Marcela Pagano entró al Congreso en diciembre de 2023 con La Libertad Avanza y en abril de 2024 protagonizó su primer cortocircuito: fue elegida por unanimidad para presidir la Comisión de Juicio Político, pero Martín Menem desconoció la sesión minutos antes de que empezara. El episodio le costó el cargo a Oscar Zago como jefe del bloque y marcó el inicio de una salida que Pagano transitó de manera gradual: primero votando diferenciado de su bloque, después cuestionando a Menem públicamente, después señalando al entorno de Milei y, por último, al propio jefe de Estado, cuya gestión acumula varias denuncias de la periodista. Hace poco, el Presidente la insultó en una entrevista en Neura. Ella siguió. Fue la primera en denunciar penalmente a Adorni y ahora pide una moción de censura para removerlo de su cargo, aunque lamenta que la oposición se haya demorado.
En esta entrevista con La Pluma, explica por qué cree que Adorni es «el cajero» del gobierno que no pueden sacarse de encima, de la pérdida de autoridad moral del gobierno, de Bullrich como futura presidenciable y de un peronismo que todavía no tiene candidato de síntesis. Y termina con una frase que resume su mirada: «Este gobierno está terminado. Se tiraron el tiro en los pies ellos mismos».
—Fuiste de las primeras en denunciar a Adorni y ahora pedís su moción de censura: ¿Por qué creés que debe dejar el cargo de jefe de Gabinete?
—En principio la demostración fáctica de que perdió absoluta credibilidad y confianza política: un jefe de gabinete debe sentarse en el recinto todos los meses, dar cuentas de la gestión, y en la última presentación le mintió a 257 diputados. Mintió en su última declaración, hay varios elementos que la Justicia tiene y que su propia declaración jurada arrojan que dan cuenta de esa mentira. Sumado, por supuesto, a la inmoralidad a la que nos está sometiendo este gobierno al sostener a un jefe de gabinete que se planta frente a cámara casi con orgullo diciendo que tuvo la picardía de haber escondido su patrimonio durante 25 años. Estamos hablando de un jefe de gabinete que confiesa un delito en cámara. Yo creo que es insostenible tener un funcionario de tamaña jerarquía confesando un ilícito, más allá de que las investigaciones son por otro tipo de maniobras todavía más preocupantes: estamos frente a un personaje que está siendo investigado por lavado de dinero, por dádivas, por el usufructo del poder para negociaciones incompatibles con sus deberes de funcionario. Por eso soy una de las firmantes del pedido de sesión de la semana que viene —aunque no estoy de acuerdo con la fecha, para mí habría que haberlo tratado antes. Mi expediente que se va a tratar dentro de un listado de otros pedidos es justamente la interpelación con la moción de censura. Considero que no puede seguir en el cargo.
—¿Por qué el gobierno de Milei lo sostiene? ¿Por qué insiste tanto?
—A medida que pasaron los días vi a un presidente mentirle a la gente diciendo que en apenas unas horas íbamos a tener la declaración jurada, que la senadora Patricia Bullrich había spoileado y se había adelantado con el pedido, y pasaron 36 días para que esa declaración jurada llegara. El presidente mintió porque dijo que la había visto esa declaración jurada. Y nunca la pudo haber visto porque evidentemente no estaba terminada, sino por una cuestión de costo político se hubiera presentado en la inmediatez que él mismo aseguró que iba a tener. Entonces me doy cuenta de que Adorni es parte de un entramado. Yo estoy convencida de que es el cajero, lo denuncié, y que sabe mucho. Es muy difícil sacarse a un cajero de tu propio gobierno de encima y por eso creo que en definitiva se lo sostuvo. Pero creo que el show al que pusieron en aprietos al presidente —ir a ovacionarlo al Congreso en esa misma sesión en donde Adorni miente, someter a todo el gabinete a esa exposición porque lo tuvieron que aplaudir de pie— no tengo dudas de que fue ideado por la propia Karina Milei, la secretaria general de la presidencia. Es un descalabro moral al que están sometiendo las instituciones. Y ya sostener a una persona que cometió delitos que son calamidades institucionales, a una persona que ha mentido sistemáticamente, al haberla ovacionado, al haberse puesto el presidente en primera persona como escudo a defenderlo, yo creo que esto va un poco más allá de Adorni. Esto marca un antes y un después. Estoy convencida de que esta etapa de gobierno ha culminado.
—Cuando te referís a «esta etapa», ¿a qué te referís? al gobierno le queda un año y medio más de gestión ¿Se deberían ir ahora?
