«¿Y si mañana es el último concierto?», le preguntó hace diez años Mario Pergolini al Indio Solari. La respuesta fue tan simple como inolvidable: «Bueno. Festejemos, festejemos».
Quizá no haya mejor manera de arrancar esta final del mundo que con esa frase porque nadie sabe si hoy será el último partido de Lionel Messi con la Selección argentina, pero sí lo será en un Mundial. Estamos frente a una despedida, a pocas horas de que nuestro capitán sea para la Selección argentina un recuerdo -el mejor recuerdo para esta generación, sin dudas-.
Argentina jugará una final del mundo otra vez. Messi lo hará por tercera vez, en seis Mundiales. Y, nuevamente, será el capitán de un equipo que encontró en él mucho más que al mejor futbolista de la historia: encontró un modo de creer.
Argentina no llega a la final como el mejor equipo del torneo, ni como favorita. Y, sin embargo, acá está. “Le duela a quien le duela”, como dijo Messi después del triunfo frente a Inglaterra.
En ese Mundial, Argentina aprendió a sobrevivir. O, mejor dicho, recordó cómo hacerlo. Scaloni lo explicó mejor que nadie después de la semifinal: «Yo los conozco a ellos. Son indios. Se criaron en ambientes donde no le tenían miedo a nada.»
No fue una frase sobre fútbol, fue una definición que explica cómo Argentina llegó a una nueva final del mundo y cómo este grupo enfrenta la adversidad. Argentina convirtió el sufrimiento en un estilo de competencia.
Y esa fortaleza tiene nombres propios, los mismos que hace poco menos de 4 años salieron campeones del mundo. No es un detalle menor. La base de Qatar sigue siendo el corazón competitivo del equipo y eso se debe en gran parte a Scaloni.
Mientras afuera aparecieron a lo largo de este Mundial las críticas hacia ciertos jugadores, el entrenador jamás dudó públicamente de ellos. Y la confianza que transmite hacia adentro terminó reflejándose en la cancha, sobre todo en el último partido frente a Inglaterra donde apareció la mejor versión del equipo.
Y no sólo por lo futbolístico. También porque esa victoria volvió a reforzar una identidad colectiva que aparece cada vez que Argentina enfrenta a Inglaterra: la de una sociedad que encuentra en el fútbol un espacio para expresar una memoria y una forma de pensarse a sí mismo. Además, la bandera que los jugadores desplegaron al final del partido –«Las Malvinas son argentinas»– terminó de condensar ese sentimiento.
Y todavía no nos detuvimos en Messi, el pibe de 39 años. Hay una imagen que resume su Mundial y es su declaración después del hat-trick del debut, frente a Argelia: «Estoy disfrutando de esto, me siento muy bien y feliz dentro de la cancha. Me gusta jugar al fútbol, es mi pasión desde chiquito y siempre doy el máximo”.
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En esa frase, está la explicación de su último Mundial. Messi juega como alguien que ya no necesita demostrar absolutamente nada. Juega porque todavía disfruta hacerlo y esa libertad, es la que potenció al mejor futbolista del mundo.
Del otro lado, aparece probablemente el equipo más sólido del Mundial. Su entrenador, Luis de la Fuente, se caracteriza por tener un recorrido muy parecido al de Scaloni. Nunca dirigió un club y toda su carrera transcurrió dentro de la estructura de la Selección española. Formó a la mayoría de los jugadores que hoy estarán en la final y ganó torneos juveniles con varios de ellos. Además, dieciséis de los veintiséis convocados fueron campeones con él en la Eurocopa 2024.
España y De la Fuente no improvisaron un equipo, sino que construyeron una generación. Y esa es su mayor fortaleza. Los números también explican por qué llega como favorita: es la mejor defensa del Mundial, apenas recibió un gol en siete partidos y tiene seis vallas invictas. Su mayor fortaleza, sin dudas, es el juego colectivo y el no depender de un jugador en particular.
Argentina, en cambio, recibió siete tantos durante el torneo, aunque también convirtió seis más que España. A pesar de los números, sus estilos de juego no son contrapuestos, pero sí sus resultados: España concede muy poco, y Argentina acepta el caos y muchas veces consigue imponerse dentro de él.
También hay otra historia detrás de esta final. La de dos grupos que aprendieron a competir juntos durante muchos años. Scaloni y Luis de la Fuente se conocen, se respetan y mantienen una relación de amistad nacida mucho antes de este Mundial. Ninguno llegó hasta acá por casualidad.
Argentina buscará a las 16 horas su cuarta Copa del Mundo. España irá por la segunda. Messi querrá regalarse -y, sobre todo, regalarnos- una despedida imposible de mejorar, aunque su historia con la Selección hace tiempo dejó de depender de un resultado.
Lo escribió él mismo ayer a la noche en sus redes sociales: “Lo más lindo de todos estos años nunca fueron solamente los títulos, sino todo el camino. Compartir el día a día con este grupo, competir juntos, levantarnos en los momentos difíciles y disfrutar cada paso. Pase lo que pase mañana, este grupo ya escribió una historia que nunca vamos a olvidar y que nadie podrá borrar”.
Seis días antes de que arrancara el Mundial, escuchamos un audio del Indio Solari a Messi. Se viralizó después de su muerte y hoy suena casi como una despedida anticipada: «Lionel, compatriota…Has sido un tesoro deportivo argentino. El Dios y el diablo te dieron una destreza inimaginable. Me has hecho pasar momentos muy divertidos. Te merecés una buena vida«.
El mensaje termina con una posdata. Una frase que, desde hace cuarenta y cinco días, probablemente resuena en la cabeza de millones de argentinos porque el fútbol, a veces, necesita muy poco para volver a ilusionarnos: «Posdata: ¿Qué tal si ganás un campeonato del mundo más? Estás para eso, viejo. Estás para eso».
DC/VDM










