La suba del precio de la carne vacuna mostró una pausa durante junio, con un incremento promedio de apenas 0,3% respecto de mayo, según el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA). Sin embargo, el alivio mensual no modifica el fuerte encarecimiento acumulado, ya que en los últimos doce meses los cortes vacunos aumentaron 55,6%, muy por encima de la evolución de los ingresos de buena parte de la población.
El informe semanal del Rosgan reveló que el precio promedio de los cortes alcanzó los $18.617 por kilo, y destacó que junio marcó el tercer mes consecutivo con aumentos de la carne por debajo de la inflación. Tras el fuerte salto de más del 10% registrado en marzo, el mercado ingresó en una etapa de mayor estabilidad, favorecida por una mayor oferta de hacienda y una demanda que ya no convalida nuevas subas al mismo ritmo que en períodos de alta inflación.
La desaceleración de los precios, uno de los principales argumentos que exhibe el Gobierno para defender su programa económico, todavía no se traduce en una recuperación del poder adquisitivo. La moderación de la inflación convive con salarios y jubilaciones que siguen sin recuperarse, una situación que continúa condicionando las decisiones de consumo de los hogares.
En ese contexto, la carne vacuna pierde terreno frente a otras proteínas. Mientras en junio el pollo bajó 1,3% y el pechito de cerdo retrocedió 0,1%, sus aumentos interanuales fueron de 34,3% y 25,6%, muy por debajo del registrado por la carne vacuna. La brecha de precios explica el cambio de hábitos: con el valor de un kilo de carne vacuna hoy es posible comprar casi cuatro kilos de pollo o alrededor de dos kilos de carne de cerdo.
El Rosgan advirtió que el consumo aparente de carne vacuna cayó en mayo a 47,4 kilos por habitante por año, un 6,4% menos que en igual mes de 2025. Si bien aclaró que se trata de un indicador elaborado a partir de la producción y las exportaciones —y no de una medición directa del consumo efectivo—, refleja una menor disponibilidad destinada al mercado interno y confirma la tendencia descendente que viene registrando el sector.
La caída también se observa en una perspectiva más amplia. El consumo promedio de carne vacuna pasó de 49,2 kilos por habitante en 2021 a los actuales 47,4 kilos, mientras que el de carne porcina creció de 15 a 19,6 kilos anuales y el de pollo se mantuvo estable, en torno a los 47 kilos per cápita. El cambio responde tanto a la mayor oferta de carnes alternativas como a una diferencia de precios que se volvió cada vez más favorable para esas opciones.
El informe del IPCVA también mostró diferencias según el canal de venta. En junio, los precios permanecieron estables en las carnicerías, pero aumentaron 0,7% en los supermercados. En la comparación interanual, sin embargo, las carnicerías acumulan una suba del 59,3%, por encima del 47,5% registrado por las grandes cadenas.
Para el Rosgan, “es probable que esta situación se prolongue durante buena parte del segundo semestre, favorecida por una mayor disponibilidad estacional de hacienda terminada y, particularmente este año, por una estrategia generalizada de retención de animales para agregar kilos antes de la faena”.
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