La Cámara de Diputados realizará este miércoles una sesión que, en los papeles, tiene un objetivo claro: avanzar con la reforma de la Ley de Glaciares. Pero en la práctica, el oficialismo ya activó un operativo de contención para evitar que el recinto se convierta en un campo de batalla por el escándalo que rodea a Manuel Adorni.
Con dictamen conseguido en un plenario tenso y atravesado por denuncias de lobby minero, el Gobierno llega al debate de este miércoles con un doble desafío: garantizar los votos para la ley y, al mismo tiempo, evitar que la oposición copte la sesión con cuestionamientos políticos y judiciales al jefe de Gabinete.
“Vamos a tratar de hacer una sesión razonable”, señalaron a La Pluma desde el entorno del presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, que tendrá la tarea de ordenar un recinto cruzado por tensiones que exceden el temario formal.
El plan: votar glaciares sin que todo sea Adorni
En La Libertad Avanza admiten que la sesión llega contaminada por el clima político. El caso Adorni —con nuevas revelaciones patrimoniales y una causa judicial en marcha— amenaza con colarse en cada intervención opositora.
La estrategia libertaria apunta a contener ese desborde. El horario de inicio (15 horas) y la intención de cerrar el debate cerca de la medianoche forman parte de ese cálculo: reducir el margen para intervenciones disruptivas y evitar que el tema escale.
Del otro lado, la oposición ya anticipó que no se limitará al temario. “Habrá apartamientos de reglamento por tema Adorni por pedidos de interpelación”, adelantó un legislador a La Pluma. A eso se sumarán planteos por el “no a la guerra” del peronismo y el socialismo y una batería de cuestiones de privilegio que se terminarán de definir en la reunión de Labor Parlamentaria.

Desde la izquierda fueron más directos. Anticiparon que impulsarán “todas las cuestiones de privilegio posibles”. El objetivo es instalar el caso en el recinto y convertir la sesión en una antesala del 29 de abril, cuando Adorni deba enfrentar su informe de gestión. «Si es que llega», agregó otro legislador de la oposición que espera con atención lo que mañana declare la escribana del jefe de Gabinete ante la Justicia. «Veremos ahí que tan complicado queda».
Un dictamen con tensión y denuncias de lobby
La sesión llega precedida por un plenario de comisiones que dejó expuesto el nivel de conflicto político alrededor de la reforma. El oficialismo logró reunir 37 firmas para el dictamen de mayoría, con apoyo del PRO, sectores de la UCR y aliados provinciales, mientras que la oposición presentó tres despachos de rechazo.
El debate arrancó con acusaciones cruzadas. Maximiliano Ferraro cuestionó la presencia del secretario de Minería y denunció un posible conflicto de intereses por sus vínculos con empresas del sector. También apuntó contra la “selectiva” lista de invitados, centrada en provincias con proyectos mineros.
GLACIARES: Piedra libre, que canten sus conflictos de interés.
Con la lista de invitados decidida hoy por las Comisiones de Recursos Naturales y Asuntos Constitucionales para dictaminar la reforma de la Ley de Glaciares quedó claro que acá no hay buena fe.
Convirtieron el… pic.twitter.com/rBchGZWq6a
— maxi ferraro 🎗️ (@maxiferraro) April 7, 2026
En la misma línea, legisladores de Unión por la Patria y de la izquierda denunciaron que el plenario funcionó como un espacio de lobby. “Las mineras y los funcionarios a sueldo de las mineras han tomado por asalto este plenario”, lanzó Romina Del Plá.
A ese clima se sumó un episodio que amplificó la tensión política. El presidente de la comisión de Asuntos Constitucionales, Nicolás Mayoraz, quedó en el centro de la polémica por un comentario captado con el micrófono abierto durante el debate, que generó rechazo inmediato de diputadas de distintos bloques.

Una sesión atravesada por la crisis política
Más allá del contenido de la ley, el clima que rodea la sesión anticipa un debate desbordado. La diputada Myriam Bregman ya marcó el tono al advertir que el Congreso no puede “fingir normalidad” en medio de los escándalos que atraviesan al Gobierno.
En la oposición creen que el recinto será el primer escenario para medir la temperatura política antes del informe de gestión de Adorni. En el oficialismo, en cambio, intentan que la sesión no se transforme en un plebiscito anticipado sobre el jefe de Gabinete.
La tensión ya está planteada. El desafío del Gobierno no será solo aprobar la reforma de glaciares. Será hacerlo sin que el debate derive en una sesión dominada por un tema que no figura en el orden del día, pero que atraviesa toda la discusión.






