“No la podemos pasar peor que esto, compañeros, vamos todos adentro”. El grito, como una señal de guerra, fue el inicio de la permanencia de los trabajadores de FATE en la planta de Virreyes, San Fernando. El miércoles a la madrugada, se enteraron por un cartel en la puerta que la histórica fábrica de neumáticos había cerrado y que todos, los 920, estaban en la calle. Lo que siguió después fue cortar el alambrado perimetral y entrar al lugar, en el que muchos habían pasado 30, 20 o diez años de su vida.
Gabriel Osorio tenía 31 años cuando empezó a trabajar en FATE, fue su segundo empleo y el único hasta ayer. Hoy tiene 51. A lo largo de las dos décadas en las que trabajó, pasó varias crisis económicas: la hiperinflación, el menemismo, el 2001, la crisis internacional del 2009 y el macrismo en el 2015. “Ahora hay una diferencia muy grande con todos esos momentos y es que hoy no tenemos plata para sobrevivir. Antes había un poco de plata en la calle, ahora estamos endeudados, en crisis. En ese marco nos llegan los despidos y no hay laburo en otras fábricas porque las fábricas se cierran. No es que me voy de acá y consigo algo. Si me echan de acá y no consigo trabajo”, dice Gabriel. No hay nada y, mucho menos, para una persona que superó los 50. Lo que queda, dice, es trabajo precarizado o en aplicaciones.
Gabriel estaba de vacaciones cuando se enteró, igual que muchos de sus compañeros. No esperaba una decisión así, aunque sí veía cómo todo en la fábrica se iba degradando. Los salarios congelados desde hacía 14 meses, la paralización de varias líneas de producción y las presentaciones del Concurso Preventivo de Crisis que se hicieron a partir del 2024. “La industria del neumático no estaba en su mejor momento por la apertura de las importaciones, pero los trabajadores no tenemos que pagar las crisis de la patronal”, dice Gabriel.
Según la Asociación de Fábricas de Componentes (AFAC), el aumento de las importaciones fue 44% interanual. En 2025 se importaron 7.800.000 unidades de neumáticos para un mercado que engloba aproximadamente 10.000.000 anuales. Si se lo mide en términos de caudal de dinero, en 2024 se importaron neumáticos por 462 millones de dólares mientras que el año pasado fueron 663 millones.
Ayer, el Ministerio de Capital Humano de Nación y el de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires dictaron la conciliación obligatoria, pero la decisión de los trabajadores fue seguir con la permanencia pacífica en el predio.
Los empleados también apuntan a la responsabilidad del dueño de la empresa, Javier Madanes Quintanilla: “Es de la familia más rica y de la noche a la mañana quiere castigar toda la crisis sobre nuestras espaldas y nos deja sin comida para los hijos”, dice Pedro, otro de los despedidos.
Efectivamente, Madanes Quintanilla es de las familias más ricas. Tanto que en 2024 tenía una fortuna que ascendía a 1.500 millones de dólares y la revista Forbes lo ubicó en el puesto 12 del ranking argentino, muy cerca de Eduardo Costantini.
Afuera del predio, están las familias de los despedidos, los trabajadores de otros gremios, los jubilados que se manifiestan en el Congreso y los vecinos del barrio, al que todos conocen como “Barrio FATE”. Las charlas pasan de qué hacer con la indemnización que la empresa prometió pagar, cómo seguir el plan de lucha para recuperar el puesto de trabajo y cómo afrontar los pagos pendientes. El grueso de los -ahora- desempleados llegó a este momento endeudado, usando la tarjeta de crédito para comprar comida y estirando el pago del alquiler.
“Nos afecta a todas porque estamos en un contexto de incertidumbre económica”, dice Maqui Beitia, que junto a otras formaron la Comisión de Mujeres de FATE y acompañan a sus maridos en los reclamos. Es la esposa de Alejandro Crespo, secretario general del Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino (SUTNA) y despedido de la fábrica. “Nuestras familias se quedan en la calle en un momento donde las industrias mueren y la única salida es Uber”, dice.
El miércoles, después de que se conociera el cierre, algunos trabajadores subieron al techo de la planta. Otros usaron esos mismos neumáticos que fabricaron con sus manos y los hicieron arder en la puerta de la planta: el humo negro sobrevoló las máquinas, paralizadas.
Sobre el cierre de la fábrica, informó Clarín que a FATE «se le cruzaron varios factores, como el ingreso masivo de cubiertas de origen chino (con precios hasta un 40% menores), la pérdida de poder adquisitivo que hizo que se postergue el recambio de neumáticos o se busquen opciones en países limítrofes. Y meses de tensión extrema con el SUTNA (Sindicato Único de Trabajadores del Neumático), que incluyeron paros, bloqueos y negociaciones fallidas».
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