“Estoy a corazón partido”, dice Lorenzo Lucas González, de 79 años, que llegó a la Argentina desde Salamanca cuando tenía 12. Viajó en el barco Alberto Dodero junto con su mamá, Encarnación, y su papá, Amancio. Durante el mundial Miró los partidos de España con otros dos inmigrantes. Los de Argentina con su esposa, Graciela. “Hace 60 años que estoy gritando los goles de Argentina y de España. Nunca se dio esta circunstancia de que se enfrenten en una final”, repite confundido.
Lorenzo Lucas González es futbolero, socio de Racing desde hace seis décadas. Aún mantiene el ritual de ir a la cancha, lo hace con su hijo y con su nieto. Pero toda esa argentinidad se mezcla con su tierra natal, no se define por qué equipo quiere que gane la Copa del Mundo. “Yo lo voy a celebrar por los dos lados”, dice. Es el vicepresidente del Centro de Salamanca de Buenos Aires y representante en la Federación Española, que aglutina a los distintos centros.
“Es una oportunidad única”, repite Lorenzo cuando habla de su nieto Francisco, con el que comparte la pasión por el fútbol y Racing. Lo mira y se recuerda a sí mismo cuando bajó del barco y a los 15 días ya estaba trabajando en una tintorería repartiendo ropa. “Trabajé toda mi vida, como todos los inmigrantes, y llegué a este país hermoso”, cierra.
Cuenta que en el Centro de Salamanca decidieron no hacer ninguna actividad el día del partido para evitar inconvenientes. “Cada uno va a mantener la cábala como corresponde. No sería conveniente armar algo porque desgraciadamente hay gente que se desespera y que no mantiene la cordura para este tipo de eventos tan grandes y tan gigantes”, explica.
Él lo mirará con Graciela, su segunda esposa tras enviudar. Con ella miró todos los partidos de Argentina, mientras que con sus amigos de otros centros españoles miró todo el recorrido de la selección roja. “Hay un convenio táctico con mi señora: ella va a estar con la camiseta argentina y yo con la española. Cada uno con la bandera respectiva y prometemos no agresión”, anticipa.
Lorenzo dice que le gustaría que el resultado fuera un empate, pero sabe que eso es imposible. “Desgraciadamente, eso no puede ser porque en esta instancia el deporte uno de los dos tiene que ser ganador. Considero que el que mejor juegue y tenga más suerte que gane y a otra cosa. Yo de cualquier forma lo voy a celebrar por los dos lados”, advierte.
Más allá de la alegría interna, lo que cambiará el resultado es el festejo. “Si llega a ganar España, indudablemente será otro tipo de celebración. No iremos al Obelisco como vamos cuando gana Argentina o gana Racing”, anticipa.
CDB/VDM










