La carne vacuna, un emblema de la mesa argentina, atraviesa una crisis de consumo que expone el deterioro del poder adquisitivo durante el gobierno de Javier Milei. En septiembre, el consumo por habitante cayó a 45,4 kilos anuales, el registro más bajo en los últimos 20 años, mientras crecen las exportaciones y los precios de los principales cortes vuelven a superar la inflación.
Según el último informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), el consumo per cápita retrocedió un 10,5% interanual. En términos concretos, cada argentino consume 5,3 kilos menos de carne vacuna al año que en septiembre de 2025. En 2008, el promedio había alcanzado los 68,9 kilos por habitante.
La tendencia se profundizó durante la actual gestión. En septiembre de 2023, antes de la llegada de Milei a la Casa Rosada, el consumo rondaba los 53,8 kilos anuales por habitante. Tres años después, el indicador se ubica más de ocho kilos por debajo de aquel nivel.
El retroceso también se refleja en el volumen destinado al mercado interno. Entre enero y septiembre de 2026, el consumo aparente de carne vacuna alcanzó 1,535 millones de toneladas res con hueso, una caída del 11,7% frente al mismo período del año pasado. La producción, por su parte, se redujo un 6,6%.

Menos carne en la mesa y más exportaciones
La dinámica del sector muestra una paradoja: mientras los argentinos reducen el consumo de carne vacuna, el negocio exportador gana protagonismo. En los primeros nueve meses de 2026, las ventas al exterior crecieron un 7,7%, hasta alcanzar las 667.300 toneladas res con hueso.
De esta manera, la participación del mercado interno sobre la producción total cayó al 69,7%, cuatro puntos porcentuales menos que un año atrás. En paralelo, la proporción destinada a la exportación aumentó del 26,3% al 30,3%.
El cambio de orientación comercial se produce en un contexto de oportunidades para los frigoríficos argentinos, impulsadas por la demanda internacional y la ampliación del acceso al mercado estadounidense. China continúa como uno de los principales destinos, aunque Estados Unidos ganó participación durante el año.
A esto se suma una menor disponibilidad de hacienda: en el último mes se faenaron 1,045 millones de cabezas, un 11% menos que en igual mes de 2025 y el nivel más bajo para ese mes en ocho años.

Los precios de la carne corren por encima de la inflación
El encarecimiento de los cortes es otro factor central para explicar el retroceso del consumo. De acuerdo con los datos citados por CICCRA, los cortes vacunos aumentaron un 50,1% interanual, mientras que el nivel general de precios avanzó un 33,5%.
La diferencia golpea directamente el presupuesto familiar. La carne vacuna se encareció frente a la carne de pollo y de cerdo y obliga a los consumidores a modificar sus hábitos de compra, reducir las cantidades o reemplazar algunos cortes por alternativas más económicas.
En ese sentido, el pollo y el cerdo aparecen entre las opciones para sostener el consumo de proteínas sin afrontar el costo de la carne vacuna. La sustitución no es nueva, pero se consolida en un escenario en el que el precio relativo de los alimentos condiciona cada vez más las decisiones de los hogares. En 2025, el consumo de carne porcina había alcanzado un récord de 18,9 kilos por habitante al año, con un crecimiento del 8,4% respecto de 2024.

Una señal del deterioro del consumo interno
El derrumbe de la carne vacuna se suma a las dificultades que enfrentan los hogares para sostener sus gastos cotidianos. Con ingresos que pierden capacidad de compra frente a determinados precios, el consumo se ajusta incluso en productos que durante décadas formaron parte central de la alimentación argentina.
El sector ganadero, a su vez, atraviesa una transformación marcada por la búsqueda de mercados externos, los cambios en los precios internacionales y una menor oferta de animales para faena. La recuperación de la rentabilidad exportadora no se traduce automáticamente en una mejora del acceso de los consumidores locales.
El dato de 45,4 kilos por habitante muestra una de las consecuencias más visibles de la pérdida de poder adquisitivo: comer carne vacuna, un símbolo histórico de la mesa argentina, resulta cada vez más difícil para miles de familias.
RM/EO










