Los resultados de las pruebas PISA 2025 volvieron a encender las alarmas sobre el nivel de aprendizaje de los estudiantes argentinos. El país retrocedió en las tres áreas evaluadas (Matemática, Lectura y Ciencias) y quedó ubicado en el octavo lugar entre los 13 países de América Latina que participaron de la medición.
Argentina obtuvo 393 puntos en Ciencias, 389 en Lectura y apenas 367 en Matemática. Los tres registros son inferiores a los de la evaluación anterior de 2022 y, en el caso de Matemática, se trata del peor resultado de toda la serie comparable. En Ciencias y Lectura, en tanto, hay que retroceder hasta 2006 para encontrar desempeños inferiores.
La caída fue de 13 puntos en Ciencias, 12 en Lectura y 11 en Matemática respecto de la edición anterior. Es la primera vez, dentro de la serie comparable, que Argentina registra un retroceso simultáneo en las tres áreas de la evaluación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

El dato más crítico aparece en Matemática: el 76% de los estudiantes argentinos de 15 años no alcanzó el nivel básico de desempeño establecido por PISA. Es decir, apenas uno de cada cuatro logró llegar al nivel 2 o superarlo. En Lectura, solo el 40% alcanzó el nivel considerado básico y en Ciencias lo hizo el 41%.
La dimensión del problema también queda expuesta al comparar con los países de la OCDE. Mientras en Argentina el 24% de los estudiantes llegó al nivel básico o superior en Matemática, el promedio de la organización alcanza el 65%. En Ciencias la diferencia es de 41% contra 74%, y en Lectura de 40% contra 69%.
Además, el 48,8% de los estudiantes argentinos presenta simultáneamente un desempeño bajo en Ciencias, Lectura y Matemática, frente al 19,7% promedio de la OCDE. En el extremo opuesto, apenas el 1,2% de los alumnos argentinos alcanza los niveles más altos en al menos una de las tres áreas, contra el 11,9% en los países de la organización.

Frente a los resultados, el Ministerio de Capital Humano, que conduce Sandra Pettovello, difundió un comunicado oficial en el que buscó poner el foco en la trayectoria educativa de los estudiantes y no exclusivamente en la gestión actual.
El título del documento es elocuente: “Evaluaciones PISA 2025: los resultados reflejan los aprendizajes acumulados tras 12 años de escolaridad, contemplando el recorrido de los estudiantes desde 2013”.
La cartera sostuvo que los resultados son consecuencia de las políticas educativas aplicadas por las administraciones anteriores y que el deterioro debe analizarse a partir de un proceso de largo plazo. “En nuestro país, los datos evidencian” —señala el comunicado— una situación que debe ser interpretada considerando las trayectorias escolares iniciadas en 2013.