—Yo creo que el gobierno arruinó su propio eslogan. Si hay algo por lo cual mucha gente lo votó sin tener la convicción de ser liberal es que fue un depósito de confianza, porque se vendía un gobierno que iba a ejecutar la moral como política de estado. Esa moral como política de estado se destruyó con esta situación. Primero te podría decir con lo de ANDIS, después con otros negociados de los Menem, que también fueron lapidando ese eslogan. Terminó siendo un eslogan, lamentablemente para mí, que lo milité. Al haberse destruido el relato, el gobierno se quedó sin norte. Y yo no sé cómo van a continuar porque esa pérdida de confianza no es solamente del círculo rojo —soy consciente de lo que opinan los mercados financieros o la mirada que tiene Estados Unidos, que es paupérrima de la proyección política futura de este gobierno— pero voy más allá: voy al ejemplo y a lo que le vendieron a la gente común que depositó el voto. Va a ser muy difícil que se paren de ahora en adelante frente a la gente y les exijan que paguen sus impuestos. Un gobierno que hizo quebrar 22.000 empresas, cuyo corazón productivo en la provincia donde yo vivo, la PYME, está destruida. Hay un industricidio de la PYME. ¿Con qué altura moral se van a parar y le van a pedir a la gente que cumpla con sus obligaciones? Cuando la persona que tiene que administrar el presupuesto dice frente a cámara que durante 25 años escondió su patrimonio del fisco. La degradación es absoluta. Y si este gobierno no sabe conducir el timón del barco, creo que la dirigencia política tiene que ponerse los pantalones y hacerlo. Para mí este gobierno está acabado. Lo que están haciendo nos está llevando como un Titanic hacia el iceberg, y encima aceleran. Esto se resolvía con lo que ellos mismos prometieron en campaña: funcionario sospechado de corrupción, funcionario que se aparta del cargo hasta tanto se dirima su inocencia. Eso les prometimos a la gente. No se hizo en este caso y no se hizo en ninguno. Solo en el caso de Spagnuolo lo apartaron. Entonces yo lo que considero es que el gobierno está terminado porque perdió credibilidad política y autoridad ética y moral. Y la perdió no porque alguien se la haya arrebatado, no porque haya un opositor que haya generado una desestabilización. Esto fue autoinfligido. Se tiraron el tiro en los pies ellos mismos. Porque cuando vos ponés de ejemplo el delito, ¿qué queda para el resto? Si habilitás que tu jefe de gabinete cometa un ilícito, los ilícitos se pueden multiplicar. El gobierno —quien ejecuta el Poder Ejecutivo— es el que tiene que dar ejemplo a la ciudadanía. Si el que da el ejemplo está embanderado detrás de los ilícitos, ¿qué podemos exigirle a la ciudadanía?
—Las críticas y denuncias que hacés apuntan a la corrupción, a la moral, a la credibilidad… pero el rumbo económico de Milei ¿te parece bien?
—Quiero aclarar algo primero. Por un lado el gobierno dice que el que evade es un héroe. Una cosa es decirlo cuando sos panelista de Intratables y otra cuando sos el presidente de la Nación. ¿Por qué? Porque el presidente tiene un presupuesto gracias a que los contribuyentes pagamos nuestros impuestos. Y ese pago es lo que sostiene la matriz social de la Argentina, los más vulnerables y las jubilaciones. Entonces eso es de la boca para afuera, porque internamente les preocupa: si no, no habrían mejorado las asignaciones a los más pobres ni las jubilaciones. Los planes sociales persisten y se aumentaron. Entonces, una cosa es lo que se dice para la tele y otra lo que se hace cuando ejercés el poder. Hay una contradicción absoluta. Ahora, sobre el plan: yo considero que no hubo nunca un plan económico. Estamos frente a un plan financiero que enriqueció a algunos pocos y tiró la deuda para más adelante. Es más fácil decir que llegaste a déficit fiscal cero si en realidad lo que hacés es postergar obligaciones. La obra pública que no hacés hoy ¿creés que mañana no la vas a tener que hacer? El bache que no arreglás hoy es un bachecito que cuesta X pesos. Pero en cinco años es la calle entera, porque se te agrietó toda. El costo de llegar a este capricho de achicar el gasto es que se achicó en partidas que no se deberían haber achicado nunca. Le están dejando una bomba a la próxima gestión. Su único apalancamiento es el endeudamiento con Estados Unidos, eso tiene un límite. Además, ni siquiera los más liberales —Cavallo, Cachanosky— dicen públicamente que esto es un modelo. Esto tampoco es liberalismo. Si fuera liberalismo no tendrías cepo cambiario, y lo tenés. Y tenés un presidente que en la apertura de sesiones de hace dos años dijo que íbamos a ir a un 0% de inflación y una dolarización. ¿Dónde está la dolarización? No se hizo porque no se contaba con los fondos. Se le mintió a la gente. Por eso desapareció el equipo que en teoría la iba a llevar adelante, y apareció el equipo de Caputo y Sturzenegger, que no estuvieron un solo día en la campaña.
—Hablando justamente del equipo de Macri: ahora la vemos a Bullrich diferenciarse cada vez más del gobierno. ¿Qué ves en sus movimientos?
