La euforia mundialista que generó el pase a la gran final de la Selección argentina no logró esconder el escándalo que generó la decisión del gobierno nacional de aceptar sin chistar los lineamientos de seguridad que bajó el FBI, que entre otros puntos prohibió la exhibición de banderas con contenido político, incluídas aquellas que hacen referencia a la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas.
El anuncio se hizo un día antes del partido y desde el momento en el que se dio a conocer la polémica se instaló incluso dentro del propio oficialismo. Sin consultar con ninguna de las terminales políticas del gobierno nacional, Alejandra Monteoliva dio a conocer en una entrevista radial los pormenores del acuerdo “pre match” que el país firmó junto a la FIFA, el FBI, las policías de Atlanta y Miami, y delegaciones de seguridad de Inglaterra y Argentina. “No pueden entrar banderas con contenido político, nada que contenga un mensaje que pueda provocar algún tipo de situación”, sostuvo la ministra de Seguridad al ser consultada sobre la presencia de imágenes de las islas.

Las declaraciones de la cordobesa generaron una ola de reacciones en la oposición, que al instante de conocerse la noticia comenzaron a denunciar al oficialismo por entregar el reclamo de soberanía sobre el territorio usurpado por la corona británica desde hace más de doscientos años.
Sin embargo, no fueron los únicos. Dentro del propio oficialismo el accionar de la ministra generó un fuerte descontento, puesto que la acusan de no haber consultado sobre esta decisión y, tras cartón, haber alardeado sobre el supuesto “contenido político” de las banderas. “Se mandó sola, no le preguntó a nadie y encima dijo esa burrada”, se ofuscaban por esas horas dentro del oficialismo.

El posicionamiento de Monteoliva, quien hasta el momento del cierre de esta nota no volvió a pronunciarse sobre el tema, se sumó a los dichos de Adrián Ravier en conferencia de prensa este martes. Pese a recalcar el reclamo por la soberanía, el vocero presidencial no pudo esquivar la consulta sobre la admiración manifiesta de Javier Milei sobre Margaret Thatcher y en este punto el portavoz sostuvo que “lo que él valora tiene que ver con el plan de estabilización, la baja en la inflación y alguna parte de su ideología económica” e inistió en que “el presidente Milei, con mucho liderazgo, está tratando de recuperar las Malvinas todos los días. El canciller Pablo Quirno lo manifiesta de manera permanente”.
Si bien intentaron equilibrar la balanza y alejarse del escándalo, fue la propia Victoria Villarruel quien recogió el guante y utilizó la pasividad del gobierno sobre el tema para posicionarse sobre el partido que estaba por disputarse. “Mañana jugamos contra los piratas usurpadores. No es un partido más. No voy a ser políticamente correcta ni pecho frío, contra los ingleses siempre es algo más. Es Malvinas, es el Diego, es la última de Leo y es pararle el carro a los invasores. ¡Aguante Argentina! Porque hasta el último suspiro vamos a reclamar lo nuestro!”, posteó la vicepresidenta diferenciándose de la línea oficial, que intentaba no mezclar el fútbol con la política.
El posicionamiento de la titular del Senado, que habría tenido un cruce con Patricia Bullrich en las últimas horas para intentar suspender la sesión en la cámara alta en la que el gobierno se juega la aprobación de la ley de Propiedad Privada, resonó en todo el arco político y tuvo repercusiones directas para el gobierno.
Según confiaron fuentes oficiales, altas esferas del oficialismo inglés se pusieron en contacto con terminales argentinas para hacer saber su malestar sobre los hechos. En esta comunicación, desde la Casa Rosada hicieron saber que no se hacen responsables de los dichos de la vicepresidenta, puesto que entienden que ella ya no forma parte de la gestión. Al parecer, la justificación no habría sido suficiente para los ingleses.

Según publicó el diario Sky News, el gobierno de Keir Starmer presentó un pedido ante la FIFA para forzar una investigación sobre la selección argentina por la exhibición de la bandera, por considerar que podría infringir lo acordado durante la previa del partido y consignado por la propia Monteoliva. Conscientes de la irritabilidad que generó el tema, el presidente se vio obligado a romper el silencio y afirmó que el despliegue de la bandera son “cosas que pasan en la cancha con los jugadores” pero que no forman parte de los reclamos diplomáticos que el país mantiene vigente. “En el peor de los casos, la Argentina recibirá una sanción económica de 30.000 dólares. Lo de los jugadores es entendible, gana la emoción y hace que se discuta una sanción», insistió.

Respecto al reclamo, el jefe de estado reafirmó la soberanía sobre las islas aunque afirmó que el mismo “está en otro carril, eso hay que manejarlo inteligentemente, pero son cosas distintas. Un partido de fútbol es un partido de fútbol”. En este punto, y para intentar consagrarse a costa de la euforia mundialista, Milei volvió a reiterar que el gobierno nacional puso a disposición la Casa Rosada para que los jugadores puedan celebrar una vez finalizada la aventura mundialista. “Está garantizado que no habrá ninguna figura política ni persona vinculada a la política que empañe o intente apropiarse de un logro que es de este grupo extraordinario de jugadores”, aseguró el líder libertario.
En este sentido, desde el gobierno dieron a conocer que comenzaron con la organización del operativo de seguridad para garantizar la llegada del plantel y el despliegue de las celebraciones que se darán una vez aterrizados. El mismo está siendo coordinado con los Ministerios de Seguridad de la Ciudad, la Provincia de Buenos Aires y la Asociación de Fútbol Argentino, que todavía no confirmó si los jugadores asistirán o no a la sede de gobierno para celebrar con el pueblo.
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