Sin abordar los temas más difíciles de la gestión del Estado, como la Economía y la Seguridad, el peronismo no recuperará su competitividad electoral. Tampoco si sus definiciones políticas giran en torno a la dinámica interna de la Provincia de Buenos Aires. Con esa premisa se reunieron este viernes los sectores del peronismo que no se identifican con el kirchnerismo, ni con el Movimiento Derecho al Futuro, que lidera el gobernador Axel Kicillof y tampoco con el Frente Renovador que conduce Sergio Massa. El encuentro fue un punto de partida para intentar reordenar a una parte del partido en medio de la crisis posterior a la última derrota electoral, sin hablar de candidatos y lanzando una señal a dirigentes que podrían regresar al PJ.
En el documento que cerraron remarcaron “la necesidad de avanzar en la construcción de un peronismo con base territorial, representativo de la Argentina productiva y con protagonismo de las provincias, descentrando el debate político de la lógica del AMBA”. Para prevenirse de los sectores en pugna el texto también aclara que «esta acción colectiva pretende sumar al debate del conjunto del peronismo, respetando a todos los compañeros y compañeras que quieran dar sincera y fraternalmente la discusión de cómo construir una alternativa».

La foto del encuentro en Parque Norte de este 1 de mayo refleja que hay una amplia franja, en casi todas las provincias que, más allá de las identificaciones, está buscando una forma de superar las consecuencias de la última derrota electoral.
La necesidad de un programa, con definiciones políticas consensuadas, atraviesa a todas las tribus del panperonismo. Han pasado ocho meses de las elecciones de octubre y el deterioro del gobierno de Javier Milei acelera la urgencia en el PJ para ordenar una parte de las discusiones que siguen irresueltas. La principal tiene que ver con el liderazgo del partido y la recuperación de su vocación frentista, pero los temas de la gestión siguen siendo una deuda }que, en la confrontación con Javier Milei, pueden transformarse en una debilidad. El peronismo no tiene un programa económico común. Tampoco ha canalizado los debates internos sobre seguridad y cuestiones penales. Son sólo dos muestras de las discusiones que, sin una salida, pueden poner en riesgo cualquier intento de unidad.

Una de las principales aclaraciones que hicieron en el espacio es que no van contra nadie, pero tampoco hicieron una expresión de apoyo para ningún sector. Se reunieron más de 1000 dirigentes, en un evento convocado inicialmente por Juan Manuel Olmos, el intendente de Pilar, Federico Achával y los diputados Guillermo Michel y Victoria Tolosa Paz. Son parte de una mesa que comenzó a principios de año y que incluso cuenta el respaldo del gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, que peleó por la conducción del PJ y quiso competir con Cristina Fernández de Kirchner bajo el signo de «Federales».

En el armado hay exalbertistas y representantes del peronismo de casi todas las provincias que están unidos por una particularidad: los desacuerdos con el kirchnerismo que alguna vez los dejó cerca de Massa y ahora decidieron rebarajar ante la demanda de la militancia que, como sus dirigentes, tratan de cruzar la niebla de indefiniciones. Algo parecido sucede en la CGT y por eso estuvo presente una parte de su triunvirato.

Entre los participantes hubo 70 intendentes, 120 concejales de 19 de las 24 provincias. Hubo delegaciones del peronismo mendocino, que lidera Emir Félix, lider del sector Azul que confronta con La Cámpora en la provincia. De Córdoba hubo una nutrida presencia del peronismo provincial referenciado en el gobernador Martín Llaryora, que sigue de cerca el armado, especialmente porque aparece como una opción interna del PJ que no se identifica con el kirchnerismo.
Fueron 30 intendentes cordobeses para demostrar que hay interés en un armado alternativo. Sólo eso por ahora porque se trata de uno de los peronismos que más autonomía reclama y viene de intentos parecidos, con el mismo nombre, como el Peronismo Federal que encabezaron el entonces gobernador Juan Schiaretti, Massa y Miguel Angel Pichetto, antes de que se fuera del espacio para compartir fórmula con Mauricio Macri.
En aquel momento se registraron tantas diferencias que el armado se diluyó El cordobesismo gobierna en una provincia donde Javier Milei gana por números muy amplios, pero sus dirigentes, como Llaryora, necesitan una proyección que vaya más allá del distrito que controlan hace 20 años.

Por ahora, lo más interesante del armado es la presencia de los representantes provinciales, que responden a líneas que tejen contactos en la Cámara de Diputados. Hay un interrogante y, al mismo tiempo, una gran expectativa sobre quiénes podrían venir en el futuro a la segunda convocatoria. Dentro el espacio están conversando con quienes fueron aliados de Cambiemos y de Juntos por el Cambio. Aquellos que algunos creen que «nunca tendrían que haberse ido del peronismo». Recuerdan, como pícaro ejemplo, que Emilio Monzó era ministro de Asuntos Agrarios de Daniel Scioli antes de la crisis por la resolución 125. Es una alusión abstracta, aclaran los consultados, que miran con cariño la posibilidad de escuchar a Pichetto en el mismo espacio. Se entusiasman después de los encuentros que ha tenido con Cristina y la intendente de Moreno, Mariel Fernández.

Por ahora son sólo especulaciones, porque la movida de la mesa encabezada por Olmos ahora busca saber cómo ha sido el impacto de la convocatoria, que tiene un claro mensaje para sumar átomos sueltos del peronismo.
En el documento que cerraron el viernes, hay algunas definiciones que apuntan a ese universo. «El progreso social sostenido requiere un orden macroeconómico que lo respalde», sostiene el pronunciamiento antes de lanzar una sentencia de moderación. «El equilibrio fiscal es una condición técnica necesaria para crecer con estabilidad, pero no es suficiente, es necesario alcanzar el equilibrio social que permita un nivel de salarios y distribución de la riqueza que construya una sociedad mas justa», dice el texto.
CM





