Frente al avance de la inteligencia artificial surge una duda central: ¿qué ocurre con los ingresos de las personas si una parte cada vez mayor de la riqueza deja de generarse a través de los salarios? En ese sentido, el nuevo modelo desarrollado por el equipo de Anthropic permite dimensionar esa discusión. La compañía elaboró tres escenarios posibles poniendo el foco en lo que podría ocurrir con la economía estadounidense hacia 2030, aunque el análisis también podría aplicarse al mundo entero, incluida la Argentina.
Los modelos van desde un impacto relativamente similar al que tuvo internet hasta una transformación mucho más profunda, con sistemas de inteligencia artificial capaces de realizar de manera autónoma la mayor parte de las tareas cognitivas.
El escenario extremo supone un crecimiento del PBI de hasta 15% anual, con una economía que podría duplicar su tamaño cada cuatro años y medio. Pero esa expansión tendría un costo distributivo: el desempleo entre los trabajadores vinculados al conocimiento aumentaría de manera significativa y la participación del trabajo en el ingreso caería, mientras crecería la del capital.
La propia Anthropic advierte que no se trata de una predicción sobre lo que necesariamente ocurrirá. El estudio refleja las consecuencias económicas que podrían derivarse de distintos niveles de capacidad, adopción y autonomía de la IA. En el escenario intermedio, por ejemplo, la economía crecería aproximadamente al doble de su ritmo habitual, mientras que los salarios de los trabajadores del conocimiento permanecerían prácticamente estancados. En el extremo, esos salarios caerían más de 10% hacia 2030.

Qué es la renta básica universal
La renta o ingreso básico universal parte de una idea sencilla: que todas las personas reciban periódicamente una suma de dinero, sin necesidad de demostrar que están desempleadas, que tienen bajos ingresos o que cumplen determinadas condiciones.
La característica que la diferencia de una asistencia social tradicional es justamente su universalidad. No se trata de un subsidio destinado exclusivamente a quienes se encuentran en situación de pobreza, sino de un ingreso que alcanza a toda la población y que no desaparece cuando una persona consigue trabajo.
La definición utilizada por la Basic Income Earth Network (BIEN, por sus siglas en inglés) contempla un pago periódico en efectivo, individual, universal e incondicional, sin exigir una contraprestación laboral ni una determinada situación económica. El objetivo es garantizar un piso de ingresos que permita cubrir necesidades básicas, mientras cada persona mantiene la posibilidad de trabajar y obtener ingresos adicionales.
La discusión sobre su financiamiento, sin embargo, es central. Una renta suficientemente elevada para cubrir las necesidades básicas de toda una población requeriría recursos fiscales importantes. Históricamente, ese fue uno de los principales obstáculos para llevar la propuesta a gran escala.
La hipótesis que introduce la inteligencia artificial modifica parcialmente esa ecuación: si la tecnología genera un salto extraordinario de productividad, podría existir mucha más riqueza para distribuir. La pregunta pasa entonces a ser quién se apropia de esa productividad y mediante qué mecanismos se redistribuye.
Elon Musk y la idea de un ingreso universal
Decir que Elon Musk es un ferviente defensor del avance tecnológico es una obviedad, pero incluso él viene planteando desde hace años que la inteligencia artificial puede desencadenar un desastre social. En 2017 ya advertía sobre la posibilidad de un “desempleo masivo” provocado por la automatización y sostenía que sería necesario algún tipo de ingreso universal frente a un escenario en el que cada vez menos trabajos quedaran fuera del alcance de los robots.
En abril de 2026 volvió sobre la idea, aunque utilizó una denominación diferente: “ingreso alto universal”. En una entrevista con Forbes, Musk planteó que el Gobierno debería enviar cheques a la población para compensar el impacto de la automatización. Su argumento parte de una hipótesis: si la producción de bienes y servicios impulsada por la IA y la robótica aumenta más rápido que la oferta monetaria, la expansión de los ingresos no necesariamente tendría que traducirse en una aceleración de la inflación.
La propuesta tiene una particularidad: no parte necesariamente de una crítica al capitalismo o a la tecnología, sino de asumir que la automatización puede generar una abundancia económica tan grande que el problema central pasaría a ser cómo distribuirla.
En otras palabras, para este enfoque la renta universal no sería solamente una política contra la pobreza. Podría convertirse en un mecanismo para repartir parte de los beneficios producidos por una economía cada vez más automatizada.

