En 1996 no hubo paz en Colombia. La democracia en el país caribeño, recuperada en 1991, pendía de un hilo después de décadas de guerra civil. Por entonces, una joven Alejandra Monteoliva, de apenas 26 años y con todo su futuro político por delante, llevaba algunos meses cursando una especialidad de Seguridad. En el medio fue secuestrada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). La pesadilla duró un mes y es uno de los temas que prefiere no ahondar. Treinta días en cautiverio. Quienes la conocen, aseguran que esa experiencia forjó su obstinación.
Monteoliva nació en Córdoba en 1970. Se recibió de licenciada en Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica de Córdoba, y en Planificación y Administración del Desarrollo Regional del Centro Interdisciplinario de Estudios Regionales (CIDER) de la Universidad de los Andes de Colombia, donde vivió por casi dos décadas.
En 2013 la cordobesa volvió a casa para trabajar como ministra de Seguridad del gobernador José Manuel de la Sota, uno de los favoritos por entonces para suceder a Cristina Fernández de Kirchner, quien empezaba a sentir sobre sus espaldas el agotamiento de un modelo de doce años.
En diciembre de 2013, doce años antes de jurar en el Salón Blanco, Monteoliva todavía se desempeñaba como ministra del ex compañero de fórmula de Antonio Cafiero. Su llegada al ministerio, apenas 88 días antes, fue una salida del laberinto, orquestada por el entonces gobernador en medio del escándalo que azotaba a la provincia por la participación de la cúpula de la Policía cordobesa en un entramado narco. El mandatario ya arrastraba una fuerte rivalidad con la entonces presidenta y le achacaba el recorte presupuestario que le impedía, decía por entonces, mejorar los salarios policiales.
La noche del 3 y la mañana del 4 de diciembre fue calamitosa para la provincia mediterránea. Los acuartelamientos en importantes municipios dieron lugar a un escenario de absoluto caos, que culminó con dos muertos y más de 150 heridos. De la Sota se enteró cuando estaba a miles de kilómetros de su provincia en un evento que se realizaba, casualmente, en Colombia. Menos de tres meses después, la imposibilidad de controlar una crisis que estuvo macerándose por meses se llevó puesta a la primera ministra mujer de Córdoba. El cordobesismo peronista fue una cuna política para la ministra que ahora reporta a Milei. El motín policial de diciembre de 2013 la marcó a fuego. En medio de la tensión entre la Casa Rosada y el gobierno provincial, nunca hubo asistencia de las fuerzas federales. Por el contrario, la Nación dejó a Córdoba a merced de una relación muy inestable con su policía.

Pero la vida le dio revancha. Dos años después, con Mauricio Macri ya en el poder, Monteoliva fue nombrada directora Nacional de Operaciones de Seguridad. Ocupó el cargo durante los cuatro años de gestión del extinto Juntos por el Cambio y con Patricia Bullrich como ministra del área. Con el macrismo eyectado del Ejecutivo, pasó poco más de tres años como asesora en operaciones de seguridad para la Organización de las Naciones Unidas.
Monteoliva llega al Ministerio de Seguridad en 2024, siempre de la mano de Bullrich. En esa primera etapa, se desempeñó como secretaria de Seguridad Nacional, un cargo muy sensible y de contacto diario con la ministra, pero de bajísimo perfil. Su ascenso en la cartera se dio pocos meses después, cuando la ex macrista decidió desplazar al hombre de Cristian Ritondo, Vicente Ventura Barreiro, “Tito” como se lo conoce en el mundillo policial, quien por entonces fue echado de la gestión por su supuesta intervención en el proceso licitatorio de los servicios de comida que se brindan en las cárceles dependientes del Servicio Penitenciario Nacional.
Ya como segunda de la reconvertida libertaria, era común ver a Monteoliva caminar junto a Bullrich en sus extravagantes apariciones en provincias, donde desembarcaba para clavar su bandera de orden y libertad. La cordobesa siempre supo compensar los manejos de la entonces titular de Seguridad, que en la mayoría de las veces exponía la improvisación de los mismos.

La ex funcionaria de de la Sota tiene un largo currículum que la valida. Es especialista en la gestión de políticas en seguridad, lo que le permitió explotar sus conocimientos en casi toda América Latina a través del apoyo del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe y el Banco Interamericano de Desarrollo. Su portfolio advierte tres décadas de experiencia que la habilitan, al menos, a hablar con conocimiento de causa. No depende de Bullrich ni nunca lo hizo.
Hábil aprendiz de su madrina política, Monteoliva sabe adaptarse. En los últimos meses, quienes la rodean reconocen que hubo en ella una nueva lectura, algo así como un “olfato” o un “sexto sentido”, que la hizo redirigir su gestión para ser algo más que la mera sucesora de Bullrich, de quien se decía que venía a “cuidarle la doctrina” luego del salto de la ex montonera al Senado.
Con esto en mente, la ministra habilitó el desembarco de su tropa propia en el ministerio y avanzó con medidas creadas e ideadas por ella misma. Y se puso a jugar a la política en un gabinete surcado por internas cada vez más ásperas.
Semanas atrás, pese a que por meses se especuló lo contrario, Monteoliva descartó la creación de la Agencia de Migraciones, un nuevo organismo anunciado en la anteúltima reorganización del gabinete y motorizado por la propia Bullrich. Antes de irse Patricia buscó dejar un hombre propio para cuidar el área. El bendecido había sido el siempre dispuesto Diego Valenzuela, quien venía de jugar como candidato a legislador por la Primera Sección luego de pedirse licencia en la intendencia de Tres de Febrero.
Decidida a elegir sus propias fichas, la ministra asumida el diciembre pasado decidió dar marcha atrás con la creación de la agencia que, en rigor, nunca llegó a ser conformada oficialmente. Aquel fue el primer gesto separatista que puso luz sobre las versiones de una interna entre las ex compañeras de Seguridad. El paso de las semanas, no hizo más que incrementarlas.

El 2 de abril, durante el acto homenaje por el 44° aniversario del inicio de la Guerra de Malvinas, Monteoliva tuvo un rol protagónico. Fue saludada efusivamente por Javier Milei, se mostró en la primera línea de dirigentes que acompañaron al presidente al evento y, por la tarde, coronó el Jueves Santo con una bilateral con Karina Milei. “Este Jueves Santo, con Karina Milei, nos reunimos para seguir avanzando en una agenda de seguridad y orden, clave para garantizar la libertad y tranquilidad a los argentinos. Muchas gracias, Karina” tuiteó la cordobesa junto a una foto con la hermanísima mientras los medios especulaban con la ausencia de Bullrich en el acto en la Plaza San Martín.
Cada vez que se les consulta sobre el tema, quienes conocen la dinámica entre ambas mujeres aseguran que la interna es inexistente e, incluso, adjudican la creación de “fantasmas” para generar un conflicto donde no lo hay. Las versiones, sin embargo, van in crescendo. Fuentes al tanto de la dinámica en Seguridad dieron a conocer que fue por esta razón que Monteoliva sugirió invitar a Bullrich al encuentro que Milei encabezó esta semana con Nahuel Gallo en Casa Rosada. “Una foto de paz”, dijeron desde el círculo de la ministra para resumir la situación.
Si bien desde ambos entornos insisten en que no existirá un quiebre en su relación puesto que ambas comparten una amistad de varios años, los ojos del periodismo, los funcionarios de Seguridad y hasta dentro del propio gabinete están puestos en los próximos pasos de una relación entre dos mujeres que, juran en sus entornos, son de armas tomar.
TS/CM





