Brasil volvió a funcionar como espejo de la política argentina. La primera vuelta de las elecciones presidenciales dejó al presidente Luiz Inacio Lula da Silva y a Flavio Bolsonaro como los dos candidatos que competirán por la Presidencia en el balotaje del 25 de octubre. El resultado adelantó una polarización propia de la segunda vuelta con un resultado peor que el esperado para el líder del PT. Ese movimiento es seguido con atención en la Argentina, donde la elección del país vecino profundizó la discusión sobre el escenario de 2027. El interrogante es si la próxima presidencial puede quedar organizada alrededor de una disputa polarizada entre dos sectores y, en ese caso, si las fuerzas que se ubican fuera del oficialismo tendrán que hacer una alianza anti Javier Milei.
En ese contexto recobró otra fuerza la propuesta de Martín Lousteau. El extitular del Comité Nacional de la UCR y actual diputado de Provincias Unidas planteó construir una “gran coalición” opositora para enfrentar al libertario. Pidió que la convocatoria atraviese las fronteras partidarias tradicionales. En su esquema entrarían desde sectores del PRO hasta Myriam Bregman, Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kicillof.
“Hay que juntarse todos contra Milei”, sostuvo Lousteau en una entrevista con Cenital. Y cuando le preguntaron específicamente por Bregman, Cristina y Kicillof, respondió: “A todos”. La idea no es que esos dirigentes compartan necesariamente un mismo programa político, sino que puedan coordinarse alrededor de una serie de consensos básicos para construir una alternativa electoral.

La propuesta tiene además una condición para definir quién debería encabezar ese eventual frente. Lousteau planteó que no debería resolverse por antigüedad, estructura partidaria o identidad ideológica, sino por capacidad electoral: “Para mí tendría que mandar el que tenga más chance de ganar”, afirmó.
La discusión, sin embargo, encontró rápidamente límites. Desde la UCR, Karina Banfi rechazó la posibilidad de una alianza con el kirchnerismo y sostuvo que los radicales no acompañarían esa iniciativa. Desde el PRO, Waldo Wolff también tomó distancia y afirmó que su partido no irá “ni con el kirchnerismo ni con los troskos”. La respuesta muestra que la dificultad de una coalición semejante no está solamente en sumar dirigentes, sino en establecer hasta dónde pueden extenderse sus fronteras.
Sin embargo, casi en simultáneo, desde el espacio de Axel Kicillof apareció una reflexión que parte desde el peronismo pero llega a una conclusión similar sobre la necesidad de ampliar. Carlos Bianco analizó el resultado brasileño y sostuvo que la Argentina probablemente atraviese en 2027 un escenario de polarización comparable. “Son tiempos de polarización; las sociedades están polarizadas y me animo a decir que es lo que va a pasar el año que viene en Argentina. No veo espacio para terceras fuerzas”, afirmó.

Pero Bianco no planteó que esa polarización deba resolverse exclusivamente alrededor del peronismo. Por el contrario, defendió la ampliación del Movimiento Derecho al Futuro, el espacio que conduce Kicillof, hacia sectores que estén por fuera de las estructuras tradicionales del PJ. “Cuando con el gobernador decidimos lanzar una línea propia dentro del peronismo, lo llamamos movimiento y eso implica incluir distintas vertientes, no tiene línea ideológica pura, es un paraguas”, explicó. Y dejó una definición que dialoga directamente con la discusión que abrió Lousteau: “Para ganar una elección, como nosotros queremos, con la pureza ideológica no alcanza”.

La diferencia está en el perímetro. Lousteau imagina una coalición que podría abarcar desde la izquierda hasta sectores del PRO, pasando por el radicalismo y el peronismo. Una suerte de «cordón sanitario» a la europea contra Milei. Bianco habla de ampliar el espacio kicillofista más allá del peronismo, pero dentro de un universo que comparta determinados consensos. No es el mismo proyecto político, aunque ambos planteos colocan sobre la mesa la misma cuestión: cómo construir una mayoría cuando las identidades partidarias no alcanzan por sí solas.
La experiencia brasileña muestra, además, que la polarización no elimina las diferencias entre quienes quedan obligados a tomar partido. Los candidatos que llegaron a la segunda vuelta necesitan ampliar sus apoyos, pero esos respaldos pueden venir acompañados de negociaciones, condiciones y límites.

En ese sentido, Brasil ofrece un escenario para observar antes de que Argentina entre de lleno en su propio proceso electoral. La primera vuelta mostró una disputa concentrada entre Lula y Bolsonaro y un fortalecimiento importante del espacio bolsonarista en el Congreso. El Partido Liberal obtuvo 28 bancas en el Senado y 121 en Diputados, de acuerdo con los resultados informados tras la elección.
Lousteau incluso contó que trabaja en la organización de un encuentro para este año con dirigentes y especialistas extranjeros que participaron de experiencias de construcción de coaliciones amplias en distintos países. Mencionó Francia, Hungría y Brasil como algunos de los casos que pretende estudiar.

Lula consiguió ese resultado recién luego de agrupar a gran parte de los dirigentes de centro y centro derecha que incluso en el pasado se ubicaban en la oposición del petismo y lo enfrentaron en elecciones pasadas.
Todavía no existe una respuesta. Pero la coincidencia temporal entre el debate que abrió Brasil y las intervenciones de Lousteau y Bianco muestra que la discusión ya comenzó. Así principal disputa opositora podría no ser solamente quién será candidato, sino quiénes estarán dispuestos a compartir el mismo espacio para enfrentar a Milei.
AL/CM










