La normalidad que el Gobierno busca proyectar para los medios, el círculo rojo y los aliados internacionales está lejos de la realidad que los habita puertas adentro del gabinete. Pese a afianzar su apoyo irrestricto a Manuel Adorni, quienes rodean a Javier Milei admiten que el presidente empieza a sentir sobre su piel las consecuencias del escándalo que generaron los viajes del funcionario a Punta del Este y Nueva York.
El tema ya quedó lejos de ser una mera cuestión moral. La imposibilidad del jefe de Gabinete de justificar su estilo de vida, la compra de al menos tres propiedades y los posibles otros destinos de sus vacaciones desde su llegada al Ejecutivo no hacen más que complicar a un gobierno que, como si fuera poco, tampoco puede devolver buenas noticias económicas.
Desde el estallido del conflicto mediático que tiene a su jefe de gabinete como principal protagonista de una causa judicial que lo investiga por posible enriquecimiento ilícito e incompatibilidades con la función pública, el presidente decidió mantenerse a rajatabla de su gestión. Con actos breves, apariciones medidas y sobreestimulación a su ejército tuitero, Milei delegó el control de daños del primer gran alboroto que su primera línea de batalla debe afrontar.
Hace casi un mes, los cerebros de la estrategia oficialista miden a diario el impacto y avance del Adornigate en la opinión pública y, por sobre todo, en la imagen del presidente. Los resultados apabullarían a cualquiera. Según se desprende de los datos que llegaron a un importante despacho de la gestión, más del 70% de los encuestados considera que el jefe de gabinete debería renunciar a su cargo. De esa masa de gente, un porcentaje contundente está convencido que la continuidad del ex vocero en la gestión libertaria podría ser perjudicial para la salud del oficialismo.
Según se desprende de los datos que llegaron a un importante despacho de la gestión, más del 70% de los encuestados considera que el jefe de gabinete debería renunciar a su cargo
Milei recibió estos resultados en los últimos días y, cuentan, se alarmó. Sin embargo, la contundencia de los números no colaboraron para hacerlo cambiar de opinión. La razón es tan simple como humana. Para el presidente desprenderse de Adorni supone una serie de reacciones que no quiere ni puede controlar. Soltarle la mano al favorito de su hermana Karina, quien desempolvó su cuenta de Twitter para continuar apoyando públicamente a su delfín, implicaría no sólo dejarla sin un área clave de control ministerial, sería casi como clavarle un puñal a quien lo sigue cuidando con el mismo ímpetu que cuando eran apenas niños.
Siempre fiel a su lealtad mutua, el economista está negado a entregar la cabeza de quien oficia como el embajador de la hermana en el gabinete. Adorni no es sólo el ministro coordinador. Es, por sobre todas las cosas, el sostén y articulador de El Jefe en un gobierno atomizado por las internas y las rivalidades personales. Dejar ir a quien obtuvo su puesto como vocero presidencial luego de haber asistido a una única reunión en el Hotel Libertador en noviembre del 2023 empujaría a Karina a una indefensión incontrolable dentro de la Casa Rosada, donde su archienemigo, Santiago Caputo, continúa -pese a todo- haciendo pie.

La danza de nombres para suceder a Adorni
Aunque se negó desde el principio, quienes rodean al primer mandatario en la intimidad de sus decisiones le acercaron soluciones para evitar que su lealtad lo empuje a él mismo al abismo. Según pudo reconstruir este medio, en una reunión privada en Olivos con una muy reducida mesa de trabajo, se nombraron una serie de posibles reemplazos para Adorni que, finalmente, Milei decidió descartar. La ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, el ministro del Interior, Diego Santilli, el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, la senadora, Patricia Bullrich y hasta el ex jefe de gabinete, Guillermo Francos, sonaron como posibles sucesores. Pero el presidente no dio el brazo a torcer.
Fuentes al tanto de aquellas conversaciones cuentan que el razonamiento del libertario para su negativa descansa en el temor por delegar el poder a una figura que no sea 100% leal a él. En concreto, el presidente teme que conceder un lugar de esta magnitud a cualquier otra persona que no sea Adorni sea como entregar las llaves de su gestión. “No es el problema a quién le de la jefatura. Patricia, Diego y los demás están capacitados para llevar un gabinete. El problema es que van a conducir su gobierno y no el de Javier”, resumió un operador violeta a La Pluma.
TS/VDM





