensenada desde el mismo año en que Néstor Kirchner asumió la Presidencia. De origen sindical, su vínculo con el municipio nació como trabajador del corralón, desde donde dio el salto a la Secretaría General del Sindicato Municipal en 1994, cargo en el que permaneció hasta asumir la Intendencia. Dueño de una lengua filosa y de un temperamento que no deja lugar al titubeo, en cada elección no dejó margen para que la oposición asomara.

En 2023 logró su sexto mandato con el 62,94% de los votos y en las legislativas de 2025, el oficialismo alcanzó el 68,8%. En esa última elección también fue candidato testimonial, encabezando la lista al Concejo Deliberante. Fue uno de los primeros intendentes en anunciar esa jugada y, una vez más, surtió efecto.
Camino a 2027, el nombre que se perfila es el de su hijo Nicolás, secretario general adjunto del Sindicato de Trabajadores Municipales y miembro del bloque de concejales, espacios que ocupa desde 2018 y 2015, respectivamente.
En Ensenada definen la conducción de Secco padre como centralista y personalista, sin margen para que surjan otros perfiles del campo nacional y popular con intención de competir en una interna. A la hora de mencionar otros dirigentes con posibilidades, advierten que “no existen”.

A modo de ejemplo, el interbloque seckista reúne a concejales que responden de forma directa al intendente y combina cuadros históricos de lealtad absoluta, recambio generacional, referentes vecinales y representación gremial. De hecho, la presidenta del PJ local, Nora Turconi, referente del Movimiento Evita, también responde al intendente.
En diciembre pasado, luego de ocho años al frente de la Dirección de Cultura, renunció Esteban Bravo, una salida que se vinculó con la interna entre el kirchnerismo y el axelismo. Secco es un ferviente defensor del gobernador Axel Kicillof y Bravo es uno de los principales referentes de La Cámpora en Ensenada.
Con este escenario, el camino de Secco hijo está despejado. Habrá que ver si, a la hora de la competencia con la oposición, puede retener el caudal de votos de su padre y comenzar a configurar, a orillas del río, una dinastía en Ensenada.
MES/CM










