Javier Milei no tendrá dos incomodidades simultáneas en la mañana de este 25 de Mayo. Durante el tercer Tedeum de su mandato presidencial, a diferencia de las dos anteriores, no tendrá que compartir el protocolo con la vicepresidenta Victoria Villarruel, porque decidió no invitarla. La ceremonia religiosa por primer gobierno patrio de 1810 es realizada por la Iglesia Católica a pedido del Poder Ejecutivo y, por lo tanto, es la Casa Rosada la que elige a quien invitar. Es la primera vez que dejan afuera al vice y el dato no pasó inadvertido para el clero, protagonista de única incomodidad que Milei deberá enfrentar: la homilía que ofrecerá el arzobispo porteño Jorge García Cuerva.
«Qué difícil es poder respetar y hablar de diversidad en tiempos de rechazo de todo el que piensa distinto. Qué difícil es hablar de diversidad cuando nos sentimos un poco dueños de la verdad y descalificamos cualquier opinión o pensamiento contrario», dijo este domingo el prelado en la misa de Pentescostés que ofreció, en la previa del Tedeum. En este caso la homilía sonó como un anticipo del el mensaje que el arzobispo ofrecerá este lunes delante de todos los ministros del Poder Ejecutivo y del jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, a quien García Cuerva ya cuestionó por el despliegue de policías en las entradas de las villas porteñas.

«Tres veces, San Pablo insiste con este concepto de la diversidad. Diversidad de dones, diversidad de ministerios, diversidad de actividades, pero todos proceden de un mismo Espíritu. Es decir, por un lado, nos insiste San Pablo con la diversidad, y por otro lado, nos insiste con la comunión. Creo que justamente son palabras muy actuales en el contexto que vivimos. Qué difícil es hablar y respetar la diversidad en tiempos de intolerancia», lamentó y así marcó la previa de una de las dos ceremonias católicas de mayor impacto político del año, junto al Tedeum del 9 de Julio.
El Tedeum, una inflexión política desde Bergoglio con Néstor
Es la misma donde Jorge Mario Bergoglio mantuvo una tensa relación con Néstor Kirchner a partir de 2003, después con Cristina Fernández de Kirchner y también con Mauricio Macri, durante los ocho años que fue jefe de gobierno porteño. Tanta tensión tuvieron los tedéums con Cristina, que la entonces presidenta decidió trasladarlo a distintas provincias para evitar cruzárselo, hasta que todo cambio drásticamente en la relación entre ambos después de la muerte de Néstor. Los tironeos no aflojaron hasta que el arzobispo porteño y cardenal primado fue electo papa el 13 de marzo de 2013. Desde entonces comenzó un vínculo político que no cambió hasta la muerte del primer pontífice argentino y jesuita de la historia católica.

A Milei le tocó vivir un momento bisagra. Fue el último presidente argentino que convivió con un papa de la misma nacionalidad y cerró la inédita era bergogliana. Tuvo la oportunidad de ser recibido en la Santa Sede como sólo le sucedió a Cristina, Macri y Alberto Fernández, a quien Francisco respaldó para que fuera presidente, con el objetivo de revertir el impacto social de la política económica de Macri, pero después se arrepintió.
MIlei, de Francisco a León XIV
El presidente libertario asistió al entierro de Bergoglio en el Vaticano y a la elección de León XIV como su sucesor. El primer papa de origen hispano, que fue obispo en los Estados Unidos, está condicionado por el legado bergogliano y su intensidad quizás lo exponga al dilema de quedarse en la medianía o ir más a fondo, pero Robert Prevost es crítico de Donald Trump y con esa posición posiblemente visite la Argentina antes de fin de año.

