En un contexto de deterioro del poder adquisitivo, aumento de la informalidad laboral y subas sostenidas en las cuotas de la medicina prepaga, cada vez más familias quedan fuera de los sistemas de cobertura de salud. Este escenario impacta de lleno en la infancia: las dificultades para sostener una afiliación o acceder a una obra social explican, en gran medida, por qué una proporción creciente de chicos depende exclusivamente del sistema público.
En Argentina, el 61,2% de los menores de 18 años no cuenta con prepaga, obra social ni mutual. Según el informe «Infancia en la Argentina: avances en la coyuntura, deudas estructurales (2010 2025)» realizado por Ianina Tuñon, investigadora del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, con la colaboración de de Valentina González Sisto, el dato correspondiente a 2025 es el más alto desde 2010. El déficit de cobertura constituye, además, uno de los indicadores más claros de la estratificación social: no solo refleja el acceso a servicios sanitarios, sino también el grado de formalidad laboral de los hogares.
Un análisis más detallado muestra que las desigualdades, lejos de reducirse, se profundizan. La brecha entre los sectores de menores y mayores ingresos es contundente. Nueve de cada diez menores de 17 años pertenecientes al nivel socioeconómico muy bajo no tienen cobertura médica. En el nivel bajo, la proporción desciende levemente a siete de cada diez. Recién a partir del nivel medio se observa una mejora significativa, con cinco de cada diez chicos sin cobertura. En el estrato medio alto, en tanto, la cifra cae a dos de cada diez.
La segmentación también se verifica según el estrato económico-ocupacional de los hogares. La falta de cobertura alcanza al 84,2% en el nivel bajo marginal y disminuye de forma progresiva a medida que mejora la inserción laboral, hasta llegar al 4,2% en el estrato medio profesional.
Durante la década de 2010, el déficit de cobertura de salud osciló entre el 45,2% (2011) y el 55,8% (2019), con un promedio cercano al 52%. Es decir, incluso en esos años, más de la mitad de los chicos en Argentina dependía exclusivamente del sistema público de salud. Ni los períodos de crecimiento económico (2010-2011) ni los de crisis (2018-2019) lograron modificar de manera sustancial ese piso estructural.
La desigualdad territorial refuerza este escenario. En la Ciudad de Buenos Aires, el 30,7% de los menores no tiene cobertura médica, mientras que en el conurbano bonaerense el porcentaje asciende al 68,8%. La brecha, de 38 puntos porcentuales, es una de las más elevadas de la serie y evidencia la fuerte segmentación en el acceso a la salud. Mientras en el conurbano más de dos de cada tres chicos dependen del sistema público, en la Ciudad lo hace uno de cada tres. Las otras áreas metropolitanas (61,4%) y el resto urbano del interior (53,5%) completan un mapa de marcada desigualdad geográfica.
El desafío es doble: por un lado, fortalecer el sistema público para garantizar una atención de calidad y equitativa para la mayoría de la infancia; por otro, revertir la pérdida de cobertura formal mediante políticas que promuevan el empleo registrado, la formalización laboral y el acceso a la seguridad social de los adultos responsables.
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