El cierre de los mercados dejó una nueva señal de alerta para los activos argentinos. Tras el feriado local, los bonos soberanos en dólares extendieron su racha negativa y el riesgo país superó los 500 puntos básicos, al avanzar 17 unidades hasta los 506 puntos, su nivel más alto desde el 26 de mayo.
La suba del indicador se produjo en una jornada marcada por la caída de los títulos públicos. Los bonos argentinos retrocedieron hasta 1,7%, con el Global 2046 entre los más castigados, seguido por el Global 2041, que cayó 1,5%, y el Global 2035, con una baja de 1,3%. La pérdida de valor de los bonos elevó el diferencial de rendimiento que mide J.P. Morgan y volvió a alejar a la Argentina de los niveles que el Gobierno esperaba alcanzar para recuperar condiciones más favorables de financiamiento.
El deterioro fue todavía más significativo porque, semanas atrás, el riesgo país había iniciado una trayectoria descendente que lo había llevado a acercarse a los 400 puntos. Esa tendencia alimentaba las expectativas oficiales de una reducción sostenida del costo de financiamiento y de una eventual vuelta a los mercados internacionales de deuda. Sin embargo, el cambio en el contexto financiero global y la persistencia de factores locales revirtieron ese escenario.
El frente internacional fue uno de los elementos que condicionó la jornada. La prolongación y el recrudecimiento de las tensiones en Medio Oriente aumentaron la cautela en los mercados y generaron un escenario menos favorable para los activos considerados de mayor riesgo. La incertidumbre geopolítica volvió a golpear a los mercados globales y afectó especialmente a los países emergentes, donde los inversores suelen reducir su exposición cuando aumenta la búsqueda de activos más seguros.
Pero la presión sobre los activos argentinos también respondió a factores internos. Los últimos datos vinculados con el deterioro del empleo y los salarios sumaron interrogantes sobre la evolución de la economía y la sostenibilidad política del programa libertario. En ese contexto, los inversores volvieron a adoptar una posición defensiva y evitaron asumir mayores riesgos, mientras el mercado sigue de cerca la capacidad del Gobierno para sostener sus principales objetivos económicos.
La caída de los bonos se extendió tanto a los Globales como a los Bonares, que en algunos casos registraron bajas de hasta 2,4%. El comportamiento de la deuda fue determinante para explicar la escalada del riesgo país: cuando los precios de los bonos caen, sus rendimientos suben y se amplía la brecha frente a los títulos estadounidenses, que es la referencia utilizada para medir la percepción de riesgo sobre la deuda argentina.
La mala jornada también alcanzó a la Bolsa porteña. El índice líder del mercado local cayó 1,9% hasta los 2.891.651,11 puntos, mientras que medido en dólares retrocedió 2,6% hasta las 1.829,11 unidades. Entre las mayores bajas se ubicaron Transener, con una caída de 4,8%; Grupo Supervielle, con 4,7%; Transportadora de Gas del Norte, con 4,3%; y Edenor, con 4%.
En Wall Street, los ADR de empresas argentinas tampoco lograron escapar de la tendencia negativa. YPF encabezó las pérdidas con una baja de 3,8%, seguida por Banco Macro, que retrocedió 3,6%; Grupo Supervielle, con una caída de 2,9%; y Grupo Financiero Galicia y BBVA, que perdieron 2,8% cada uno.

El salto del riesgo país también representa un golpe para Luis Caputo, que había convertido la reducción del indicador en una de las principales credenciales de su gestión económica. Según el propio mercado, para pensar en una mejora sustancial de las condiciones de financiamiento, el indicador debería acercarse a la zona de los 300 puntos básicos, muy lejos de los valores actuales. La promesa de una normalización financiera, entonces, continúa dependiendo de un objetivo que todavía parece distante, mientras el ministro de Economía mantiene una economía atravesada por la debilidad de la actividad, el empleo y los ingresos.
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