El arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, pronunció una homilía durante la tradicional peregrinación juvenil a la Basílica de Luján, que volvió a ser epicentro de una multitudinaria manifestación de fe, con más de 2,5 millones de personas. El sacerdote advirtió que “las heridas de la intolerancia supuran y se está infectando el alma del pueblo” y apuntó contra los discursos de odio.
En el inicio de su homilía, el prelado sostuvo que “la Virgen de Luján fue presentada como un abrazo capaz de reunir a un pueblo atravesado por el dolor, la falta de trabajo, la enfermedad y la violencia verbal”, y convocó a los fieles a regresar a sus hogares con un compromiso de fraternidad.
Asimismo, subrayó que “nadie vino solo. En cada paso trajimos a nuestras familias, a los amigos, al vecino que la está pasando mal, al conocido que perdió el trabajo, a los enfermos, a los que nos pidieron que rezáramos por ellos”. En ese sentido, describió la caminata como un espacio “sin grietas ideológicas ni exclusiones”, donde el cansancio y las zapatillas gastadas igualaron a todos. “Cuando nos descubrimos caminantes de un mismo pueblo, no le damos lugar al individualismo y a los discursos de odio”, afirmó.
Más adelante, García Cuerva vinculó el gesto religioso con la vida pública: “Nuestra patria tiene muchos abrazos pendientes: abrazos de perdón ante tanta descalificación e insulto; abrazos solidarios ante tanta indiferencia; abrazos de encuentro ante tanto extravío”. Y agregó: “Así como nos curamos las ampollas, queremos, Madre, curar los vínculos entre nosotros. Las heridas de la descalificación, de la intolerancia, de la violencia física y verbal supuran, y parece que se está infectando el corazón del pueblo”.
Contra los discursos de odio
El mensaje incluyó a los abuelos, a quienes piensan distinto, a las personas con discapacidad y sus familias, a los desocupados, a quienes duermen en la calle y a los jóvenes atravesados por la droga. “Nadie puede solo. Nos necesitamos y la necesitamos a María para seguir caminando en la vida”, expresó.
En otro tramo, citó palabras del papa León XIV y recordó los 800 años del tránsito de San Francisco de Asís, “el santo de la concordia y la fraternidad” y cerró: “Que dejemos de descalificar al hermano, de ser indiferentes con el que sufre y de dar lugar al odio entre nosotros. Démosnos un abrazo de paz, los unos a los otros”.
GLF