La advertencia de Harari
El historiador Yuval Noah Harari llegó a una preocupación similar desde otro punto de partida. En sus trabajos sobre el futuro del empleo planteó la posibilidad de que la automatización genere una población que no solamente esté desempleada, sino que tenga dificultades estructurales para volver a insertarse en el mercado laboral.
Harari mencionó a la renta básica universal como una de las alternativas posibles frente a ese escenario, pero su posición es más matizada. Cuestiona el concepto de “universal”, porque una política financiada y administrada por cada Estado sería, en realidad, nacional, mientras que el problema provocado por una tecnología global tendría alcance internacional.
Además, planteó una cuestión que va más allá del ingreso. Si el trabajo deja de ser el principal mecanismo mediante el cual las personas obtienen ingresos, reconocimiento social y sentido de pertenencia, una transferencia de dinero podría resolver una parte del problema, pero no necesariamente todas sus consecuencias.
El FMI también empieza a mirar ese escenario
El Fondo Monetario Internacional también viene analizando el impacto de la inteligencia artificial sobre el crecimiento y el empleo.
En 2024, el organismo internacional estimó que casi el 40% de los empleos a nivel mundial estaba expuesto a la IA. En las economías avanzadas, la exposición podía alcanzar aproximadamente al 60%. El organismo distinguió, sin embargo, entre empleos que serían complementados por la tecnología y aquellos en los que la IA podría reducir la demanda de trabajo.
En abril de 2026, un nuevo documento del FMI llevó el análisis hacia escenarios más disruptivos. El organismo señaló que una rápida difusión de la IA podría erosionar la base tributaria vinculada al empleo, al mismo tiempo que aumentaría la necesidad de gasto social. Si los sistemas de protección dependen demasiado de tener un empleo formal, podrían perder efectividad en un contexto de desplazamiento laboral.
En su documento plantea la necesidad de desacoplar parcialmente la protección social de la situación laboral y señala que, en escenarios más extremos, podrían aumentar las presiones para implementar mecanismos amplios de apoyo a los ingresos, incluidos programas del tipo renta básica universal.
El FMI no propone una renta universal como solución única, sino que su análisis incluye también capacitación, adaptación del mercado laboral, inversión pública, fortalecimiento de los sistemas tributarios y políticas para evitar una concentración excesiva de los beneficios de la IA.

La gran pregunta: quién se queda con la productividad
La renta universal aparece entonces como una de las posibles respuestas a un problema distributivo mucho más amplio.
Si una empresa reemplaza trabajadores por sistemas de IA, puede reducir costos y aumentar su productividad. Si esa mayor productividad se traduce en mayores ganancias para los propietarios del capital, mientras una parte de los trabajadores pierde ingresos, la economía puede crecer al mismo tiempo que aumenta la desigualdad. Ese es uno de los resultados que Anthropic intenta poner sobre la mesa: una economía puede hacerse mucho más grande sin que los trabajadores reciban proporcionalmente una parte mayor de esa riqueza.
Frente a este panorama, y ante esta perspectiva, Musk defiende un ingreso universal. Sin embargo, otros referentes tecnológicos cuestionan esta idea y plantean que el foco debería estar en preservar la capacidad de las personas para trabajar, crear y producir.

La idea de una renta universal no es solamente una discusión acerca de cuánto dinero debería recibir cada persona. Es una discusión sobre cómo se repartirá la riqueza en una economía donde la principal fuente de crecimiento podría dejar de ser el trabajo humano.
La pregunta decisiva no será si la IA va a reemplazar al trabajador, sino qué hará la sociedad cuando ya no necesite de todos sus trabajadores para producir la riqueza que necesita. Si esa riqueza puede distribuirse, la automatización podría liberar a millones de personas de la obligación de trabajar para sobrevivir. Si queda concentrada, la misma tecnología que promete una era de abundancia podría terminar creando una sociedad dividida entre quienes poseen las máquinas y quienes ya no tienen nada que ofrecerles.
El verdadero experimento de la inteligencia artificial, entonces, no será solamente tecnológico. Será humano.
RM/EO










