La historia fue así. Faltaban 48 horas para que Argentina juegue contra Inglaterra por los cuartos de final del Mundial 1986. Carlos Salvador Bilardo, fiel a su filosofía, se obsesionó con la camiseta suplente de la selección. Era azul y de algodón, de manga corta pero diseñada para el invierno. La altura y el calor de México -sede de aquel campeonato- iban a asfixiar a los jugadores, creía el técnico, por lo que quería remeras «caladas», con pequeños agujeros.
El por entonces empleado de AFA Rubén Moschella fue el encargado de cumplir con la encomienda, y en esas 48 horas recorrió todo el Distrito Federal mexicano. El primer día no hubo suerte, pero en el segundo llevó dos camisetas marca Le Coq a la concentración. Bilardo las rechazó, pero apareció el protagonista de esta historia para dar el si. «Esta es linda», comentó al paso Diego Armando Maradona. Esas tres palabras fueron suficientes.
La camiseta estaba pelada, e incluso era diferente a la original suplente que el combinado argentino usó contra Uruguay en el partido previo por los octavos de final, ya que tenía un diseño de bastones verticales, azul y celeste intercalados. Además, había que bordarle el escudo y los números.
«Un día antes del partido a las 6 de la tarde están cociendo las mujeres que limpian las camisetas. Si salimos campeones del mundo, nos tienen que hacer un monumento a todos», dice Jorge Burruchaga en una grabación previa al encuentro.
La novedosa indumentaria llevaba un escudo de AFA antiguo, sin laureles, y los dorsales, que debían ser blancos, eran de un gris oscuro pero brilloso, de fútbol americano. El 22 de junio ocurrió lo que ya todos conocemos: Maradona extendió su puño para convertir el primer gol, y practicó ese inolvidable slalom desde mitad de cancha para dejar en el camino a tanto inglés y empujar la pelota al fondo de la red.

Al lograr hacer eso con las camisetas del Distrito Federal intervenidas por las mujeres de limpieza a contrarreloj, el «10» marcó un precedente. La suerte de Argentina contra Inglaterra había cambiado.
Veinte años antes de ese hito mundialista, las mismas selecciones se enfrentaron en la copa que organizó la propia Inglaterra. En esa ocasión, también en cuartos de final, la Albiceleste quedó eliminada por un 1 a 0 a favor de los británicos, y Ubaldo Rattín –que falleció el sábado, 11 de julio– fue expulsado por reclamar faltas, en un episodio marcado por las diferencias entre idiomas. En ese partido de 1966, Argentina había usado la camiseta titular.
Más adelante, en el Mundial 1998, Argentina e Inglaterra volvieron a enfrentarse en fase de eliminación. Los dirigidos por Daniel Passarella lograron pasar a los cuartos de final por penales, luego de un empate 2 a 2. ¿La remera? Azul.
Apenas cuatro años después, se vieron las caras nuevamente, pero en la fase de grupos. En ese olvidable torneo organizado por Corea del Sur y Japón, Inglaterra se llevó el triunfo por la mínima con un gol de penal de Beckham. Argentina, que usó la camiseta celeste y blanca, se iría luego eliminada en la primera instancia.

La única vez que no se cumplió este patrón fue en 1962, cuando Argentina, que usó la titular, perdió 3 a 1 contra Inglaterra en grupos. Esa Copa del Mundo, que pudo jugarse en Argentina -era favorita para ser sede- terminó trasladándose a Chile, que ganó la votación luego de una frase histórica que pronunció el dirigente chileno Carlos Dittborn en el Congreso de la FIFA realizado en Lisboa en 1956: “Porque no tenemos nada, queremos hacerlo todo”.
La organización se vio afectada por el terremoto de Valdivia de 1960 que destruyó buena parte del sur chileno, aunque no la frenó. Dittborn murió de un ataque al corazón un mes antes de aquel Mundial, y el estadio donde jugaron argentinos e ingleses fue bautizado por el nombre del dirigente.
Entonces llega, a 28 años de ese último enfrentamiento mundialista y a 40 del hito fundacional, un nuevo cruce entre ambos seleccionados. Pero este miércoles aparecen dos condimentos diferentes. Se trata de la primera semifinal que juegan Argentina e Inglaterra, por lo que el que gane pasará a la tan esperada final.
Además, será el primer partido en la carrera de Lionel Messi contra los ingleses, por lo que buscará escribir su página en esta histórica rivalidad. La vigente campeona del mundo ya pidió y usará para este partido la camiseta suplente, que si bien es negra tiene un diseño de fileteado porteño con azul, un color que a esta altura ilusiona.
A veces el azul no funciona
Más allá de que el historial con la indumentaria alternativa es positivo ante Inglaterra, no lo es en finales. Argentina disputo la instancia decisiva seis veces. Cuatro de esas las jugó con la camiseta albiceleste, y ganó en tres ocasiones: 1978, 1986 y 2022. En 1930 -primer mundial de la historia-, perdió contra Uruguay en la final por 4 a 2, y es el único antecedente de derrota en final con la remera titular.
Sin embargo, en las otras dos finales -1990 y 2014- Argentina perdió con la camiseta azul. Esa que tantas alegrías nos dio contra los ingleses se convirtió en un símbolo de la derrota en ambas ediciones, que comparten similitudes: la selección jugó contra Alemania en las dos ocasiones y perdió 1 a 0, con un astro en el equipo para cada mundial (Maradona y Messi).

En ese sentido, la hiperconectividad alimentada por las redes sociales amplificó ciertas narrativas para esta edición 2026. Por ejemplo, decían que Messi estaba viviendo su «Italia 1990», ya que tanto esta selección como la de aquella vez sufrieron en todas las fases del Mundial, mientras defendían su título obtenido cuatro años atrás.
Sin embargo, otros aseguran que eso ya pasó para la «Pulga» en 2014 y que este es su «1994». En esa edición (también en Estados Unidos), Maradona fue desafectado del plantel por un extraño control de doping en la fase de grupos. Entonces, sugieren que Messi no está trazando un paralelismo, más si escribiendo una historia desconocida, aquella que pudo haber sido si a Diego no le cortaban las piernas.
MM/VDM









