La cotización del crudo volvió a estar en el centro de la escena financiera por las nuevas tensiones en Medio Oriente y los riesgos que afectan las principales rutas de transporte y exportación de petróleo. La preocupación de los operadores aumentó después de los ataques contra infraestructura energética de Arabia Saudita y ante las dificultades para restablecer rápidamente el flujo por algunas vías estratégicas.
El Brent, referencia internacional, llegó a operar cerca de los US$ 110 durante la jornada antes de moderar parte de la suba y cerrar en US$ 105,68. El WTI, referencia en Estados Unidos, también recortó ganancias y terminó en US$ 101,39. Frente al cierre del viernes, los avances fueron de aproximadamente 1% y 1,3%, respectivamente.
La fuerte escalada se produce después de una semana especialmente positiva para el crudo. El viernes 11 de septiembre, el Brent terminó en US$ 104,61, mientras que el WTI cerró en US$ 100,05. Pese a la caída registrada ese día, ambos contratos terminaron la semana con ganancias superiores al 8%; otras mediciones del mercado ubican el avance semanal en 9,39% para el Brent y 9,93% para el WTI.
El principal factor que mantiene bajo presión al mercado es el temor a que las interrupciones en Medio Oriente terminen afectando una porción cada vez mayor del suministro mundial. A las tensiones sobre el tránsito de buques por el estrecho de Ormuz y el Bab el-Mandeb se sumó el ataque contra una infraestructura clave de Arabia Saudita.

El mercado observa especialmente la situación de la infraestructura petrolera saudí porque cualquier interrupción prolongada puede reducir la cantidad de crudo disponible para los mercados internacionales. El ataque contra el oleoducto Este-Oeste generó nuevas dudas sobre la capacidad del reino para mantener sus exportaciones a través de rutas alternativas.
El oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita, otra presión para el crudo
El oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita, también conocido como Petroline, es una infraestructura estratégica que atraviesa el territorio saudí desde las zonas productoras del este hasta el puerto de Yanbu, sobre el mar Rojo. Su importancia radica en que permite transportar petróleo hacia una salida alternativa al golfo Pérsico y, por lo tanto, reducir la dependencia de las rutas que pasan por el estrecho de Ormuz.
La infraestructura fue alcanzada por un ataque con drones y quedó temporalmente fuera de servicio. El problema generó preocupación porque el oleoducto puede transportar una cantidad significativa de crudo y constituye una vía alternativa para las exportaciones saudíes. El cierre podría llegar a comprometer hasta alrededor del 4% del suministro mundial de petróleo si la interrupción se prolonga.

La incertidumbre aumentó todavía más después de que trascendiera que la reparación podría demorar hasta cinco semanas. Fuentes regionales citadas por The Associated Press señalaron que los trabajos incluyen una estación de bombeo afectada, lo que eleva el riesgo de que las dificultades sobre el suministro no sean únicamente transitorias. Para los operadores, una interrupción prolongada implica una menor disponibilidad de crudo y, por lo tanto, una mayor presión sobre los precios internacionales.
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