Mensajes y audios de WhatsApp constituyen la prueba de las últimas audiencias del juicio por la muerte de Diego Maradona. Pero a esos audios y textos les falta contexto, es decir, que se dijo el antes y después. Por primera vez en el debate el médico clínico Pedro Di Spagna, pidió hacer «una aclaración». Pero fue más que eso. Sentado frente a los jueces le dio play al audio que Nancy Forlini, jefa médica de cuidados domiciliarios en Swiss Medical, había borrado del chat y por eso no formaba parte del expediente. Allí estaba la explicación de por qué no había vuelto a chequear a Maradona.
A Di Spagna lo acusan de que indicó estudios a Maradona pero que no se aseguró que se hayan realizado y, en consecuencia, no controló el caso. El médico clínico había sido enviado a la casa del Tigre por Swiss Medical como interconsultor. Pudo revisarlo el 12 de noviembre, una día después de que lo externaran de la Clínica Olivos por la operación del hematoma subdural. El 18, seis días después, volvió. No pudo verlo porque Maradona rechazó la atención. Jana y Gianinna insistieron, pero no lograron. El 19 pidió volver. Lo hizo en el chat Tigre. Fue Forlini la que dijo que mejor no, que lo dejaran tranquilo (a Maradona).
«Para darle contexto -arrancó Di Spagna ante los jueces-, porque yo quería ir y me lo impedían. Forlini, después de hablar con los médicos tratantes, me envía este audio». Se oye a Forlini decir que habló con la médica psiquiatra -por Agustina Cosachov– y que la decisión era «dejarlo descansar todo este fin de semana». En el mismo audio, la gerente de cuidados domiciliarios de Swiss Medical, le propone ir «programando (la visita) para que no se sienta tan acosado». Forlini borró ese audio y algunos más: 44 archivos en total.
Di Spagna y su abogada, la defensora oficial María Julia Marcielli, ocupan el último escritorio de la derecha, el sector de los imputados. Por lo bajo y en cada audiencia, el médico se pregunta qué hace ahí, qué tiene que ver con la muerte de Maradona. No sólo él cree que su imputación es equivocada. Es probable que al final de este proceso, el delito que cae sobre él se caiga o cambie o se atenúe. Aun así: son casi seis años de enredo judicial.

«Acato la decisión de los médicos tratantes. Yo era consultor, yo acato. Queda claro», dijo Di Spagna a los jueces, con el teléfono en la mano. Acercaba el celular al micrófono, le daba play al audio, luego pausa y explicaba. Forlini dice en el audio: «Usted me dirá cuando puede aproximadamente concurrir, organice según sus tiempos”. El médico explica: «El 19 (de noviembre) quiero volver a ir y me lo niegan. Por eso pido que dejen una constancia legal de que yo quiero ir y me dicen que no vaya. La doctora Forlini me envía este audio».
Oímos a Forlini: “Perfecto, hablado con la psiquiatra. Lo que sabemos es que tenemos la emergencia 24 hs, la ambulancia a disposición”. Dice Di Spagna que se quedó tranquilo, que ante cualquier eventualidad van a llamar a la ambulancia. Oímos a Forlini: «Para que (Maradona) no se sienta tan acosado”. Aclara Di Spagna: «Forlini era el nexo entre familia y los médicos tratantes, me da la orden». Oímos a Forlini: “Porque lo puede rebotar de vuelta”.
En este punto, el «del rebote», tiene que ver con que durante la internación domiciliaria los enfermeros no podían revisar a Maradona dado que respetaban la voluntad del paciente: si él no lo permitía, no lo chequeaban. Eso pasó el 18 de noviembre, cuando Di Spagna fue por segunda vez a la casa del Tigre. Y tuvo que volverse porque Maradona no dejó que entrara en la habitación. «Lamentablemente me rebotó -dijo el médico-. Esperamos, insistimos. Con las propias hijas (N.de la R.: por Jana y Gianinna). Yo vi a dos hijas que tenían amor por su padre«.
VDM