El argumento central del Gobierno es que los adolescentes que rindieron PISA en 2025 atravesaron prácticamente toda su escolaridad secundaria durante gestiones anteriores. Por eso, Capital Humano plantea que la medición no puede utilizarse como una fotografía exclusiva de las políticas implementadas desde diciembre de 2023.
La propia Ministra defendió esa idea en redes sociales: «La educación no sigue para abajo. Estamos logrando resultados y avances importantes en los aprendizajes fundamentales de todos nuestros chicos, en especial de los más vulnerables. PISA se aplicó a mediados del año pasado a alumnos de 15 años. A esa edad, el impacto no es inmediato, como sí ocurre en el nivel primario», justificó.
El Ministerio reconoce, al mismo tiempo, la gravedad de los resultados. En el documento señala que se registró una caída de los aprendizajes en Ciencias, Lectura y Matemática, aunque advierte que Argentina parte de “un punto de partida que ya era bajo” y que existía una situación crítica en materia educativa.
La cartera que conduce Pettovello también destaca que la caída argentina se inscribe en un deterioro internacional. La propia OCDE registró retrocesos globales en los aprendizajes, especialmente en Lectura y Matemática. Sin embargo, el Gobierno subraya que Argentina enfrenta ese escenario desde niveles de desempeño considerablemente más bajos.
En la misma línea se expresó el vocero presidencial Adrian Ravier. “Desde el año 2013 hasta 2025, en ese tiempo gobernaban otros gobiernos, que hicieron las cosas mal en materia de educación”, consideró en conferencia de prensa.
La pedagoga y exfuncionaria Adriana Puiggrós cuestionó la lectura del Gobierno sobre los resultados de PISA y rechazó la idea de que exista un deterioro educativo acumulado durante décadas. La exsecretaria de Educación sostuvo que “la educación argentina había mejorado mucho desde el 2000 en adelante” y planteó que el retroceso actual debe analizarse en relación con la falta de capacitación docente y la ausencia de una política educativa nacional clara. Relativizó el valor de las pruebas PISA como diagnóstico integral del sistema educativo. Afirmó que se trata de evaluaciones “estrictamente cuantitativas” que aplican los mismos criterios a estudiantes de contextos muy diferentes y sostuvo que no contemplan suficientemente variables sociales, culturales y lingüísticas. En ese sentido, planteó que deberían complementarse con investigaciones cualitativas capaces de captar cómo aprenden alumnos de distintos sectores sociales, incluidos aquellos que crecen en hogares bilingües o en contextos de mayor vulnerabilidad. Su crítica no implica, aclaró, desconocer los problemas en Matemática y Lectura, sino cuestionar que una única medición pueda explicar por sí sola la situación educativa argentina.
Puiggrós ubicó además el debate sobre los docentes y la tecnología en el centro de la discusión. Rechazó la mirada oficial que responsabiliza a los maestros y sindicatos por los malos resultados y afirmó que existe desde hace décadas una estrategia de “descalificación del docente” asociada a sectores conservadores. Al mismo tiempo, defendió el uso pedagógico de celulares e inteligencia artificial y cuestionó las políticas basadas exclusivamente en prohibiciones: “Prohibir el uso de celulares y de la IA es prohibir a los chicos, a los adolescentes y a los docentes que sigan el curso de la historia”, sostuvo. Para la exfuncionaria, el desafío no pasa por excluir la tecnología de las aulas sino por enseñar a utilizarla y regular sus riesgos.
La evolución histórica muestra que el problema no comenzó con la última medición. En Ciencias, Argentina había obtenido 391 puntos en 2006, 401 en 2009, 406 en 2012, 404 en 2018 y 406 en 2022, antes de caer nuevamente a 393 en 2025.
En Lectura, el país había alcanzado 402 puntos en 2018 y 401 en 2022, para retroceder ahora hasta 389. En Matemática de 378 puntos en 2022 a 367 en 2025, el registro más bajo de la serie comparable.
La comparación regional tampoco resulta favorable. Argentina quedó octava en América Latina en las tres materias. En Matemática, incluso, registró la mayor caída de toda la región respecto de 2022, con 11 puntos menos.
En Ciencias, Uruguay encabezó la región con 445 puntos, seguido por Chile con 442. Brasil, que en 2022 estaba tres puntos por debajo de Argentina, ahora obtuvo 409 frente a los 393 argentinos. En Matemática, Uruguay alcanzó 405, Chile 403 y México 388, mientras Argentina quedó séptima en la región, con 367 puntos, apenas por encima de Ecuador.

El informe también ofrece datos sobre el clima dentro de las aulas y el impacto de la tecnología. El 55% de los estudiantes argentinos afirmó que sus compañeros se distraen con dispositivos electrónicos durante la mayoría o todas las clases de Ciencias. El promedio de la OCDE es del 28%.
Además, el 58% sostuvo que el ruido y el desorden interrumpen las clases, frente al 31% promedio de la OCDE. El 47% dijo que sus compañeros no escuchan al docente, contra el 29% internacional.
La inteligencia artificial, en tanto, ya forma parte de los hábitos educativos de los adolescentes: el 52% de los argentinos dijo utilizar chatbots de IA al menos una vez por semana para ayudarse a aprender, frente al 46% promedio de la OCDE.
AL/CM