Bergoglio pisó Buenos Aires por última vez a fines de febrero de 2013, cuando viajó a Roma para participar del cónclave que lo eligió papa. Desde entonces, transformado en Francisco y en sucesor de Joseph Ratzinger, no volvió nunca más a la patria que, desde que la dejó, añoró mucho. Su idea era volver en algún momento, pero la muerte le arrebató ese deseo. León XIV vendrá a cumplir con ese deseo bergogliano.
Las señales que deslizan fuentes oficiales y eclesiásticas, es que la visita sería en noviembre, antes o después de pisar Uruguay y ser recibido por el mandatario Yamandú Orsi. Sin embargo, el Gobierno decidió acelerar los anuncios, sin confirmación del Vaticano, como una forma de afrontar un tedeum que asoma sombrío.

Mitigación: Pettovello y Quirno con Colombo y García Cuerva
La semana pasada la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, y el canciller Pablo Quirno tuvieron una reunión con Marcelo Colombo, jefe de la Conferencia Episcopal Argentina y con García Cuerva. El encuentro formal fue el jueves en un momento donde la representación política del clero no ha ocultado su preocupación por el impacto social de la crisis.
Las dos partes informaron que fue «para dialogar sobre distintos temas vinculados a la agenda social de la Nación y de la Ciudad». Por fuera de los pocos detalles conocidos, la reunión despertó inquietudes. Queda saber si funcionó como una forma de suavizar el vínculo. Este viernes el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, anunció el envío al Congreso de un nuevo paquete de proyectos de ley, donde incluyó uno para combatir la Ludopatía. Fue en respuesta a las quejas públicas de la Iglesia por el entierro del proyecto anterior, que tuvo media sanción de Diputados y quedó cajoneado en el Senado. La reaparición del tema en el horizonte del oficialismo parece parte del mismo plan de mitigación que pusieron a prueba con la reunión del jueves y con la apuesta de acelerar los anuncios por una eventual visita de León XIV a la Argentina.

En lo inmediato está el tedeum y la preocupación por una crítica pública contra la gestión libertaria. En el mediano plazo está la necesidad de evitar que la visita papal sea un elemento unificador de la oposición a partir del impacto social de la crisis. La Secretaría de Estado del Vaticano siempre envía adelantados al lugar de la visita con seis meses de antelación. Es un paso previo a la confirmación del viaje, que siempre corre por cuenta exclusiva de la Santa Sede. Hasta que eso no suceda, todo lo demás formará parte de una guerra silenciosa de ansiedades e intereses cruzados.
A las preocupaciones del clero argentino, que el papa ya conoce con minuciosidad, García Cuerva sumó este domingo un cuestionamiento que comparten todos sus colegas obispos: la intolerancia y la violencia, especialmente en el discurso político y en la figura de Milei, a partir de sus insultos. Todavía no hubo un pedido de trasparencia en la gestión pública, que podría configurarse en una crítica directa a los casos de presunta corrupción que han marcado la gestión libertaria.

Un puente roto: quitar a Villarruel de la lista
Para el arzobispo porteño es imposible que pase inadvertida la exclusión de Villarruel. Quizás no lo mencione, pero fue García Cuerva quien bendijo el despacho de la vicepresidenta en el Senado. Fue a pedido de ella, como ferviente devota católica, que fue recibida por Bergoglio en Roma y que nunca negó su respeto con el papa jesuita. Todo a pesar de las profundas diferencias dentro del catolicismo, ya que Villarruel es lefevbrista, seguidora de una orientación ultraconservadora de la Iglesia, cuya excomunión fue levantada por Bergoglio.

El Gobierno eligió marcar la previa del tedeum con la decisión de castigar a Villarruel, dejándola afuera de la ceremonia, y multiplicando las versiones de una visita papal. Los movimientos parecian un plan amortiguación ante las previsibles críticas que esperan por el agravamiento de la pobreza y la situación social. La exclusión de la vice siembra dudas sobre la eficacia de ese plan o directamente lo han puesto en crisis. Si el arzobispo porteño desafía a Milei como visitante en la Catedral Metropolitana, el camino hasta que León XIV pise suelo argentino será un rosario de críticas igual de profundas. Quizás se transforme en un camino de espinas para el Gobierno.
CM






