La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, tomó el ajuste fiscal de la Argentina como ejemplo durante un debate en Bangkok, Tailandia, en el marco de las actividades organizadas por el organismo. Junto al ministro de Economía, Luis Caputo, y su par griego, Kyriakos Pierrakakis, la funcionaria puso en paralelo los procesos de consolidación fiscal de ambos países y destacó la decisión de reducir el gasto público para equilibrar las cuentas.
La escena dejó una frase del funcionario griego que despertó risas entre los participantes. Cuando Georgieva señaló a la Argentina y a Grecia como ejemplos de gobiernos que aprendieron que no se puede gastar indefinidamente por encima de los recursos disponibles, Pierrakakis respondió: “Les dimos coraje”.
La titular del Fondo expresó su confianza en que la Argentina seguirá el camino griego y podrá cancelar sus obligaciones con el organismo antes del plazo previsto, que se extiende hasta 2034. Caputo respondió: “Te vas a sorprender, ya está sucediendo”, y vinculó esa expectativa con la llegada de inversiones y el potencial de crecimiento que el Gobierno atribuye al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).
Sin embargo, la comparación remite a una de las crisis económicas más profundas de la historia reciente de Europa. Grecia logró recuperar el acceso al financiamiento y reducir su endeudamiento después de años de ajustes, rescates internacionales y reformas. Ese proceso tuvo un enorme costo social y dejó problemas que el crecimiento posterior no consiguió revertir por completo.

Grecia y el costo de una década de ajuste
La crisis griega estalló en 2009, cuando se conoció que el déficit fiscal era considerablemente mayor que el informado por las autoridades. La pérdida de confianza de los mercados restringió el acceso al financiamiento y puso al país al borde de la cesación de pagos, en un contexto que también amenazó la estabilidad de la zona euro.
La respuesta incluyó tres programas de rescate financiero y un severo ajuste impulsado por la llamada troika, integrada por el FMI, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo. A cambio de la asistencia, Grecia debió aplicar recortes presupuestarios, aumentos de impuestos y reformas que afectaron el empleo, las jubilaciones, los ingresos y los servicios públicos.
Entre 2008 y 2016, el producto bruto interno (PBI) griego se contrajo alrededor de un 25%. El desempleo llegó a superar el 27% y la crisis provocó una prolongada pérdida de ingresos y oportunidades laborales. En 2015, el país volvió a quedar en el centro de la crisis financiera europea y atravesó una nueva etapa de tensiones con sus acreedores. El último programa de asistencia concluyó en agosto de 2018, aunque el fin de los rescates no se tradujo en una recuperación inmediata del nivel de vida previo.
La experiencia griega expone una diferencia fundamental entre el ordenamiento de las cuentas públicas y la recuperación económica. Un Estado puede reducir el déficit y estabilizar su financiamiento mientras una parte de la población continúa soportando las consecuencias de la recesión, el desempleo y la pérdida de poder adquisitivo.

La recuperación macroeconómica no borró las secuelas
En mayo de 2024, diez años después de los momentos más críticos de la crisis, los indicadores macroeconómicos de Grecia habían mejorado y el país volvía a crecer. Aun así, persistían la desigualdad, los salarios bajos y el deterioro de los servicios públicos. El PBI por habitante seguía rezagado respecto del de buena parte de Europa.
Las consecuencias también se reflejaban en la vida cotidiana. Según un informe publicado por La Nación, algunos jóvenes necesitaban combinar dos empleos para afrontar el alquiler y los gastos corrientes, mientras sus ingresos no alcanzaban para recuperar el nivel de consumo de años anteriores. Una situación que presenta similitudes con las dificultades económicas que atraviesan sectores de la población argentina.
En cuanto a las perspectivas para 2026 y 2027, las proyecciones de la Comisión Europea indican que Grecia crecería un 1,8% este año y un 1,6% el próximo. Sin embargo, la deuda pública seguiría siendo elevada: el organismo prevé que bajará del 146,1% del PBI en 2025 al 140,7% en 2026 y al 134,4% en 2027. Para el desempleo, proyecta una tasa del 8,3% en 2026 y del 7,9% en 2027.
Grecia reduce su deuda, pero el problema no desapareció
La trayectoria de la deuda griega es uno de los argumentos centrales detrás de la comparación de Georgieva. Según Euronews, el endeudamiento público llegó al 205,6% del PBI al cierre de 2020, durante la pandemia, y descendió al 146,1% en 2025. Para 2026, las autoridades griegas prevén reducirlo a alrededor del 137% del producto mediante pagos anticipados de obligaciones, aunque esa estimación todavía debe confirmarse. La Comisión Europea, por su parte, mantiene una proyección más conservadora, del 140,7%.
La mejora se apoya en una combinación de superávits fiscales, crecimiento económico y una gestión de los vencimientos que permitió adelantar pagos. Grecia, además, canceló en abril de 2022 los créditos que todavía debía directamente al FMI, dos años antes del calendario original.
Sin embargo, la reducción de la deuda no significa que el país haya resuelto todos sus problemas. Incluso si se concreta la previsión oficial del 137% del PBI, Grecia mantendrá un nivel de endeudamiento elevado en relación con el tamaño de su economía. Tampoco la mejora de los indicadores financieros garantiza la recuperación de los ingresos, los servicios públicos o las condiciones de vida perdidas durante la crisis.
La diferencia entre Grecia y la Argentina
Un aspecto relevante que Georgieva dejó fuera de la comparación es que Grecia pertenece a la zona euro y que su salida de la crisis estuvo ligada a los rescates europeos, las condiciones de financiamiento, los superávits fiscales y una estrategia de reducción de la deuda sostenida durante años. La Argentina, en cambio, enfrenta sus propios condicionamientos financieros, cambiarios y productivos, además de un calendario de vencimientos que exige generar recursos para cumplir con sus compromisos.
Por eso, la posibilidad de cancelar anticipadamente la deuda con el FMI depende de que las inversiones anunciadas se conviertan efectivamente en proyectos ejecutados, producción, exportaciones y divisas. Caputo apuesta a que el RIGI permita acelerar ese proceso, pero los anuncios y los compromisos de inversión no equivalen, por sí mismos, a dólares disponibles para afrontar los vencimientos.
El FMI celebra el ajuste argentino y presenta a Grecia como antecedente de una salida de la crisis financiera. Sin embargo, la experiencia del país europeo muestra que el ordenamiento de las cuentas públicas no garantiza una recuperación inmediata del bienestar. Tras años de recesión, desempleo y pérdida de ingresos, Grecia consiguió estabilizar su economía, pero las secuelas sociales de la austeridad continuaron presentes aun cuando los principales indicadores comenzaron a mejorar.
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