La votación del miércoles en Diputados dejó mucho más que una derrota opositora en el intento de interpelar a Manuel Adorni. Quedó una foto política más incómoda para el PRO, porque es el partido que impulsó como bandera el proyecto de Ficha Limpia y esta semana fue clave para blindar en el Congreso al jefe de Gabinete, hoy jaqueado por denuncias de presunto enriquecimiento ilícito, malversación de fondos públicos y dádivas.
La ofensiva contra Adorni no prosperó porque se trató de un apartamiento de reglamento en una sesión especial y se necesitaba mayoría agravada. Pero el dato político quedó a la vista: La Libertad Avanza no alcanzaba sola para sostener al funcionario. Necesitaba al PRO. El partido que fundó Mauricio Macri (y ahora controla a medias) estuvo a través de los votos que tiene en la Cámara Baja. Cristian Ritondo ordenó a su bloque para votar con el oficialismo y evitar que el ministro coordinador quedara obligado a dar explicaciones en el recinto por sus viajes, propiedades y operaciones bajo investigación judicial.
La jugada no pasó inadvertida. “Hoy es más libertario que PRO”, resumieron diputados de la oposición en diálogo con La Pluma para caracterizar al exministro de Seguridad de María Eugenia Vidal. En los pasillos de la Cámara Baja el miércoles se habló más de Adorni que de la propia reforma de la Ley de Glaciares.

Ritondo, entre Macri y Milei
La defensa parlamentaria de Adorni volvió a dejar en evidencia el lugar que ocupa Ritondo en el nuevo mapa de la derecha. Mientras Macri hablaba en el encuentro nacional del PRO de “recuperar el protagonismo” rumbo a 2027, el diputado bonaerense salía casi en simultáneo a confirmar como inevitable una alianza con La Libertad Avanza en la provincia de Buenos Aires.
Ese doble juego es el que hoy define la fisonomía del PRO. En la actualidad es un partido que intenta preservar una identidad propia en el discurso, pero que en los hechos funciona como sostén legislativo del Gobierno incluso en sus peores momentos. El bloque que conduce Ritondo ya había tomado la decisión de no facilitar una interpelación a Adorni y de bajar públicamente la línea de que “las explicaciones las debe dar en la Justicia”. Esa fue, finalmente, la conducta que prevaleció en el recinto.
La postura, sin embargo, no tapa el malestar interno. En el PRO repiten en público que la causa debe avanzar en tribunales, pero en privado varios miran con desconfianza los episodios que rodean al jefe de Gabinete. Esa incomodidad convivió el miércoles con otra certeza: si el bloque amarillo soltaba la mano, Adorni quedaba mucho más expuesto.
La votación fue reveladora por eso. La oposición reunió 124 votos a favor de interpelarlo y 118 en contra, un número que no alcanzó por tratarse de un apartamiento, pero que igual mostró una mayoría política contra el funcionario. También expuso quiénes estuvieron de cada lado.

Adorni 2027, Bullrich y la guerra por la Ciudad
La defensa de Adorni no es solo una cuestión coyuntural. También tiene proyección electoral. El jefe de Gabinete fue el candidato que Karina Milei eligió para disputarle al PRO su bastión porteño y ganó, pero en elecciones legislativas y con una candidatura testimonial. Por eso, aun golpeado, sigue flotando una pregunta en el ecosistema oficialista: ¿sigue en pie el proyecto Adorni 2027 para la Ciudad?
Algunos legisladores de la oposición consideran que ni siquiera llega al 29 de abril, fecha fijada para su primer informe de gestión en Diputados. Lo esperan con 5000 preguntas, mientras en Casa Rosada no descartan una presentación por escrito que evite la exposición del ex vocero. En el karinismo la idea de proyectarlo sigue viva. Adorni es, todavía, una pieza del armado porteño de Karina. Pero quien aparece en ese tablero también es Patricia Bullrich, otra ex PRO reconvertida a violeta, que quiere tener protagonismo en la capital y que inquieta a la hermana del Presidente.
La hermana del Presidente no quiere a Bullrich como candidata en la Ciudad. En la Casa Rosada crece la desconfianza hacia la ex ministra por sus movimientos propios y su volumen político desde que llegó al Senado.
En el medio de esa interna aparece otra figura. Es Diego Santilli, hoy ministro del Interior y cada vez más integrado al dispositivo libertario. Ritondo conserva con él un canal permanente y una amistas que data del siglo pasado. Los dos fueron hombres fuertes del PRO bonaerense y hoy orbitan alrededor de una convergencia cada vez más explícita con el mileísmo. En ese corredor político, el color amarillo se va destiñendo y le quita nitidez.
JD/CM





