Desde temprano, Liniers empezó a cambiar de ritmo. El movimiento alrededor del Santuario de San Cayetano creció con el correr de las horas, entre peregrinos que llegaban con estampitas, espigas, panes y herramientas de trabajo. Algunos venían a pedir empleo, otros a agradecer por conservarlo y muchos a rezar por sus familias. Como cada 7 de agosto, el barrio se convirtió en el punto de encuentro de miles de personas que llegaron con una misma figura en el centro de sus oraciones: San Cayetano, el patrono del pan y del trabajo.
Bajo la consigna «San Cayetano, aquí tienes a tu pueblo», la jornada religiosa comenzó temprano con la misa de las 8, una de las primeras celebraciones del día en el santuario. Afuera, las filas se extendían y se mezclaban las historias de quienes habían llegado desde la madrugada con las de los que se acercaban por primera vez. El pedido por trabajo aparecía una y otra vez, aunque también había lugar para el agradecimiento y las promesas cumplidas.
Con el avance de la mañana, la escena se volvió cada vez más multitudinaria. En los alrededores del templo aparecieron las tradicionales imágenes del santo, las espigas y los objetos que representan distintos oficios. Antes de la celebración central también tuvo lugar la bendición de las herramientas, uno de los momentos más simbólicos de la jornada. El arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, les habló a los trabajadores y destacó que habían llegado “con sus manos, con su corazón”, convencidos de que el trabajo todavía puede ser un camino para reconstruir la vida familiar y el país.
Después llegó la misa central, con el santuario rodeado por fieles y con una celebración que tuvo como protagonista al arzobispo. En su homilía, puso el foco en las dificultades que atraviesan muchas familias y en la necesidad de no acostumbrarse al sufrimiento cotidiano. “El sueldo que no alcanza” fue una de las imágenes que atravesó su mensaje, junto con la preocupación por quienes necesitan más de un empleo para llegar a fin de mes o terminan recurriendo a créditos para sostener sus gastos.
García Cuerva también cuestionó a la dirigencia política y pidió mirar de cerca las necesidades de quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad. «San Cayetano, aquí está tu pueblo, un pueblo cansado de promesas incumplidas y de dirigentes que hablan de los pobres, pero no están cerca de ellos y se dan la buena vida», sostuvo durante la misa. En otro tramo de su mensaje, reclamó “no dar la espalda al dolor de quienes sufren” y llamó a recuperar una mirada más cercana y empática sobre la realidad social.
El arzobispo sumó una definición en referencia al Papa León XIV y que marcó buena parte de la homilía: “La libertad económica no puede ser absoluta y debe medirse siempre en función del bien común”. De hecho, este Día de San Cayetano presentó un particular entusiasmo porque el sumo pontífice, Robert Prevost, visitará el país entre el 8 y el 11 de noviembre.
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