Los investigadores dicen que C.G. disparó sin reparar contra quién lo hacía cuando en la mañana del lunes 30 de marzo entró al baño de la escuela N° 40 “Mariano Moreno” de San Cristóbal, en Santa Fe, y mató a Ian Cabrera, de 13 años, con la escopeta de su abuelo. Nada hacía prever eso ni que segundos más tarde atacaría de nuevo dejando a ocho alumnos heridos. Solo unos meses atrás, el adolescente de 15 años había sido elegido como el “mejor compañero” de su curso.
Mientras caminaba por el pasillo de la planta alta preguntó dónde estaba el baño, algo que sabía porque hacía tres años que iba a esa escuela. Entró, dijo: “Sorpresa” y lanzó el primer disparo en el lugar en el que también estaba Ian Cabrera. Después otro y después volvió a cargar el arma. “Tenía la mirada perdida, como que no veía”, contó uno de los chicos que estaba tomando agua en el lugar.
C.G bajo y siguió disparando. En las imágenes se lo ve parado debajo de una bandera que decía “Promo 26”. Vestía pantalón negro, remera blanca, gorra y un cinturón con varios cartuchos. Cuando comenzaron las detonaciones algunos pensaron que era pirotecnia o los bombos que hacían sonar los alumnos de quinto año para festejar el fin de la secundaria. Pero los ruidos se hicieron cada vez más fuertes y más cercanos, comenzaron los gritos y las chicas y chicos buscaban desesperados la salida. Varios corrieron para la salida principal, otros para la del patio y otros rompieron ventanas de vidrio intentando salir.
Algunas maestras le gritaban que pare, otras llamaban por teléfono a la policía y otras, se encargaban de los alumnos que corrían desencajados. “‘¿Qué estás haciendo?, ¿Qué estás haciendo? ¡Pará, por favor, pará!”, le gritó una de las docentes, pero C.G. siguió, como si nada de lo que pudiera oír tuviera sentido.
Fabio Barreto lo vió: C.G. estaba en shock y no dejaba de disparar. Se acercó y observó cómo intentó gatillarle. Se conocían, él era el portero de siempre y C.G. el alumno callado. El hombre pensó en su propia muerte, pero igual se abalanzó sobre el chico para que se detenga. Le sacó el arma y el ruido se detuvo, solo quedó el olor a pólvora. El adolescente lo miró y le dijo que había salido a cazar el fin de semana.
“No sabía dónde estaba ni lo que había hecho. Estaba desorientado”, dijo Fabio Barreto horas después frente a los medios.
Una semana antes, C.G. había advertido a sus compañeros de curso que los mataría. Ninguno reparó en sus dichos. Hasta ese momento, nadie lo miraba como un chico violento. No había registros, antecedentes ni intervenciones previas en la escuela que anticiparan lo que sucedería pasadas las siete de la mañana mientras izaban la bandera antes de entrar a clases. “Era un chico tranquilo, normal. Siempre fue callado, tímido. Nunca fue malo”, dijo Juan Bautista Pereyra, uno de los alumnos, en Radio Con Vos.
Cuatro meses atrás, C.G. había sido elegido el mejor compañero de su grado. En diciembre de 2025, tuvo los votos de la mayoría de su curso y se quedó con el título de “mejor compañero” de segundo año. “Lo votaron porque lo quieren todos, a nadie le sorprendió que resultara electo, por eso no podemos creer que haya pasado esto, es una tragedia que nadie podía imaginar”, le dijo una docente a Infobae.
Pero había otra faceta de C.G. que nadie advirtió, la de las redes sociales. Con un alias distinto a su nombre, el adolescente compartía imágenes de masacres escolares. “Creo que solo encuentras paz en la muerte”, escribió en uno de los posteos en los que también publicaba fotos de menores que cometieron matanzas en otros países. Según publicó Infobae, el chico hacía alusión a lo que pasó en Columbia en 1999, cuando murieron 122 personas. O escribía sobre Kosta Kecmanovi, que mató a 10 personas en una escuela de Serbia. O sobre Seung-Hui Cho, tirador del Campus Universitario de Virginia Tech, en Estados Unidos, donde murieron 33 personas.
“Héroe” es la palabra que se repitió en los comentarios de las redes sociales en las que C.G.participaba. “Ídolo”, “necesitamos más”, “pronta libertad”, “espero que salgas pronto”, escribieron otros usuarios.
También hubo comentarios en una plataforma en la que se comparten videos de muertes violentas. “Un tiroteo masivo de cuarta”, escribió uno de los usuarios en un post de C.G. “Columbine fue así casi 30 años, copiarlos ya no es genial, búsquense nuevos ídolos, retrasados”, agregó otro.
Según un perfil de C.G.que hizo la Policía de Santa Fe, el chico atravesaba una crisis familiar fuerte desde la separación de sus padres hace dos años. La abogada defensora, Macarena Oroño, negó que haya sido víctima de bullying, pero confirmó que intentó lesionarse a sí mismo meses atrás.
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