Para Javier Milei, las súplicas internas y externas para desprenderse de Manuel Adorni que ministros, funcionarios y referentes de su espacio esbozan en privado, y muchos dejan trascender a los medios, no tienen peso alguno. El presidente, ferviente defensor de los propios, está convencido de que su jefe de gabinete está siendo víctima de una operación periodística que tiene como objetivo final la desestabilización de su gobierno para forzarlo a dimitir. No importa cuántos testigos declaren, cuántos arreglos pomposos se registren, ni cuántas semanas se necesiten para crear una declaración jurada acorde: el líder libertario no le soltará la mano al favorito de su hermana.
Ésta mañana, el jefe de estado llegó a la Casa Rosada para mantener un encuentro con el presidente de la organización judía B’nai B’rith Internacional, Robert Spitzer. Junto a ellos estuvieron también el CEO de la entidad, Dany Mariaschin; la titular de su filial argentina, Susana Chalón; y el secretario de esa organización, Daniel Sporn, el presidente de la DAIA, Mauro Berenstein, el vicepresidente, Gabriel Salem, en una nueva muestra de cercanía para con la comunidad judía a la que el presidente no pertenece pero sí venera.

Por parte del gobierno, en tanto, participaron el ministro de Salud, Mario Lugones; el canciller Pablo Quirno y el jefe de gabinete. El encuentro se extendió por poco más de una hora pero, además del alineamiento con Israel, el cónclave dejó una nueva foto de apoyo del presidente a su ministro coordinador, con quien se dejó fotografiar estrechándole la mano con notable aprecio apenas horas después de las declaraciones del contratista Matías Tabar, quien ayer por la tarde afirmó bajo juramento ante el fiscal Gerardo Pollicita que el ex vocero le pagó USD 245.000 por arreglos en su casa del country Indio Cuá.

Cuando comenzó a conocerse el detalles de la declaración, dentro del gobierno se abroquelaron y los funcionarios dejaron de responder mensajes ante la sorpresa del caso. Pasadas las horas, y luego de estudiar con cuidado la estrategia, desde el oficialismo comenzaron a circular una versión unificada sobre los dichos del arquitecto. “Ese no es el monto. Seguramente vayamos a solicitar una pericia porque cualquiera que conozca mi casa sabe que no vale ese dinero”, dijeron ayer por la tarde desde el entorno del jefe de gabinete para intentar despejar la impresión que generó el estratosférico valor de la refacción.

En esta línea, en tanto, la misma fuente advirtió que “los costos nos parecen exagerados”, aunque reconocieron que cuentan con la “buena voluntad” del arquitecto, quien habría prometido entregar la factura por todos los costos y gastos realizados pero que, según denuncian en gobierno, “nunca la entregó”. Éstas declaraciones exponen cuál será la nueva -aunque nada moderna- estrategia que utilizará el oficialismo: desacreditar a todos aquellos que hablen contra el jefe de gabinete.
En este punto, desde el círculo de Adorni hicieron saber que, en caso que el contratista no pueda justificar su declaración en la justicia -que en caso de ser falsa, podría costarle una pena de seis años de prisión por falso testimonio-, no descartan denunciarlo. Un (otro) movimiento desesperado de un oficialismo paralizado desde dos meses por la imposibilidad de su primer fusible de justificar el crecimiento de un patrimonio que ni el mejor contador está logrando confeccionar. Éste, sin embargo, no es el único frente judicial abierto.

En un nuevo intento para volver a recuperar la agenda y tapar el sol con las manos, el gobierno finalmente denunció esta mañana al diputado nacional Rodolfo Tailhade por espionaje ilegal. La decisión del oficialismo, que dejaron trascender la semana pasada luego del informe de gestión, tiene como origen la interpelación que el diputado de Unión por la Patria le hizo al jefe de gabinete el miércoles pasado en el recinto, donde advirtió que tenía más información sobre la estrambótica vida que el funcionario y su esposa, Bettina Angeletti, mantienen desde su llegada a la gestión pública hace poco más de dos años atrás.
En el oficialismo juran que irán hasta las últimas consecuencias contra el legislador, a quien además acusan de tener vínculos con los sistemas de inteligencia nacional e internacional. Tailhade, por su parte, no sólo recoge el guante sino que además en las últimas horas redobló la apuesta. “La esposa de Adorni es maltratadora, la gente me llama y me cuenta cosas”, sostuvo en una entrevista en Radio Perfil.
Respecto a la denuncia en sí, el diputado afirmó que no está cometiendo ningún acto de espionaje ilegal puesto que la esposa del jefe de gabinete asiste a “sitios públicos desde los cuales la gente ve claramente que hay una señora que se baja en un auto oficial con dos guardaespaldas, que la cuidan, que llaman la atención.” En el oficialismo, por su parte, eligen evadir las consultas sobre este tema y sólo se limitan a advertir que todo será demostrado en la justicia. Mientras tanto, la dupla presidencial seguirá bancando al jefe de gabinete a como dé lugar.
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