La Cámara de Diputados dio media sanción, tras un extenso debate, al proyecto de ley Súper RIGI. Fue poco antes de la medianoche del miércoles, con una votación 130 respaldos, 106 rechazos y 7 abstenciones para el régimen de incentivos fiscales destinado a grandes inversiones en nuevas industrias tecnológicas que envió el gobierno de Milei al Congreso. La sesión empezó con un quórum en el filo, continuó con la aprobación del acuerdo con los holdouts (139 a 97) y tuvo a Manuel Adorni colándose en cada apartamiento que intentó la oposición. Los aliados claves de LLA fueron el PRO y la UCR, que ayer negaron el quórum para avanzar contra el jefe de Gabinete, y hoy abrieron el recinto para la agenda económica del Gobierno. La sesión duró más de diez horas.
El Súper RIGI establece un régimen de beneficios fiscales por 30 años para proyectos de inversión superiores a 1.000 millones de dólares en lo que el texto denomina «nuevas industrias»: inteligencia artificial, data centers, baterías de litio, autos eléctricos, paneles solares, turbinas eólicas y proyectos vinculados al uranio. Los incentivos incluyen una alícuota reducida de ganancias al 15%, amortización acelerada, deducción de quebrantos sin límite temporal, arancel cero para importaciones y exportaciones, contribuciones patronales reducidas al 10% para nuevas relaciones laborales y la posibilidad de someter controversias con el Estado a arbitraje internacional. El proyecto incorporó en comisión, para sumar votos de aliados, una cláusula de desarrollo de proveedores locales —mínimo 20% de las compras a proveedores nacionales— y una ponderación doble para inversiones en investigación y desarrollo, con tope del 20% del monto mínimo exigido.

Una ley «a medida de Peter Thiel»
El miembro informante del oficialismo, Bertie Benegas Lynch —presidente de la Comisión de Presupuesto y Hacienda— arrancó con un diagnóstico: «En los últimos cien años hemos acelerado contra la pared y hemos transformado a la Argentina en ‘Cavernicolandia'». Defendió el régimen como «incentivos fiscales, cambiarios, aduaneros y seguridad jurídica, cuatro conceptos que los países civilizados ya tienen incorporados». Y fue directo contra la oposición: «Ustedes vienen acá, se ponen el trajecito de expropiadores y legislan sobre el patrimonio de otros«..
En su turno, Maximiliano Ferraro (Coalición Cívica) nombró al destinatario que nadie en el oficialismo quería que se nombrara: «Esta es una ley con nombre y apellido: Peter Thiel«, dijo, en referencia al multimillonario tecnológico fundador de Palantir, vinculado a los servicios de inteligencia de Estados Unidos e ideólogo del movimiento tecnolibertario al que Milei referencia. Ferraro advirtió que el proyecto «nos empuja a la plutocracia» y preguntó: «¿Quiénes quedan dentro y quiénes fuera de esta Argentina?»

Mario Manrique (UxP), titular del SMATA, fue el miembro informante de la minoría y no se guardó nada: «Este proyecto no es una ley, es un negociado entre particulares para estampar la firma como si fuéramos escribanos. Esto es parte de un plan macabro para entregar la República Argentina y este proyecto está encadenado con la Ley de Glaciares, la Inviolabilidad de la Propiedad Privada y la Ley Laboral«.
Victoria Tolosa Paz (UxP) sumó: «Nada más cavernícola que confundir inversión con desarrollo. Nadie les pedía tanto. Nadie va a dejar de invertir 1.000 millones de dólares porque se le descuente 14 puntos de los aportes patronales. Nadie les pide bajar la tasa de ganancias por los próximos 30 años».

Adriana Serquis (UxP), integrante de la Comisión de Ciencia, ironizó sobre las promesas del régimen: «¿Los jóvenes van a invertir mil millones de dólares? ¿Este incentivo hará que haya mayores inversiones en desarrollo científico nacional? No hay nada de eso». Y tachó al proyecto de inconstitucional por obligar a litigar en tribunales extranjeros.
Juan Grabois (UxP) apeló al Papa: basó su rechazo en las posturas de Jorge Bergoglio y su sucesor León XIV sobre las nuevas industrias, y advirtió que el régimen habilitará «zonas liberadas» dentro del país: «Vienen a extraer, en función de objetivos perversos, los recursos de nuestra patria, y a los científicos de nuestra patria».
Kelly Olmos (UxP) fue más sintética al decir que «esto no es un problema del riesgo kuka, es un problema del riesgo Caputo«.
Desde los aliados que acompañaron, el MID mostró la postura más matizada. Eduardo Falcone agradeció al oficialismo por aceptar la cláusula de proveedores locales y el incentivo de I+D, pero advirtió que el régimen deja afuera a la construcción y a otros sectores en crisis: «No significa que el régimen sea malo, solo hay que complementarlo con otras políticas».

Miguel Pichetto (Encuentro Federal) fue el crítico más detallado desde el campo del centro: señaló que el proyecto concentra beneficios en sectores de capital intensivo sin compensar a los de trabajo intensivo, y que la obligación de litigar en jurisdicciones provinciales y municipales bajo el marco de la ley podría ser inconstitucional. «No me parece una buena ley. Voy a votar en contra«, anunció.
Desde Provincias Unidas, Schiaretti también rechazó el proyecto: los diputados cordobeses denunciaron que la ley «solo beneficia a grandes corporaciones en detrimento de otras actividades productivas» y que «las retenciones agropecuarias terminarán financiando las exenciones impositivas de las multinacionales».

Adorni siempre presente
La sesión de hoy fue la que el oficialismo pudo hacer gracias a los mismos aliados que ayer impidieron la sesión opositora contra Adorni. La oposición no lo dejó pasar. Antes de arrancar el debate de los proyectos del Gobierno, cuatro apartamientos intentaron reintroducir al jefe de Gabinete en el recinto. El de Myriam Bregman (FIT) para tratar la moción de censura reunió apenas 104 votos a favor, muy lejos de los tres cuartos requeridos. El de Freitas (UxP) para tratar el endeudamiento familiar fue rechazado. El de Ferraro para convocar a la Comisión de Asuntos Constitucionales a dictaminar el 30 de junio a las 18 fue el que más cerca estuvo: 122 votos a favor pero insuficientes. Bregman lo resumió desde el recinto: «Nos gustaría saber cuántos pendrive de diferencia hay entre dar quórum hoy o dar quórum ayer. Adorni es Milei«.
Antes de todo eso, el cruce que abrió la sesión entre dos pesos pesados: Cristian Ritondo intentó defender la ausencia del PRO del martes con ironía. Germán Martínez le respondió: «Nadie te pide tanto, Cristian«.
La sesión fue una de las más largas del período ordinario. Arrancó con la jura de Martín Matzkin como reemplazante de Adrián Ravier —el flamante vocero presidencial que fue el último en sentarse para abrir el quórum, después de que Menem dijera «dale loco, puta madre» con el micrófono abierto.
Continuó con cuatro tratados internacionales aprobados en trámite exprés —convenios de doble imposición con Francia, pesca ilegal de Roma, seguridad social con Suiza y San Marino— y con la aprobación del acuerdo holdouts (139 a 97). Llegó al Súper RIGI después de las 16:30, con más de una docena de oradores, y terminó en [COMPLETAR con resultado y hora de votación].
JD/CM





