Pese a una mejora marginal impulsada por la baja de tasas y el leve freno inflacionario de agosto, la elevada morosidad refleja un ahogamiento estructural de los hogares. En paralelo, el sector productivo padece el estrangulamiento de la cadena de pagos y casi 59.000 compañías ya registran irregularidades bancarias.
El sistema financiero registró en agosto un modesto alivio marginal en la tasa de morosidad de las familias, aunque los indicadores continúan en niveles alarmantes. Cedió 0,13%, al 12,8%, según los últimos datos oficiales del Banco Central (BCRA). Este ligero retroceso en la irregularidad del crédito al sector privado residencial esconde una brecha crítica: en los préstamos personales el incumplimiento se sostiene cerca del 17%, mientras que la refinanciación de saldos de tarjetas de crédito sigue operando como un paliativo desesperado para amortiguar la erosión del poder adquisitivo.
La contención momentánea en el margen de incobrabilidad no altera la tendencia de fondo que atraviesan los asalariados y la clase media. Con ingresos congelados o reajustados por debajo de los costos de la canasta básica, el recurrente financiamiento para compras de primera necesidad —como alimentos y medicamentos— transformó la deuda corriente en una bola de nieve difícil de saldar. Si bien la flexibilización de tasas promovida por la autoridad monetaria otorgó un respiro transitorio a las carteras bancarias, los analistas coinciden en que el riesgo crediticio de los hogares sigue siendo de vulnerabilidad alta ante cualquier fluctuación del empleo o de los precios de los servicios esenciales.
La tensión que golpea el consumo de los hogares se trasladó de manera directa al entramado corporativo. En septiembre, un total de 58.982 empresas registraron severas dificultades para afrontar sus compromisos con el sistema bancario, lo que representa un salto del 53% en comparación con el mismo mes del año anterior. En solo treinta días, otras 1.937 firmas cayeron en situación irregular, exponiendo el severo estresamiento de la cadena de pagos en un contexto signado por las altas tasas reales de financiamiento y el desplome generalizado de las ventas.

Este deterioro acelerado en el tejido PyME coincide con indicadores de riesgo crediticio en niveles críticamente bajos dentro del sector privado. Aunque ciertas categorías mostraron variaciones mensuales acotadas, la combinación de caída de facturación y encarecimiento de la asistencia crediticia está arrastrando a miles de medianas y pequeñas unidades productivas a un callejón sin salida, imposibilitadas de cubrir descubiertos o liquidar cheques de pago diferido.
Ahogo en el Palacio de Hacienda: Caputo necesita U$S 5.000 millones adicionales
En los pasillos del Palacio de Hacienda se intensificó la búsqueda de divisas para cerrar el programa financiero de cara a los exigentes compromisos de deuda externa de los próximos ejercicios. Se estima que el bache que tiene el ministro de Economía, Luis Caputo, es de al menos U$S 5.000 millones adicionales para garantizar los pagos sin romper el esquema cambiario.
La urgencia por conseguir divisas frescas llevó al equipo económico a tantear diversas alternativas de financiamiento multilateral y acuerdos bilaterales, en un contexto donde el acceso a los mercados internacionales permanece acotado por los elevados niveles de riesgo país. Esta necesidad de divisas para cumplir con los vencimientos expone la fragilidad de un programa que depende de un constante ingreso de dólares para sostener la estabilidad cambiaria y la brecha financiera.

Con este déficit proyectado, el margen de maniobra del Ministerio de Economía se vuelve cada vez más estrecho. La presión por cerrar la brecha financiera condiciona la política monetaria y cambiaria, obligando al Palacio de Hacienda a priorizar la acumulación de divisas sobre la reactivación del mercado interno y la generación de liquidez para los sectores productivos.
La Argentina que Milei intenta venderle al mundo, lejos de la realidad
La crudeza de los indicadores financieros e industriales expone la amplia brecha existente entre la narrativa oficial del Gobierno nacional y la dinámica diaria de la economía real, como explicó Manuel Mandelman. En sus constantes giras internacionales y discursos ante foros financieros globales, la administración de Javier Milei insiste en proyectar un país con equilibrio fiscal consolidado y una supuesta reactivación en marcha. No obstante, la parálisis de los centros de consumo y el ahogo de las unidades productivas demuestran que el ajuste macroeconómico se está sosteniendo a costa del estrangulamiento de los sectores que generan empleo.
El relato libertario contrasta fuertemente con el panorama que describen comerciantes, industriales y familias endeudadas. Mientras la Casa Rosada busca seducir al capital extranjero con esquemas de flexibilización y beneficios impositivos, la microeconomía doméstica opera al borde del colapso. Con vencimientos de deuda soberana de magnitud en el horizonte y un mercado interno golpeado por la pérdida de competitividad, la desconexión entre la agenda que el Presidente exporta al exterior y el deterioro cotidiano de la ciudadanía es cada día más evidente.








