El tsunami que irrumpió en las elecciones de EE.UU. no sólo derrumbó a Donald Trump. La ola trajo una potencia que vino desde lo bajo y rompió algo que, a veces, parece indestructible. Junto al experimento de extrema derecha, lo que se quebró el pasado martes fue el techo de cristal. Las mujeres lo hicieron. Junto a las minorías y las diversidades, fueron las grandes protagonistas del triunfo demócrata que le puso un límite a la barbarie de la Potencia, con posibles derrames para los proyectos genuflexos del Naranja, como Javier Milei.
Juliana Stratton y Tammy Duckworth hicieron historia en Illinois y lo transformaron en el primer estado representado por dos senadoras de color. Gina Hinojosa se convirtió en la primera mujer hispana electa para gobernar Texas. Ohio será gobernada por primera vez por una mujer tras el triunfo de Amy Acton.
Peggy Flanagan, fue la más votada en Minnesota y será la primera mujer indígena en el Senado de EE.UU. Deb Haaland será la primera mujer indígena en gobernar el estado de Nuevo México. Keisha Lance Bottoms será la primera mujer negra gobernadora de Georgia en toda la historia de EE.UU.

Es un dato ya conocido que las mujeres fueron las que menos respaldaron las opciones de extrema derecha en todo el continente. Trump, Milei, Bolsonaro, por ejemplo, fueron votados mayoritariamente por varones. Lo novedoso de esta elección es que, además de haber rechazado en casi un 60% al Partido Republicano en las urnas, las mujeres se sometieron a la voluntad popular y ganaron. Es decir, las mujeres fueron protagonistas decisivas en las boletas y en las urnas.

Según la encuesta a boca de urna nacional de NBC News, las mujeres votaron a los demócratas 59% a 40%, un margen de 19 puntos, mientras que los hombres se dividieron casi en partes iguales, 50% a 48%. Las mujeres fueron además el 53% del electorado, contra 47% de varones. Se trata de la mejor marca demócrata entre mujeres desde la primera elección de medio término de Trump. A su vez, los demócratas ganaron el voto masculino por primera vez desde 2008.
El dato sobresaliente es que entre el electorado independientes, las mujeres votaron abrumadoramente al partido demócrata 63% a 34%, y los hombres independientes 54% a 42%.

Un espejo para Argentina
El espejo para la Argentina es tan grande que a esta altura de las circunstancias es insólito que el peronismo no se vea reflejado en él. ¿Cómo es posible que en las fotos de las reuniones de PJ no haya una sola mujer? ¿Qué mujer, además de Cristina Kirchner, está siendo ponderada dentro de las filas del peronismo de cara a la elección presidencial del año que viene? ¿Qué propone el peronismo para el electorado volátil femenino que no quieren a Milei?

Y el problema no es solo la foto. El problema es la anulación de la mirada de género y, por lo tanto, de los discursos destinados a ese segmento que será gravitatorio para inclinar el resultado. Las mujeres pueden ser el vehículo para la derrota de Javier Milei en 2027 y el peronismo no lo está viendo.
La última encuesta nacional de la consultora Zentrix muestra una brecha de género que atraviesa de lleno la imagen de Javier Milei. Mientras el 49,9% de los hombres tiene una imagen negativa del presidente de la Nación, esa cifra sube exponencialmente al 62,5% entre las mujeres. Doce puntos más.
Otro trabajo de la consultora Zubán Córdoba da cuenta de la mayor desaprobación del gobierno nacional por parte de las mujeres. Un 62.5% del electorado femenino rechaza la gestión frente a un 37.5% de varones que la desaprueban. El estudio indagó sobre las emociones que traviesan hombres y mujeres a partir de la situación socioeconómica. Solo el 1,1% de ellas dice sentir alegría. El enojo, la ira y la tristeza rondan el 30%, dos o tres puntos por encima de los varones.
La explicación del rechazo femenino no sólo está en la diatriba machista y misógina de La Libertad Avanza, sino en las políticas de ajuste que perjudicaron estos casi tres años de gestión, sobre todo a las mujeres. Madres, jefas de hogar, maestras, cuidadoras de niños/as con discapacidad y sigue la lista. Son ellas las que le ponen el cuerpo -cuándo no- a la motosierra. Desde diciembre de 2023, se eliminaron o se desfinanciaron 48 de las 50 políticas públicas nacionales de cuidado. Como advierte la organización La Cocina de los Cuidados, el Estado trasladó casi por completo la carga a los hogares al ámbito privado y, por lo tanto, a las mujeres. A las que paran la olla, a las que trabajan por hora limpiando casas, a las que perdieron la posibilidad de estudiar porque ya no alcanza con un solo empleo para llegar a fin de mes.

La pregunta insoslayable es quién le está hablando a este sujeto social. ¿Quién interpela a esas mujeres víctimas de las políticas de Milei? ¿Quién las visibiliza? Hoy, el peronismo está claro que no. Y es un error que le puede costar la elección.
Lo dicho: las últimas fotos del PJ no incluyeron mujeres. A tal punto que la diputada Victoria Tolosa Paz salió al cruce de los varones que estuvieron en la cumbre para la unidad del pasado 23 de octubre en la Casa de la provincia de La Pampa. Las siguientes reuniones tampoco las incluyeron. Nadie parece haber escuchado. El retroceso es evidente. No es solo una imagen en una foto, es una representación que falta y un electorado que deja de estar representado y al que nadie le está hablando en forma directa.
Ser mujer en política no es un cupo, es una forma distinta de mirar el país.
Es la mirada que sostiene cuando todo se rompe. El peronismo lo entendió siempre porque nació con Evita, quien puso a las mujeres en el centro de la historia, y se hizo grande con Cristina, quien demostró que se puede gobernar con sensibilidad y con firmeza al mismo tiempo.
Prescindir de esa mirada hoy es un error histórico. Es renunciar a la empatía que cuida, pero también a la firmeza que no negocia la justicia social. La mujer peronista no pide permiso, organiza, construye comunidad, pone el cuerpo en el barrio, en la fábrica, en el Congreso. Después de tanto luchar por estar, después de tanto que conquistamos, volver atrás sería negar nuestra propia identidad.
Un peronismo sin mujeres es un peronismo sin pueblo.
— Victoria Tolosa Paz (@vtolosapaz) October 23, 2026
La masculinización del Poder no es un fenómeno novedoso, sin embargo se acrecentó desde el avance de la extrema derecha. Según un informe del centro de investigación Fundar titulado “¿Quién tiene el poder en las provincias argentinas? Un Índice de Género, Decisión y Representación, sólo ocho provincias tienen más del 30% de ministras mujeres. «En la Argentina, el 51,7% de las personas son mujeres y el 48,2%, hombres. Sin embargo, al frente de gobernaciones y municipios de todo el país las mujeres son apenas el 10%.».
Pero el punto a atender con urgencia no es solo la histórica dificultad de las mujeres de acceder a espacios de poder igual que los varones, sino que esa mayoría del electorado víctima directa del ajuste económico desaprueba la gestión de Milei en un 70%. Siete de cada diez mujeres no votarían por la reelección del Presidente. Es la llave que podría abrirle las puertas a la oposición para ganar en 2027. Pero no la ven. No nos ven. Para variar.
SC










