Este domingo Brasil continuará con la lista de elecciones presidenciales de la región y entre el actual mandatario, Luis Inacio Lula Da Silva, y el senador Flavio Bolsonaro se disputarán la continuidad o el inicio de una nueva era por los próximos cuatro años en el país. Con los ojos del mundo entero siguiendo el minuto a minuto de los comicios, la Argentina de Javier Milei no es la excepción y en el gobierno nacional ya formulan escenarios de reacción para cuando la moneda caiga de alguna de las dos caras.
Cuando todavía se encontraba de gira por Francia, en el marco de la Argentina Week que se llevó adelante en París, el jefe de estado brindó una entrevista al semanario Le Point, donde no titubeó al pronunciarse abiertamente sobre las elecciones en Brasil. En este marco, el economista afirmó tener “grandes esperanzas” de que “mi amigo Flávio Bolsonaro gane las elecciones presidenciales de octubre para llevar adelante el saneamiento liberal indispensable.” Aunque el mensaje de apoyo no fue lo único que el libertario sacó de su boca.
Consultado sobre la figura de su par, Milei afirmó que “Lula es un ladrón” que “salió de prisión gracias a un vicio de forma administrativa orquestado por un juez cómplice”. En este marco, además, volvió a insistir con la idea de que el actual mandatario brasileño fue promotor de una campaña en su contra en 2023. “Durante mi campaña envió a varios comunicadores y psicólogos a Buenos Aires para montar operaciones sucias contra mí”, dijo. Desde Brasil decidieron no contestar, aunque hay quienes hacen saber que la relación es insalvable. Las razones sobran.

En julio pasado, el presidente argentino montó un viaje a la patria vecina exclusivamente para poder lograr un encuentro con el candidato de ultraderecha, a quien semanas antes ya había recibido en la Quinta de Olivos donde ambos montaron una foto con la que buscaron desafiar al actual mandatario brasileño. Incluso, durante ese viaje estaba previsto que el líder libertario visitara al expresidente, Jair Bolsonaro, en la casa donde cumple prisión domiciliaria. Sin embargo, el Tribunal Superior Federal de Justicia, a cargo del magistrado Alexandre de Moraes, reforzó las restricciones de las visitas del líder brasileño y prohibió que el presidente argentino lo visite.
Pese a los contratiempos de la justicia, ya en Brasil, el economista participó del congreso del Partido Liberal, el evento que Bolsonaro utilizó como plataforma para lanzar su campaña presidencial. Allí, Milei no dudó en exacerbarse y calificó al presidente brasilero como “ladrón” “presidiario” y “basura socialista”. Aquel fue el inicio del fin.

Un mes después, Lula llamó en consultas al embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli, y convocó de urgencia al representante diplomático argentino, Daniel Raimondi, para que diese explicaciones sobre los dichos del líder libertario. Desde ese momento, la relación bilateral quedó aún más resentida, al punto que se abrieron canales extraoficiales para intentar sostener el vínculo comercial y legisladores opositores debieron viajar a ver a sus pares brasileros como un método de ofrenda de paz. En el Ejecutivo argentino, por su parte, nunca mostraron ni una sola intención de pedir disculpas.

Pese a todas las instancias de posicionamiento contra el actual presidente, por lo bajo dentro del gobierno nacional reconocen que el mejor escenario para el oficialismo es que Lula Da Silva se imponga en las urnas y reelija por otros cuatro años la conducción de Brasil. La justificación es tan lógica como pragmática. En Casa Rosada saben que, de ganar Bolsonaro, no sólo se abriría una nueva etapa en la que Latinoamérica acentuaría su giro hacia la ultraderecha. Sino que además la misma podría no tener a Milei como principal referente.

La figura del actual senador tiene un peso más que significativo dentro de las arcas del libertarismo latinoamericano, por lo que su conducción se daría casi de manera natural, una circunstancia por la que el mandatario argentino pelea desde su llegada al Sillón de Rivadavia. De ganar Lula, por el contrario, el libertario lograría conservar un protagonismo más que interesante, por el poder geopolítico que conserva el país en desmedro de otras naciones de menor escala en la conversación internacional.

En este mismo sentido, en tanto, con Bolsonaro como presidente Milei indefectiblemente pasaría a un segundo plano en la lista de prioridades de un Donald Trump decidido a hacer de América Latina su patio trasero. En una entrevista que brindó antes de subirse al helicóptero presidencial, el republicano fue consultado por los comicios brasileños y aseguró que está siguiendo “muy de cerca” las elecciones. “Es un país muy importante. La gente de Brasil es fantástica. Son unas elecciones muy importantes”, enfatizó.
Con estas declaraciones, en la gestión argentina se pusieron más en alerta y, aunque públicamente seguirán apoyando al candidato de PL, en privado en más de un despacho analizan con rigurosidad las encuestas que llegan desde Brasil sobre los comicios de este domingo. Si los pronósticos de un posible balotaje entre Lula y Bolsonaro se cumplen, no se descarta, en tanto, que Milei pueda acomodar su agenda para realizar un nuevo viaje al país para volver a apoyar a su amigo. Desde Buenos Aires, mientras tanto, varios pedirán que no se anule la mufa.
TS/CM