—No tengo duda de que Patricia Bullrich va a ser candidata a presidente. No tengo dudas. Dentro del gabinete es la que mejor mide, por lo menos de las que están medidas. Y dentro de los dirigentes de derecha, me da la sensación de que es la que mejor mide hoy, porque no tiene una gestión previa. Lamentablemente, cuando uno tiene gestión previa tiene el castigo de esa gestión. Entonces yo no tengo dudas de que ella ni siquiera va a ir por la Ciudad, va a ir por la presidencia. No hablé con ella, no hablo con ella. Es una sensación casi de analista política. La diferenciación que está haciendo ahora sobre la situación con Adorni es una diferenciación moral necesaria. Yo en muchas cosas no estoy de acuerdo con su ideología política o con cómo lleva adelante algunas cuestiones, sobre todo lo que terminó en la lamentable situación del colega Pablo Grillo. Pero tengo que decir que aplaudo a cualquier dirigente que tenga el coraje de decir, más allá de las diferencias partidarias, tenemos que elevar la vara. Porque lo que estamos viendo es una degradación moral y ética de las instituciones nunca vista desde el retorno de la democracia. Bienvenida la diferenciación. También creo que habrá que ver qué pasa con Trump y con las elecciones de medio término en Estados Unidos, porque si se corta el financiamiento americano a este gobierno va a estar en problemas. Y no me sorprendería que desde allá miren con buenos ojos a otros candidatos para 2027, como puede ser Bullrich.
—Milei eligió a Estados Unidos e Israel como sus aliados: ¿la Argentina tiene que abrirse geopolíticamente a otros países?
—Por supuesto que lo creo. Tengo orgullo por mi patria y quiero lo mejor para el país. Eso implica hacer negociaciones y sentarse con cualquier país del mundo, porque Argentina necesita por todos lados negociar: necesita colocar sus productos, necesita capitalizar inversiones, pero en economía real, no en economía de timba financiera. Lo que planteo, y lo presenté en proyectos de ley, son políticas de Estado en donde se resguarde el recurso natural de la Argentina. Podés asociar una empresa argentina a otra de otra nacionalidad. ¿Por qué no podríamos asociarnos a los rusos, a los chinos? Que no se lleven todo, sino que se asocien con una empresa argentina que tenga su giro de dividendos, pero que el patrimonio y el recurso natural siempre sea de la Argentina. El problema es que este gobierno no quiere sentarse con nadie que no sea Israel o Estados Unidos. Y que yo sepa, Israel no depositó un mango en la Argentina.
—¿Ves en el peronismo a alguien que venga con una propuesta así?
—No estoy escuchando a ningún candidato del peronismo. El peronismo es muy amplio, es uno de los movimientos más importantes de la Argentina, es un fenómeno social único que no se replica en ningún otro lugar del mundo porque es de derecha y de izquierda a la vez. Hay multiplicidad de personas que se autocandidatean, pero no veo a nadie que diga «yo quiero ser presidente y tengo el apoyo de todos». Acá se necesita que toda la dirigencia tenga la humildad de calzarse los pantalones y no esperar a que la gente salga a la calle y tener estallidos como el del 2001. Esto hay que evitarlo. Y yo no veo esa madurez. Veo reacciones posteriores a los hechos, no anticipaciones. Incluso el caos que tuvimos en 2001 fue conducido por la política. Lo que temo es que ni siquiera haya un conductor si se pone caliente la calle. Por eso hago un llamado a todos los sectores: hay momentos en donde todos tenemos que unirnos y decir hasta acá, no bajemos más la vara porque lo que sigue es la barbarie.
—¿Te ves en 2027 ocupando alguna candidatura?
—El 2027 está muy difuso. Las internas de los propios partidos se terminaron comiendo los espacios, destruyendo a los dirigentes. Hoy es muy difícil hablar de una proyección porque yo me inicié en la política justamente por esa destrucción que implosionó desde los propios partidos. Para hablar de una renovación de mandato tendría que hablar de un proyecto, y yo no sé cuál es el proyecto que proponen ni de un lado ni del otro. Yo tengo mis propios proyectos, mis propias ideas, mis propias políticas de Estado que se presentaron en casi 300 proyectos de ley. No presento proyectos para declarar el día del alfajor de dulce de leche como hacen muchos diputados. Y cuando me siento a escribir, escribo políticas de Estado, porque considero que las políticas de Estado tienen que nacer del consenso de los colores políticos en el Parlamento. Si no, pasa lo que siempre pasa en Argentina: cambia el gobierno y se destruye todo lo hecho. Eso no pasa en Brasil, no pasa en Chile, no pasa en Paraguay. Nadie destruye y vuelve a construir cada cuatro años. Lo que necesita la Argentina es una propuesta de país, un modelo de país. Y hoy no veo a ningún dirigente político sentarse y decir este es el proyecto que tenemos y esta es la gente que lo va a llevar adelante. El Congreso se convirtió en una escribanía del Poder Ejecutivo, las comisiones no funcionan para debatir propuestas de políticas de Estado. Todo sale de manera exprés. Si ese es el nivel de la política de hoy, no es la política en la que yo quería participar. Yo lo que veo es que esto termina mal. Y si la dirigencia política no se pone los pantalones y agarra el timón, el barco va directo a hundirse. No hay que esperar a que la gente salga a la calle. Es la dirigencia política la que tiene la responsabilidad de evitar eso.
JD/CM






